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viernes, 20 de enero de 2017

ELLE. PAUL VERHOEVEN

                    

Dentro de la excelente selección cinéfila que oferta el XXI ciclo de cine en VOSE, se proyectó (con abundante público) la última y controvertida obra del holandés Paul Verhoeven, que regresa habitado de sus habituales polémicas. Con una retorcida carga de profundidad que; a tenor de las opiniones leídas; o no hemos visto la misma película; o no se han enterado de nada. A partir de aquí quienes no hayan visionado la última obra de Verhoeven, no deberían seguir leyendo. “Elle” llega con los torpedos agitadores de conciencias, habituales en el director, que despliega todos sus estilemas morales, toda su parafernalia destroyer y su poética ponzoñosa para adaptar la novela “Oh…” de Philippe Djian; el fenómeno “incotournable” de su generación. Verhoeven tiene una querencia particular por la provocación, por las psiques retorcidas, por atmósferas mórbidas. 
 

Además posee un corrosivo sentido del humor subversivo, para derrumbar las arquitecturas de lo políticamente correcto. En “Elle”, las sombras de Jung y de Freud son alargadas. Ya en la obra original no existía un propósito de moralizar, objetivo que toma el director con gusto del controvertido escritor cuyas obras nunca dejan indiferente, recolectando pasiones y animadversiones. Para Verhoeven este personaje amoral; de pasajes subterráneos y rincones oscuros en la mente; es un regalo para desplegar toda su artillería sediciosa. El escritor Philippe Djian ya fue adaptado al cine por el director Jean-Jacques Beineix, cuando su novela “37º2 le Matin”, se convirtió en la exitosa “Betty Blue”, con una extraordinaria partitura de Gabriel Yared. 


En 1986, de la mano de Yves Boisset llegó a la pantalla “Bleu Comme L´enfer”, otra negra adaptación de su universo. En “Betty Blue” ya encontrábamos el acercamiento una perturbación límite de la protagonista, que evoluciona hacia esquizofrenia catatónica. El personaje de Betty (cautivadora Beatrice Dalle) presenta síntomas de manual: agitación psicomotriz, tristeza, indiferencia, escaso control de los impulsos, que la convierten en un trastorno histriónico de la personalidad.
Para filmar “Elle”, Verhoeven se mimetiza con el estilo fílmico francés y utiliza París como decorado de la enfermiza trama. Cámara en mano se convierte en escriba del devenir enfermizo de los personajes. El lenguaje crudo, sin rodeos del escritor galo, es un reflejo de las vivencias de sus personajes, basados en datos reales. 

Philippe Djian utiliza un habla vulgar, cotidiana, coloquial. Hay reminiscencias de la novela norteamericana y el “hard boiled,” en su escritura, sus climas oníricos, anegados en océanos de alcohol, sus desiertos urbanos al modo de Wenders, (absorbiendo a James Cain y su negrura) envueltos en un clima de existencialismo desesperanzado y trufado de diversas referencias literarias o míticas. El uso de coloquialismos dificulta la traducción. También la obstaculizan el uso de contrasentidos o frases hechas, las paronimias (palabras similares fonéticamente), los “falsos amigos” y las expresiones idiomáticas.


 Estos escollos; junto a la utilización por parte del traductor de eufemismos castellanos para velar la dureza del vocablo galo original; constituyen el “corpus” para las traslaciones a nuestro idioma de la obra del escritor gabacho. El film no refleja léxicamente su estilo; que alcanza su límite de vulgaridad en “Por qué no un Porno?, con descripciones de literatura pulp o explotaition o narraciones sin capítulos (en el caso de “Oh…”). En ocasiones se precisa de un diccionario especializado en argot para comprender los textos. Por otro lado el personaje de Michèle (formidable Isabelle Huppert) es pintado con rasgos mucho más patológicos, que la reivindicativa propuesta de rechazo del status quo e independencia que escribiera para la protagonista original literaria.

 El guión nos adentra en tierra prohibida. Lo que en “Betty Blue” constituía una intensa carga erótica, en “Elle” es una dependencia patológica. El juego cromático de tonos azulados y rosáceos de la historia de “amor fou” que se utilizaba en aquella, se transforma en una paleta apagada y ocre en este desquiciado universo habitado por Isabelle Huppert. Y es que la hembra fatal de “Elle”, mantis religiosa y desestabilizadora, es la más intensa de las protagonistas de Philippe Djian.
“Blue Comme L´Enfer” se ha convertido con el tiempo en un título de culto, de atmósfera oscura. Una road movie perversa bajo un cielo azul. Básicamente la paleta filmográfica de Verhoeven maneja el tornasol del exceso, la deshumanización de personajes y la pincelada de la controversia moral. Incluso en productos aparentemente más comerciales como “Desafío Total” o “Robocop” el rosario de traiciones, inmoralidades y sevicias, es la denominación de origen.



En el “El Libro Negro” (por otra parte mi obra favorita del autor) gravita la posibilidad de que no todos sean lo que parecen. Una vez más la ambigüedad, la vuelta de tuerca que derrumba lo políticamente correcto, mixturada con todas las señas de identidad de su etapa holandesa y añadiendo el conocimiento adquirido sobre el espectáculo en EEUU, 




En “Los señores del Acero” el holandés se pasea de la mano de la ultraviolencia por una Edad Media oscura, bizarra, amoral y obscena, donde uno de los mercenarios ofrece a una dama un alimento que no se encuentra en los estantes de ninguna tienda. En este film, el personaje más miserable resulta ser la; aparentemente ingenua víctima; recreada “cum laude” por la actriz J. Jason Leigh. Algo impensable en producciones teñidas de romanticismo naif como “Ivanhoe”, “El Talismán” o “El Príncipe Valiente, pongo por caso. Con la destroyer “Showgirl”, el director da carpetazo al sueño americano con un esforzado ejercicio sobre la vulgaridad, la tosquedad y el inframundo del “lap dance” que supuso la debacle para Elizabeth Berkley (después recuperada en CSI Miami), y para todo el elenco que protagonizó esta versión explotaition de “Eva al Desnudo” en clave de erotismo kitsch, hoy convertida (misteriosamente) en obra de culto.
En “El Cuarto Hombre”, el neerlandés y su guionista alteraron algunos pasajes de la novela de de Gerard Reve. Deudora de la visión hitchcokiana del sexo, y llena de símbolos e imaginería inteligentemente dispuestos para despistar al espectador. Una narración en clave onírica y rocambolesca, con paleta de vivos colores y aires de pesadilla feérica, que constituye el culmen de las obsesiones lúbricas y místicas del autor. Tal vez su mejor aportación al cine.

