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viernes, 17 de noviembre de 2017

Thelma. Cuando Carrie abrazó el misticismo. Festival de Cine inédito de Mérida

                        

Thelma comienza su viaje iniciático tras abandonar la ciudad costera donde vivía para estudiar biología. Su introversión, sus creencias no compartidas, y su hipersensibilidad, le llevan a aislarse en la biblioteca donde experimenta el primero de sus ataques, en apariencia epilépticos. Comienza a sentirse atraída por una compañera, Anja, lo que da paso a mayor intensidad en los ataques, mezclados con unos difusos poderes sobrenaturales.


Thelma es un thriller místico/lésbico/parapsicológico, en el caso de que algo así pudiera coexistir. Una mezcla de realidad y fantasía que ya estuviera presente en Blind (2014), donde la protagonista ciega (Ellen Dorrit Petersen) nos conduce por una narración sensorial cuya ventana al mundo está llena también de deseos reprimidos, escrita por el guionista de ésta película (Eskil Vogt), donde  la protagonista de aquella (la gélida Ellen Dorrit Petersen) ejerce de castradora madre en esta propuesta. La gelidez escandinava (tanto en actores como paisajística) es la marca de la casa.  


Thelma es una metáfora visual, una fábula invertida donde el peligro reside en la protagonista y no en el entorno que le rodea, soberbiamente fotografiado por Jakob Ihre. Una renovadora experiencia visual que insufla aire fresco al cine de género, sin olvidar por ello su vertiente militante y reivindicadora o su referencia lúdica al  terror ochentero de De Palma y compañía.
La propuesta abismal de Joachim Trier se llamó “El Amor es más Fuerte que las Bombas”, un ejercicio de estilo destroyer, donde se rompe el espacio-tiempo con el apoyo de los inmensos Isabelle Hupper y Grabriel Byrne. Un patchwork visual de visiones, voces en off, contradicciones, aislamiento social, en la búsqueda de la esencia.
Con “Reprise”, el director coqueteó con la estética de la Nueva Ola Francesa, vía Truffaut, con referencias de Nicholas Roeg y Resnais, para una película de culto sobre una generación perdida, intentando cumplir sus sueños de creatividad, en medio de un creativo montaje de flashbacks, material de archivo imágenes congeladas, etc,  para un mosaico lleno de referencias y contrastes. Jugando con la deconstrucción como arma arrojadiza.
En “Oslo. 30 de Agosto”, novela ya llevada al cine por Louis Malle (Le Feu Follet), el autor construye los peligros de las adicciones en la Generación Y. mediante instantes fugaces y episódicos, impregnados de melancolía, con protagonista proustiano, que anhela la empatía y trata de eludir la responsabilidad de sus acciones. Bellísimos planos finales de calles vacías. Metáfora generacional de la tragedia de quien se resiste a la intensidad de lo cotidiano, a la aceptación de que todo muta para seguir igual.



Los aciertos de Thelma, son notables. Desde la elección de los protagonistas, capaces de crear esa sensación de extrañeidad en las interpretaciones (soberbia Eili Harboe), manteniendo el tipo en primeros planos lánguidos, inquietantes y de vocacional morosidad narrativa. La barrera de la religión frente a la realización personal es la opción guionística; no deja de ser una opinión de los autores; pero en el caso de la protagonista, es el muro de contención de su embalse interior, a punto de resquebrajarse ante la presencia de la enigmática Okay Kaya (Anja) que despertara su sensualidad (y sexualidad) en un buñuelesco laberinto de visiones místico/oníricas. El descubrimiento de su identidad sexual desata a tormenta interior de Thelma, dormida durante años, a pesar de su sentido del “yo”, totalmente desarrollado como el protagonista de Oslo, 3 de Agosto”.



Después Thelma comienza a caminar por el jardín de senderos que se bifurcan. ¿Es una patología mental el origen de los ataques? ¿Es una enfermedad neurológica pura y simple? ¿Hay algo místico, según le dice su padre, que vio a Dios cuando era niña? ¿Es un fenómeno paranormal equivalente al de su abuela, enclaustrada en un frenopático?
Thelma bebe directamente de los dramas anímicos de otro nórdico. Hay un aliento bergmaniano en esta teología latente que tangencializa con el aura de Tarkosvky, con esos pájaros metafóricos y la sobriedad del tratamiento de la fenomenología, sin olvidar las referencias hitchcockianas de la hermosa secuencia en el ballet.

Joachim Trier cuece a fuego lento su propuesta, la deja macerar en precisos (y preciosos) fotogramas (¡esos picados, esos primerísimos planos!), jugando con la morosidad narrativa como arma, con la recreación sicológica como estética.


La fotografía, bellísima, con el paisaje como protagonista silente, está mixturada con una banda sonora excepcional de Ola Flottum (Natür Therapy, New Donne, Oslo, 31 de Agosto), creada para aumentar la sensación de incomodidad y extrañamiento. Notas electrónicas, largas, sostenidas hasta la náusea, inquietantes que acompañan ese “saber que algo va a pasar” con el personaje. Plena de metáforas, (Thelma imagen crística con los brazos abiertos en el fondo de la piscina), cuajada de insinuaciones muy bien articuladas, de iconos clásicos como el fuego del averno o la edénica serpiente tentadora. La construcción de los padres no es monolítica. Triers no es un buhonero barato, vendiendo clichés para satisfacer a un público sectario y ágrafo. Presenta personajes ambivalentes, sin maniqueísmos, hasta que descubrimos que tienen razones, nada teológicas, para hacer lo que hacen. En el epílogo, la protagonista consigue escapar a su noruego maelstrón particular, volviendo al inicio como el en mito de Sísifo. Una obra fascinante, de escandinava sobriedad. Contenida, en su propuesta y su puesta en escena, con múltiples capas, como una matrioska oferente y oscura. 



jueves, 16 de noviembre de 2017

La increíble historia del violín. Ara Malikian en el Palacio de Congresos de Badajoz

                       









 
Tan solo el violinista de la melena leonina es capaz de comenzar un concierto mixturando a Mozart con El Voodoo Child de Hendrix y de refilón colarnos una “paranoia” como el mismo define algunas de sus composiciones, con evocaciones de Penderecki. Todo esto despues de haber dejado bien claro durante la introducción, y a la vista de los instrumentos en el escenario, que el concepto musical iba a ser más cañero que de costumbre sin renunciar a la marca de la casa: la fusión con fundamento. Después, el Ara de siempre, el que sus fervientes seguidores esperan, comienza con su rutina de mezcolanzas entre el gag visual (imitando los andares de Travolta), el club de la comedia y (ahí les duele a los puristas) una ejecución brillante, sobresaliente, de técnica apabullante y ese “savoir faire” que es el don que los dioses otorgan a algunos artistas. El libanés conduce a su público por la historia del imaginario luthier “Ravioli” que cultivaba rosas y fresas, para ejecutar “Con mucha nata”. 


Un vertiginoso tema de difícil ejecución en su crescendo final, casi epiléptico. No podía faltar ese homenaje a Bowie que es “Life on Mars”, transformado en la magia de su violín en una hermosísima balada. “Broken Eggs” o “comodín número 8” surge de otra anécdota desarrollada entre el humo del cabaret y el desinterés de los parroquianos por lo que no fuera muslamen, pechuga y trinque. Una melodía de prefacio “metálico” que culmina en un voluptuosos epílogo. La historia