 

Hupper nos regala la interpretación ambigua, majestuosa e incendiaria de una psicópata de manual. Escucharla en el idioma de Sade (pongo por caso), Sartre o el trasgresor Bataille, aparte de ser una delicia, no deja de tener cierta ironía. “Elle” es un catálogo antropológico, en clave pulp, de taras mentales y conductas asociales. Verhoeven realiza una maniqueísta división entre bobos y alienados. Un padre que parece no ser consciente de que su hijo es de raza negra (en la novela es hijo de un traficante que cumple condena), una esposa (Josie), interpretada con soltura por Alice Isaaz (Doce Veneno, Rosalie Blue), que padece trastorno límite de la personalidad. Una abuela recreada por Anne Consigny (La Escafandra y la Mariposa) que padece paradoxia, experimentando deseo por efebos a los que cuadruplica la edad. Un narcisista diseñador de videojuegos hentai. Michèle carece de empatía, actúa casi sin conciencia y con frialdad afectiva. Es una depredadora que le da a todos los palos de la baraja parafílica. Observa con prismáticos al vecino mientras se consuela, fantasea con ser golpeada y humillada (y lo lleva a la práctica), comparte el fetichismo de la máscara. Quizás sobra la excusa sicoanalítica de introducir un padre que es un serial killer, para justificar freudianamente las andanzas de Michèle. En este particular el guión hace aguas, ya que el psicópata no necesita ninguna excusa para su conducta. Aunque sirve de coartada argumental para explicar porqué no llama a la policía. Incluso su presunto arrepentimiento es tan turbio, que no parece otra cosa que una forma de continuar el juego y forzar a Patrick (Lauren Lafitte) a continuar con la violencia. Verhoeven juguetea con quienes buscan una coartada intelectual de “qualité” y deja clavado al cultureta de salón con la escena final donde el personaje (desaprovechada Virginia Efira) de la esposa que solicita ver la misa del gallo en Navidad y levanta risas entre un sector del público (todavía no entiendo el motivo), le suelta una frase a Michèle que desmonta todo el andamiaje de este “grand guignol”. Una bomba atómica que explota en la cara del espectador, manipulado como un títere. 


El único personaje con empatía y capacidad de afecto es el que un sector ideológico desearía ver vapuleado y cierra este círculo de insanía con una frase soberbia, majestuosa, icónica que da un poco de sentido a ese mundo soterrado, enfermizo de diván de sicoanalista en que habitan. ¿Humor negro?. Las películas de la Ealing , “Arsénico por Compasión”, “Fargo” o “Sweeney Todd” son humor negro en estado puro. Que entre en coma tu madre el día de Navidad tiene la misma gracia que una subida de tensión. ¿Crítica a la familia tradicional? Lo difícil es encontrar en el guión algo semejante a una familia para criticar. ¿Azote subversivo de la moral tradicional? Si para revindicar un cambio de moral burguesa es necesario toquetearse espiando al vecino y dejarse violar repetidamente, prefiero quedarme con Buñuel y Polansky. ¿Canto a la libertad de la mujer? Michèle, anclada en su patología es el paradigma de la esclavitud ante los abismos de la mente. Quizás toda la explicación moral se encuentre anclada en los ojos de ese lindo gatito voyeur, que contempla frío, impasible, sin empatía, como violan a su dueña.

 

Banda Sonora:
Anne Dudley ya había colaborado con Verhoeven en “El Libro Negro”. El Soundtrack ademas utiliza obras como Piano Concerto No. 2, II. Adagio Sostenuto by Sergei Rachmaninoff, Symphony No. 6 'Pastorale' - 1st Movement by Berliner Philharmoniker.Jugando con un tema principal cálido con elementos de thriller e incluso psicológicos para mostrar paulatinamente la mente de la protagonista capaz de sonar romántica, thrilleriana, plena de aflicción o morbosa según se precise. Excelente complemento expresivo para los recovecos de la mente de Michèle, ajustando la partitura en cada momento al servicio del desarrollo. La música dibuja el personaje y se adapta como un guante a las exigencias del director. No en vano su anterior trabajo devino en resultados excelentes. Hay un uso nostálgico (e inquietante) de cuerda y teclado. Temas deudores del thriller más clásico como “Little Psycho”, absolutamente turbadores y atmosféricos como las notas al piano de “A Tortured Soul”, los acordes de melodrama clásico de “A Different Ending”, o los inquietantes efectos sonoros de “A Prowler”. Destacar el título principal, absorbente, misterioso que avanza redondeando la melodía y columpiando las notas, en un emocionante ritornello. Anne juega con la contextualización, evocando musicalmente la profundidad abisal del personaje y sus diversas vivencias


 

Lo mejor: Tener la conciencia de estar ante una inmensa película con una interpretación de una fascinación enfermiza, incómoda, nihilista, poliédrica y morbosa. De las que hacen época.

Lo peor: Que tratándose de un mundo personal e intransferible de obsesiones y estilemas del autor, el kultureta tenga que buscar una coartada intelectual para justificar su adoctrinamiento. O que los árboles le impidan ver el bosque.
Que se desaproveche una actriz como Virginie Efira. Si desean visionar otras películas de esta actriz recuerden “Pastel de Pera con Lavanda”, donde la relación sentimental con un autista permite una interpretación plena de registros.






Elle. XXI ciclo de cine en VOSE en Cinesa


Dentro de la excelente selección cinéfila que oferta el XXI ciclo de cine en VOSE, se proyecto (con abundante público) la última y controvertida obra del holandés Paul Verhoeven, que regresa habitado de sus habituales polémicas. Con una retorcida carga de profundidad que; a tenor de las opiniones leídas; o no hemos visto la misma película; o no se han enterado de nada. A partir de aquí quienes no hayan visionado la última obra de Verhoeven, no deberían seguir leyendo. “Elle” llega con los torpedos agitadores de conciencias, habituales en el director, que despliega todos sus estilemas morales, toda su parafernalia destroyer y su poética ponzoñosa para adaptar la novela “Oh…” de Philippe Djian; el fenómeno “incotournable” de su generación. Verhoeven tiene una querencia particular por la provocación, por las psiques retorcidas, por atmósferas mórbidas. 


Además posee un corrosivo sentido del humor subversivo, para derrumbar las arquitecturas de lo políticamente correcto. En “Elle”, las sombras de Jung y de Freud son alargadas. Ya en la obra original no existía un propósito de moralizar, objetivo que toma el director con gusto del controvertido escritor cuyas obras nunca dejan indiferente, recolectando pasiones y animadversiones. Para Verhoeven este personaje amoral; de pasajes subterráneos y rincones oscuros en la mente; es un regalo para desplegar toda su artillería sediciosa. El escritor Philippe Djian ya fue adaptado al cine por el director Jean-Jacques Beineix, cuando su novela “37º2 le Matin”, se convirtió en la exitosa “Betty Blue”, con una extraordinaria partitura de Gabriel Yared. 

En 1986, de la mano de Yves Boisset llegó a la pantalla “Bleu Comme L´enfer”, otra negra adaptación de su universo. En “Betty Blue” ya encontrábamos el acercamiento una perturbación límite de la protagonista, que evoluciona hacia esquizofrenia catatónica. El personaje de Betty (cautivadora Beatrice Dalle) presenta síntomas de manual: agitación psicomotriz, tristeza, indiferencia, escaso control de los impulsos, que la convierten en un trastorno histriónico de la personalidad.
Para filmar “Elle”, Verhoeven se mimetiza con el estilo fílmico francés y utiliza París como decorado de la enfermiza trama. Cámara en mano se convierte en escriba del devenir enfermizo de los personajes. El lenguaje crudo, sin rodeos del escritor galo, es un reflejo de las vivencias de sus personajes, basados en datos reales. 

Philippe Djian utiliza un habla vulgar, cotidiana, coloquial. Hay reminiscencias de la novela norteamericana y el “hard boiled,” en su escritura, sus climas oníricos, anegados en océanos de alcohol, sus desiertos urbanos al modo de Wenders, (absorbiendo a James Cain y su negrura) envueltos en un clima de existencialismo desesperanzado y trufado de diversas referencias literarias o míticas. El uso de coloquialismos dificulta la traducción. También la obstaculizan el uso de contrasentidos o frases hechas, las paronimias (palabras similares fonéticamente), los “falsos amigos” y las expresiones idiomáticas. Estos escollos; junto a la utilización por parte del traductor de eufemismos castellanos para velar la dureza del vocablo galo original; constituyen el “corpus” para las traslaciones a nuestro idioma de la obra del escritor gabacho. El film no refleja léxicamente su estilo; que alcanza su límite de vulgaridad en “Por qué no un Porno?, con descripciones de literatura pulp o explotaition o narraciones sin capítulos (en el caso de “Oh…”). En ocasiones se precisa de un diccionario especializado en argot para comprender los textos. Por otro lado el personaje de Michèle (formidable Isabelle Huppert) es pintado con rasgos mucho más patológicos, que la reivindicativa propuesta de rechazo del status quo e independencia que escribiera para la protagonista original literaria.

 El guión nos adentra en tierra prohibida. Lo que en “Betty Blue” constituía una intensa carga erótica, en “Elle” es una dependencia patológica. El juego cromático de tonos azulados y rosáceos de la historia de “amor fou” que se utilizaba en aquella, se transforma en una paleta apagada y ocre en este desquiciado universo habitado por Isabelle Huppert. Y es que la hembra fatal de “Elle”, mantis religiosa y desestabilizadora, es la más intensa de las protagonistas de Philippe Djian.
“Blue Comme L´Enfer” se ha convertido con el tiempo en un título de culto, de atmósfera oscura. Una road movie perversa bajo un cielo azul. Básicamente la paleta filmográfica de Verhoeven maneja el tornasol del exceso, la deshumanización de personajes y la pincelada de la controversia moral. Incluso en productos aparentemente más comerciales como “Desafío Total” o “Robocop” el rosario de traiciones, inmoralidades y sevicias, es la denominación de origen.

 En el “El Libro Negro” (por otra parte mi obra favorita del autor) gravita la posibilidad de que no todos sean lo que parecen. Una vez más la ambigüedad, la vuelta de tuerca que derrumba lo políticamente correcto, mixturada con todas las señas de identidad de su etapa holandesa y añadiendo el conocimiento adquirido sobre el espectáculo en EEUU, En “Los señores del Acero” el holandés se pasea de la mano de la ultraviolencia por una Edad Media oscura, bizarra, amoral y obscena, donde uno de los mercenarios ofrece a una dama un alimento que no se encuentra en los estantes de ninguna tienda. En este film, el personaje mas miserable resulta ser la; aparentemente ingenua víctima; recreada “cum laude” por la actriz J. Jason Leigh. Algo impensable en producciones teñidas de romanticismo naif como “Ivanhoe”, “El Talismán” o “El Príncipe Valiente, pongo por caso. Con la destroyer “Showgirl”, el director da carpetazo al sueño americano con un esforzado ejercicio sobre la vulgaridad, la tosquedad y el inframundo del “lap dance” que supuso la debacle para Elizabeth Berkley (después recuperada en CSI Miami), y para todo el elenco que protagonizó esta versión explotaition de “Eva al Desnudo” en clave de erotismo kitsch, hoy convertida (misteriosamente) en obra de culto.
En “El Cuarto Hombre”, el neerlandés y su guionista alteraron algunos pasajes de la novela de de Gerard Reve. Deudora de la visión hitchcokiana del sexo, y llena de símbolos e imagineria inteligentemente dispuestos para despistar al espectador. Una narración en clave onírica y rocambolesca, con paleta de vivos colores y aires de pesadilla feérica, que constituye el culmen de las obsesiones lúbricas y místicas del autor. Tal vez su mejor aportación al cine.


Hupper nos regala la interpretación ambigua, majestuosa e incendiaria de una psicopata de manual. Escucharla en el idioma de Sade (pongo por caso), Sartre o el trasgresor Bataille, aparte de ser una delicia, no deja de tener cierta ironía. “Elle” es un catálogo antropológico, en clave pulp, de taras mentales y conductas asociales. Verhoeven realiza una maniqueísta división entre bobos y alienados. Un padre que parece no ser consciente de que su hijo es de raza negra (en la novela es hijo de un traficante que cumple condena), una esposa (Josie), interpretada con soltura por Alice Isaaz (Doce Veneno, Rosalie Blue), que padece trastorno límite de la personalidad. Una abuela recreada por Anne Consigny (La Escafandra y la Mariposa) que padece paradoxia, experimentando deseo por efebos a los que cuadruplica la edad. Un narcisista diseñador de videojuegos hentai. Michèle carece de empatía, actúa casi sin conciencia y con frialdad afectiva. Es una depredadora que le da a todos los palos de la baraja parafílica. Observa con prismáticos al vecino mientras se consuela, fantasea con ser golpeada y humillada (y lo lleva a la práctica), comparte el fetichismo de la máscara. Quizás sobra la excusa sicoanalítica de introducir un padre que es un serial killer, para justificar freudianamente las andanzas de Michèle. En este particular el guión hace aguas, ya que el psicópata no necesita ninguna excusa para su conducta. Aunque sirve de coartada argumental para explicar porqué no llama a la policía. Incluso su presunto arrepentimiento es tan turbio, que no parece otra cosa que una forma de continuar el juego y forzar a Patrick (Lauren Lafitte) a continuar con la violencia. Verhoeven juguetea con quienes buscan una coartada intelectual de “qualité” y deja clavado al cultureta de salón con la escena final donde el personaje (desaprovechada Virginia Efira) de la esposa que solicita ver la misa del gallo en Navidad y levanta risas entre un sector del público (todavía no entiendo el motivo), le suelta una frase a Michèle que desmonta todo el andamiaje de este “grand guignol”. Una bomba atómica que explota en la cara del espectador, manipulado como un títere. 


El único personaje con empatía y capacidad de afecto es el que un sector ideológico desearía ver vapuleado y cierra este círculo de insanía con una frase soberbia, majestuosa, icónica que da un poco de sentido a ese mundo soterrado, enfermizo de diván de sicoanalista en que habitan. ¿Humor negro?. Las películas de la Ealing , “Arsénico por Compasión”, “Fargo” o “Sweeney Todd” son humor negro en estado puro. Que entre en coma tu madre el día de Navidad tiene la misma gracia que una subida de tensión. ¿Crítica a la familia tradicional? Lo difícil es encontrar en el guión algo semejante a una familia para criticar. ¿Azote subversivo de la moral tradicional? Si para revindicar un cambio de moral burguesa es necesario toquetearse espiando al vecino y dejarse violar repetidamente, prefiero quedarme con Buñuel y Polansky. ¿Canto a la libertad de la mujer? Michèle, anclada en su patología es el paradigma de la esclavitud ante los abismos de la mente. Quizás toda la explicación moral se encuentre anclada en los ojos de ese lindo gatito voyeur, que contempla frío, impasible, sin empatía, como violan a su dueña.



Banda Sonora:
Anne Dudley ya había colaborado con Verhoeven en “El Libro Negro”. El Soundtrack ademas utiliza obras como Piano Concerto No. 2, II. Adagio Sostenuto by Sergei Rachmaninoff, Symphony No. 6 'Pastorale' - 1st Movement by Berliner Philharmoniker. Jugando con un tema principal cálido con elementos de thriller e incluso psicológicos para mostrar paulatinamente la mente de la protagonista capaz de sonar romántica, thrilleriana, plena de aflicción o morbosa según se precise. Excelente complemento expresivo para los recovecos de la mente de Michèle, ajustando la partitura en cada momento al servicio del desarrollo. La música dibuja el personaje y se adapta como un guante a las exigencias del director. No en vano su anterior trabajo devino en resultados excelentes. Hay un uso nostálgico (e inquietante) de cuerda y teclado. Temas deudores del thriller más clásico como “Little Psycho”, absolutamente turbadores y atmosféricos como las notas al piano de “A Tortured Soul”, los acordes de melodrama clásico de “A Different Ending”, o los inquietantes efectos sonoros de “A Prowler”. Destacar el título principal, absorbente, misterioso que avanza redondeando la melodía y columpiando las notas, en un emocionante ritornello. Anne juega con la contextualización, evocando musicalmente la profundidad abisal del personaje y sus diversas vivencias




Lo mejor: Tener la conciencia de estar ante una inmensa película con una interpretación de una fascinación enfermiza, incómoda, nihilista, poliédrica y morbosa. De las que hacen época.

Lo peor: Que tratándose de un mundo personal e intransferible de obsesiones y estilemas del autor, el kultureta tenga que buscar una coartada intelectual para justificar su adoctrinamiento. O que los árboles le impidan ver el bosque.
Que se desaproveche una actriz como Virginie Efira. Si desean visionar otras películas de esta actriz recuerden “Pastel de Pera con Lavanda”, donde la relación sentimental con un autista permite una interpretación plena de registros.











lunes, 16 de enero de 2017

Contratiempo. Efectivo thriller atmosférico

La consabida coletilla de “el público no acude a ver películas españolas” siempre va acompañada de la misma y lapidaria respuesta: Hagan buenas películas. Si el producto ofrecido reúne unos parámetros de calidad, la comunicación boca-oreja (como sucede con esta película) está garantizada. Una sala casi llena junto a estrenos como “La-la Land” o “Comanchería” es síntoma de buena salud. Oriol Paulo no sorprenderá a quienes ya han visionado otro estimable thriller; nominado Goya a la mejor dirección novel; que fue “El Cuerpo”, tambíen en cave claustrofóbica. A partir de aquí, no es demasiado pronto para establecer algunos estilemas del autor: Querencia por el rompecabezas, inclusión de actores señeros junto a jóvenes valores, el flashback y la fragmentación como estética, bandas sonoras atmosféricas, utilización del entorno como un personaje más. “Contratiempo” juega con los resortes del género, incluso utilizando un hitchcokiano Mcguffing (la habitación cerrada por dentro), con claras referencias a “Los Crímenes de la Rue Morgue” de Poe, para jugar con el espectador en un mecanismo de muñecas rusas donde nada es lo que parece. 



El film precisa; como todo thriller que se precie; de la complicidad del espectador para sortear algún pequeño fleco argumental, Homenaje a “Muerte de un Ciclista”, puzzle contrarreloj, deudor de Brian de Palma y ejercicio de interpretación por parte de un enorme Coronado (que repite con el director), la soberbia dualidad de Ana Wagener y la certeza interpretativa de Bárbara Lennie. Mario Casas, mucho más curtido como actor, continúa acusando carencias en el terreno de la dicción. 

Un lastre común a todos los actores procedentes de series “juveniles”, que solo el tiempo y la experiencia llevan a buen puerto. La interpretación es inflexión en la voz, ritmo, declamación correcta, matices. Algo que el resto del elenco posee con creces, y en un film de este género contribuye a la credibilidad del personaje. Un personaje maquiavélico, carente de empatía que requería diversas tonalidades y un aplastante carisma. Oriol arriesga en un juego pirotécnico que sin duda dividirá crítica y público. Referencias a Kubrick (Hotel Overlook), fotografía cuidada de paleta ocres y paisajes nevados, para una montaña rusa donde los detractores serán tantos como los defensores. Banda sonora de factura clásica, efectiva, atmosférica, cromáticamente descriptiva, y mixturada con el entorno fílmico, que llega de la mano de Fernando Velázquez (El Mal Ajeno, Los Ojos de Julia) con la participación de la cantante Zahara en el impactante tema “Nadie va a venir a buscarte”.



viernes, 13 de enero de 2017

Más allá de las Montañas. Meditación sobre el tiempo

  

Una misma canción. Tres tiempos distintos. Tres personajes que rememoran el “Bande á Part” de Godard. No es extraña al cine de Jia Zhangke; uno de los más reputados de la “sexta generación”; au enorme capacidad de transmitir emoción. En este caso la misma melodía que abarca la vida y relaciones de tres personas, sirve como prologo y coda final para el recorrido vital de tres almas que forman un triangulo. Jia manipula el espacio y las sensaciones con sus habituales fueras de campo, su estiramiento del tempo y su transmisión de turbación; más con la propia puesta en escena; que con los diálogos o acciones directas de los personajes.

 El director es un notable cronista de la vida cotidiana de China, de los efectos que tienen en sus habitantes los cambios, culturales, el crecimiento, el éxodo que ya retratara en obras anteriores como “Naturaleza Muerta” o “The World”. La critica a la economía comunista en “Historias de Shangai” (2010), le han convertido en el escriba transmisor de una época convulsa y llena de mutaciones, globalización y olvido de las raíces. Como lo fuera otrora el Fassbinder cronista de la Alemania moderna. Para este melodrama de raíces clásicas sobre la desubicación, el director emplea su capacidad de trasmitir grandes etapas de tiempo con historias mínimas, de envolvernos en las pequeñas historias sentimentales, de narrar ese fluir de distintas épocas en un modo (aparentemente) sencillo han convertido en Jia en el mascaron de proa del nuevo cine asiático. El director apuntala sobre la interpretación su edificio narrativo: el prodigioso cambio de registro de Zhao Tao, la sobriedad de Sylvia Chang. El guión desarrolla tres etapas históricas. 

Tres actos dramático que transcurren entre la clásica escenografía “jiaziana”: minas, areniscas, páramos, extrarradios, etc. Pero lo refuerza con distintos formatos de pantalla ((4:3; 1:85 y 2:35) para diferenciar los procesos interiores y mundanos de este “qingyi”, nombre chino para definir al género de amor y relaciones. Sin olvidar la utilización de la paleta cromática para diferenciar las épocas. Colores más vivos en la etapa inicial, llena de esperanza e ingenuidad. Tonos más opacos y diluidos en los otros actos, incluyendo los créditos en el inicio del segundo acto con fundido a negro. 

El uso de planos largos y tempo de adagio, condicionan el paso de las Estaciones. Esta película-río es un canto a la vida y sus consecuencias, al devenir de las cosas. Al irrefrenable proceso de cambio a que todos somos sometidos. La terrible permutación de la dictadura del comunismo por la del capitalismo, la tecnología y el avance industrial. Sus consecuencias en las generaciones posteriores, pérdidas y desnortadas., la desmembración de la familia tradicional. Narrada con contención oriental (incluso en los diálogos) y sutileza, a pesar de lo tormentoso de la relaciones. Desfilan por la pantalla, el olvido de la clase obrera, el furor del capitalismo, el abandono de las viejas costumbres. Excelente banda sonora, compuesta por el japonés Yosihiro Hanno, que tiene una larga trayectoria en la música electrónica. Ha publicado varios discos. En el año 2011, dirigió la película “Ugly”. 

La BSO es melancólica e intensa. El “Go West” deviene celebración de la vida y la alegría en el prólogo y de ¿la búsqueda del tiempo perdido? en el epílogo. ¿Quién sabe? Y es que en esto consiste el cine de Jia en sacar al espectador fuera de campo, mientras en un páramo desolador del extrarradio, Tao Zhao (esposa y musa del director) enlaza pasado y futuro en una leve y melancólica coreografía, bailando ese extraordinario “Go West” de Pet Shop Boys. (tal vez metáfora de la diáspora china) Quizás el río de la vida tan sólo sea eso: recordar cuando hacíamos “la conga” sin prejuicios, sin miedo al futuro al ritmo electrónico de los Pet Shop Boys,,,


jueves, 12 de enero de 2017

El Faro de las Orcas




Hay dos cosas que el espectador agradece de antemano en cualquier propuesta fílmica: la honestidad y la presunción de inteligencia. La última oferta fílmica de Gerardo Olivares, posee las dos características. Es una película honesta y; sobre todo; se adentra en los peligrosos escollos del cine “basado en hechos reales”, sin abismarse en los territorios del telefilm de sobremesa o en el desaforado drama con querencia de clínex. La mirada de documentalista del director se acerca a una vivencia humana intensa e introvertida, sin perder la capacidad de filmar la naturaleza de forma modélica y sin maniqueísmos (las orcas devorando los lobitos marinos), recreando en imágenes el libro “Agustín, corazón abierto” de Roberto Bubas. 

El director cordobés aborda un tema espinoso, por el peligro latente de derivar hacía el melodrama desaforado, hacia el didactismo más académico o el panfleto de autoayuda. Pero Olivares sabe equilibrar las secciones y al mismo tiempo mostrar un; casi antropológico; viaje iniciático por los usos y vivencias de un apartado lugar de Patagonia. En este sentido es modélica la secuencia donde la partitura del “Oblivión” de Astor Piazzolla, es desgranada por el cantante, en una fiesta mágica y aldeana. Aquí el director maneja con maestría los diversos mundos que se mixturan en ese instante prodigioso. Los dos enamorados; enfermos de soledad; la más intensa soledad del niño autista y el aislamiento que; para nosotros, habitantes del mundo tecnológico; deben sentir los lugareños, quienes no parecen medir el mundo con nuestros mismos enfermizos parámetros. 

Las enormes interpretaciones de Maribel Verdú y Joaquín Furriel, contenidas, densas, lacónicas, junto al descubrimiento actoral del niño; Joaquín Rapalini; consiguen hacer fluir esta amalgama de sentimientos soterrados. Las soledades encontradas y silencios rotos, son lo mejor de la función. Sin olvidar esos paisajes turbadores, de una poesía terrible y atávica, fotografiados en paleta de tonos pastel por Oscar Durán. Los actores hacen del gesto su arma más efectiva Los silencios del guardafauna, la levedad de los gestos, el abanico sensorial de las miradas. 

Debajo de esta aparente sutileza hay mucha más pasión e intensidad que la que podría haberse mostrado en otras manos menos apropiadas. Aunque algunas críticas acusan el romance como lugar común o pleno de chiclés. ¿Es que acaso los enamorados no se sientan a ver las estrellas? Siempre he pensado que tras estos comentarios hay posicionamientos escasamente cinematográficos y claramente ideológicos. Es lícito que a algún público le guste ese tipo de películas donde arrancan una pierna de un disparo mientras el protagonista suelta una frase lapidaria: “Lo merecía”. Allá cada uno con sus deleites, pero para esos menesteres pueden acudir a la sala de al lado. De hecho las hordas del Imperio Galáctico asaltaban las estancias adyacentes, para dejarnos disfrutar a los espectadores de esta sobria y hermosa película. Es difícil saber mantener el equilibrio cuando se aborda un tema como el autismo. Mucho más aún cuando el peligro del melodrama tumultuoso (niño que se comunica con las orcas, pasado tempestuoso del guardafaros, soledad de la madre sacrificada) planea sobre el guión. 

El director apuntala su obra en la sobriedad, en la contención. En una leve caricia que transmite más intensidad y más mundo interior que cualquier coreografía erótica al uso. Terrible belleza la de estas playas infinitas de Fuerteventura y Patagonia. Gerardo Olivares ya trató a la naturaleza con respeto en “Entre Lobos”. Allí ya se encontraba esa devoción por el entorno, por recrearse en la fauna y la flora de la sierra andaluza, aderezada de un sabor a wenstern. En “Hermanos del Viento” ya se encontraba el personaje de guardabosques (Jean Reno) como guía de un camino iniciático. La naturaleza es una protagonista más. No se trata de un espacio “new age”, ni un rincón para el misticismo de postal. Es tan cruel y desoladora como la tormenta interior de Lola (excelente Maribel Verdú), el universo paralelo del niño o el aislamiento voluntario de Beto (Joaquin Furriel). Excelente banda sonora de Pascal Gaigne (El Olivo, Lasa y Zabala). Cuidada hasta los mínimos detalles, llega a hacer coincidir el ritmo de los fotogramas con el tempo musical, e interpretada por la orquesta filarmónica de Bratislava. Un hermoso, impresionista y reposado “leitmotiv”, titulado “El Faro de las Orcas” y que en algún momento recuerda acordes del “Watermark” de Enya. Una película hermosa y honesta que no se deja atrapar por la sensiblería, ni por el dogmatismo.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Vozes Alfonsinas. Centenario do Arquito Distrital de Évora


Dentro de los Conciertos Conmemorativos do “Centenario do Arquito Distrital de Évora”, uno de los más interesantes eventos fue la interpretación de esta agrupación especializada en modos medievales y en rescatar antiguas partituras. Comenzó el concierto con una epístola cantada llamada “tropo” que estaba extraída del “Misal de Mateus” que estuvo en uso en la región de Braga durante el siglo XII. Un potente comienzo este “Tropo Gaudeamus”, que ya introdujo al público en las cadencias propias de la época, que estos músicos dominan y saber hacer llegar. Estos “tropos” consistían en unos breves textos con música, que se interpolaban durante el oficio litúrgico. Cuando más tarde comenzaron a ser recitados, alternativamente por el cantor y el pueblo, constituyeron el origen del “drama litúrgico”. A finales del siglo IX evolucionaría, dando lugar a los autos sacramentales. Los orígenes del “tropo” se hayan, probablemente, en el canto del “Aleluya”, incorporando con frecuencia antiguos melismas de origen griego y romano. Una narración (única superviviente de la liturgia medieval) que trata sobe el traslado del cuerpo de San Vicente a la Sé (Catedral), sirvió al grupo para interpretar un “excerto” (fragmento) do Oficio Lisboeta, fechado en el siglo XIV, que estos músicos ejecutaron con su proverbial conocimiento de las estructuras de la época, trasladando al público a catedrales románicas y envolventes aires medievales. No era interpretado desde tiempos de Felipe II, lo que da cuenta de la importancia de este hito. 


El responsorio anónimo “Ut cum sacrum passu gravi” Esta obra ha sido encontrada recientemente en el “Arquito da Casa da Moeda”, única superviviente de las distintas Casas de la Moneda” que existían en el vecino país, con lo cual constituía una primicia, imaginamos que apasionante para los espectadores lusos que llenaban el Teatro.
Luego vino el tiempo de las “Polifonías do Santoral”, con la elección del monje benedictino Aymeric Picaud y su”Ad Honores fegis summi”. Picaud fue el autor de la primera guía turística de la historia, incluida en el Codex Calixtinus.


A dos voces se impregnó el recinto del Teatro García de Resende.  Un “Verso para Santiago de Compostela” en esta ocasión del Siglo XII, y otro himno (Exultat celi curia), para San Bernardo, que fue encontrado en Arouca. Se trata de la pieza polifónica portuguesa mas antigua que se conoce, “Exultat Celi Curia), lo cual ya era un primicia y un aliciente para los aficionados.
También se ejecutaron un Ofertorio cisterciense de Alcobaça (cuya melodía ya había sido utilizada por el Rey Alfonso  para una Cantiga de Santa María), titulado “Recordare Virgo Mater” y monodias y polifonías de Lorvâo, (Benedicamus Domino) Leiria (Kirie Christ Cuius) y Évora. Don Dinis y sus canciones de trovadores llenaron de aires del medioevo el recinto, con aportaciones alegres y vitalistas (Com´eu en dia de Pascoa, Quer´eu em maneira de proençal, etc)

El motete sustituyó las cadencias medievales, seguido de varias polifonías del sublime “Cancionero de Elvas”, una de las fuentes más importantes de música profana, que contiene tanto obras en portugués como en castellano. Descubierto por el musicólogo Manuel Joaquin en la Biblioteca Municipal de Elvas, es uno de los cuatro cancioneros que han llegado hasta nosotros. Dos piezas del violagambista sevillano Gonzalo de Baena y su hijo, Antonio de Baena, (en estreno absoluto. Gonzalo fue el autor del libro “Arte Novamente Inventada Pera Aprender a tanger”, escrito para tecla e impreso en Lisboa en 1540. Imprescindible para el repertorio de la tecla en el Renacimiento. Un músico que acabó siendo Marques, en base a sus esfuerzos de guerra y abandonó la música.

Del vihuelista valenciano  Luis Milán, de su libro “El Maestro, se extrajo la “Fantasía”. En estas obras, Milán demuestra un estilo contrapuntístico muy maduro, cercano a ala  improvisación.
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Durante la segunda parte del concierto la tendencia se acercó más al Renacimiento.  A continuación y del “Cancionero Masson”, un excelente anónimo titulado “Senhora quem vos disser”, tras el cual se desgranaron otras “Endechas de Canarias” tambien anónimas.



Vozes Alfonsinas están ligados estrechamente a la investigación y difusión de la musica medieval y del Renacimiento, en relación a al cultura portuguesa. Su grabación inicial sacó a la palestra las canciones del trovador gallego Martin Codax: As Melodías de Martín Codax (1998). Otras de sus grabaciones son “El Tiempo de los Trovadores”, (Cantigas de Milagre, Estremoz), Cantigas de Amigo) etc. “Seul Plaisir Mon”, basado en el Códice 714 de la Biblioteca de Oporto y dedicado a la liturgia bracarense. Ha realizado diversas giras mostrando el acervo cultural luso. Un terceto  anónimo “Na Fonte está Lianor, del Cancionero Masson, sirvió para rematar el programa. La agrupación consta de los siguientes músicos. Susana Teixeria (Mezzo), Gonzalo Pinto (tenor) Sérgio Peixoto (tenor), Victor Gaspar (barítono), Madalena Cabral (viola de arco y rabel), Nuno Torka (laud, vihuela) Manuel Pedro Ferreira (dirección). La vocación de Vozes Alfonsinas es la recuperación de la música y la memoria pérdidas del vecino país.
 



jueves, 15 de diciembre de 2016

Animales Fantásticos y donde encontrarlos.

                                 
 
No han sido pocas ocasiones en las que, participando en tertulias radiofónicas donde se daba un repaso la cartelera semanal, al llegar al espinoso terreno de las películas denominadas “infantiles” nos hallamos en una tierra de nadie. En ella, el silencio, la salida de tono o el mohín de menosprecio eran la moneda más corriente. Por una parte el progrecultureta de turno, que  traía aprendidos intraducibles nombres de directores; lo más exóticos posibles; de filmografías vagas e inasequibles, para lucimiento de su militancia. Por otra, el cinéfilo académico, cuya propuesta se apuntala en la teoría de que el buen cine terminó de realizarse en los años setenta y que “todo lo demás es sueño y los sueños, sueños son”. El sesgo final consistía en pasar de puntillas e ignorar la cinta, cuando la realidad de la función era; con frecuencia; la falta de conocimiento acerca de ésta y su no-visionado por parte del personal. Tocaba de hacer de abogado del diablo y recordar al foro que estábamos hablando de un género con todas sus particularidades, estilemas y requisitos, y había que juzgarlo por su calidad o falta de ella. Nunca por su adscripción generacional. Tarea harto difícil cuando el resto de la concurrencia no había visionado ninguna obra de estas características. 
Siempre me ha encantado el cine mal denominado “infantil”. 
Es por ello, que defiendo a capa y espada cualquier intento de ninguneo. Con mayor intensidad si el comentario nace desde los abismos del desconocimiento, o la carencia de información. 

El fenómeno de Harry Potter es una franquicia que ha reventado las taquillas y conseguido; a nivel de industria; unos ingresos exitosos y deseables para cualquier producción. Lo ha conseguido en base a la construcción de un universo perfectamente reconocible por los aficionados, pergeñado de una imaginería prodigiosa, introduciéndolos en otra realidad fascinadora, donde el humor, la oscuridad y la fantasía se dan la mano con precisión y creatividad. Los “frikies” de la saga, conocen perfectamente los nombres, situaciones y anécdotas que rodean este mundo, cuyas versiones cinematográficas; nacidas de los libros de J K Rowling, han enriquecido notablemente el imaginario colectivo del original literario. El cosmos "potteriano", es ya una entidad pon derecho propio. Una de esas enriquecedoras cosmogonías, que pocos autores consiguen llevar a término, Equiparable al mundo de Narnia imaginado por C S Lewis, o a la épica tolkeiniana de "El Señor de los Anillos". 

Este firmamento literario maneja un lenguaje propio (dementores, mortífagos, muggles, quiddicth, No-majs. Pero también ha creado personajes icónicos reconocibles en sus actos, y en muchos casos por su no presencia, como el oscuro villano Voldemor. La panoplia de secundarios es prodigiosa y esta perfectamente definida en sus personalidades y actitudes, siendo una de las claves de su éxito mediático. Cualquier seguidor reconocería al profesor de pociones atormentado: Severus Snape (excelente Alan Rickman), podría encontrar en un mapa el lugar donde habita el fantasma de Myrtle “La Llorona”, reconocería el lenguaje (Parsel) que utilizan las serpientes o gustaría de acariciar el leal Hipogrifo, mascota y amigo del protagonista. Pero es que además el mapa del mundo  de Potter tiene vida propia. Está lleno de lugares, ya venerados por los fervientes seguidores, como el fabuloso castillo de Hogwarts, la escuela de magia; el anden 9 y ¾, la puerta al mundo alternativo, o el irrepetible callejón Diagon, centro comercial donde conviven o encuentran sus pócimas y varitas los protagonistas. Amén de la andrajosa posada “El Caldero Chorreante”. 
Por no hablar del desfile de criaturas: duendes domésticos, acromántulas, banshees (extraídas del folklore irlandés), el terrible basilisco, o el anhelado bicornio, cuyo apéndice es usado para pociones. Las películas de la Saga Potter tuvieron el acierto de ir creciendo con sus espectadores, de ir haciéndose más oscuras y ambivalentes. En definitiva, alejándose de cualquier etiqueta del cine denominado “infantil. 
De ahí el peligro de que esta “herejía”  de precuela, fuera arrojada al tormento y al fuego por los adoradores del original y masters en “potterología”.

David Yates había realizado; entre otras; la entrega que resultó más floja de la saga “Harry Potter y la Orden del Fénix”, debido a su escasa impronta autoral. Sobre todo en comparación con la huella que Alfonso Cuarón imprime al mago en “Harry Potter y el Prisionero de Azkaban”. En esta precuela del fantástico firmamento (ya no hogwartiano, sino ilvermornyano), ya que el protagonista (un irritante Eddie Redmayne), llega a una suerte de Ellis Island, con una maleta cargada de animales prohibidos y consigue pasar la aduana. Los diálogos sobre las escuelas de magia (Hogwarts e Ilvermorny) y las diferentes visiones del mundo de los magos británicos y norteamericanos, dan lugar a líneas de texto sarcásticas e inteligentes. Continuando con la mejor tendencia de esta Saga. El diseño de producción, recreando escenarios de los años 20 es uno de los aciertos de un guión, abocetado para mostrarnos otro rostro de esta mitología y; sin duda; captar a nuevos adeptos a la causa potteriana. A nivel actoral, destacar la lúcida y encantadora interpretación de la cantautora indie y pianista Alison Sudol, que compone un personaje fascinante (una Betty Boop telépata), la sobriedad de Catherine Waterson (Michael Clayton, Steve Jobs), compañera de aventuras del mago recién llegado, la correcta perfomance del siempre eficiente Collin Farrel y la (excesiva) expresión corporal de Eddie Redmayne. 



Añadir la presencia icónica de John Voight, y un "tuneado" e irreconocible Ron Perlman, como el taimado globlin  Gnarlack. A nivel infográfico, poco hay que decir. Desde la primera película de la serie el derroche visual ha sido la marca de la casa. Reseñar el fabuloso mundo-maleta, las asombrosas y divertidas criaturas que dan título la cinta, el “tuneo” de Ron Perlman, las escenas de persecuciones, los momentos mágicos. 
Todo esta cuidado al máximo para hacer creíble el opulento firmamento de la escritora J K Rowling. Conserva el film los rasgos primordiales de la saga genésica, aunque se pierde esa antigua tradición británica en aras del nuevo “mundo”. La literatura juvenil es suplantada por la iconografía del “Chicago años 20”. Las tabernas laberínticas se transforman en garitos casi “gansteriles”, habitados por goblins, flappers y cantantes de jazz antropomorfas. Locales donde el encanto de la Ley Seca y el contrabando están a la orden del día. El mundo moderno engulle el humor casi montyphytoniano de sus predecesoras. Retazos de la screwball comedy, iluminan los; antaño; tortuosos callejones Diagon,  Los planos regalan un cielo pleno de rascacielos frente a los nauseabundos pantanos y páramos irlandeses de entregas anteriores. Desaparecen las referencias y juegos de palabras (vía Lewis Carrol), para mostrar un mundo más diáfano (al menos en la superficie) y menos metaliterario. Aunque bebiendo directamente de las criaturas imaginadas por el escritor británico.  




También desaparecen escenarios clásicos (y ya fetiches), como las impresionantes escaleras-biblioteca (aunque siempre nos quedará visitarlas en Oporto). Gran parte del mérito es del director de fotografía Phillippe Rousselot (The Nice Guys). Si allí, el neón era la coartada,  aquí es capaz de recrear un Nueva York a caballo entre otro mundo, jugando en la paleta cromática con pinceladas de sepia/gris. 
Le apoyan en esta terna el diseñador Colleen Atwood, recreando con esplendor una época atemporal y casi onírica en el vestuario. La arquitectura vintage nos remite al "Brasil" de  Terry Gillian, y la ciudad en contrapicado homenajea "Luna Nueva" de Hawks (aunque en versión Steampunk). El diseño de Gotham City también tendría algo que decir a este respecto. 


El guión no pierde de vista los referentes británicos, Como en la charla en que se hace referencia al profesor de Hogwarts; August Dumbledore. Metaliteratura flagrante. A cambio se ofrece un Bestiario al uso medieval (o a lo Georges Lucas), que promete nuevas entregas, con criaturas fabulosas (vía Roald Dahl, autor seminal de "Los Gremlins"), inquietantes o tremendamente divertidas. como "Pickett" el insecto/palo que utiliza el protagonista como mascota. Sin olvidar el divertido topo cleptómano. utilizado como Macguffin
El argumento deviene parábola macartiana  sobre la “caza de brujas”, donde los que son diferentes tienen que ocultarse, donde no faltan los fanáticos seudo-religiosos con sus panfletos sectarios, la disfuncionalidad, o la amenaza de la guerra. Un sello que ya caracterizara la “era Potter” y continua vigente en este spin-off que transcurre en los felices años veinte, sin olvidar la reivindicación animalista o la denuncia de los malos tratos. Newt Scamander (que tan sólo aparecía en un mapa de "El Prisionero de Azkaban", lucha por que no se extingan estas fabulosas especies.
Macusa, el organo gubernamenta,l es una especie de “Gran Hermano” que trata de expandir sus telarañas, controlando el mundo mágico y; por ende; el mundo de los “No-majs”. 

El epílogo, con la breve aparición-cameo de Johnny Deep como Grindelwald, es la oferente promesa de futuras entregas en clave de franquicia. Esperemos disfrutarlas (como niños). 
La excelente Banda Sonora de James Newton Howard, consigue expresar los momentos tenebrosos, mixturados con la clásica aventura. Destaca la utilización de coros, que en alguna nota remiten al epílogo de Eduardo Manostijeras, y el recurso de modos estilísticos de la época, como  esa melodía Rag-Time al piano que acompaña alguna escena. Incluye un tema escrito por Rowling y Mario Grigoro, del mas destilado sabor "flapper", titulado Blind Pig. Después de los compositores William Ross, Patrick Doyle, Nicholas Hopper y Alexandre Desplat, el músico tenía una difícil tarea, tomar el relevo del maestro del Score “John Williams.
La grabación de la banda sonora se realizo en los Estudios Abbey Road en Londres, Inglaterra, con una orquesta compuesta por 97 músicos y un conductor. La BSO utiliza escasamente un prometedor “leiv motiv”. La ambientación sonora de la época es correcta y el uso de los coros, emocionante, logrando transmitir las emociones de los personajes con precisión.







Lo mejor: "Las criaturas mas feroces del planeta, son los seres humanos".
                  Que promete mas oscuridad para próximas entregas.
                  Que este universo va a crecer totalmente independiente de sus                        orígenes
                   La sorpresiva interpretación; casi naif; de Dan Fogler.
Lo peor:  Que a Remairke se le haya quedado actitud de Quasimodo desde                    que interpretó  a Stephen Hawking, y mire a la cámara en scorzo.

                 Que todavía piensen que estas son películas para niños.

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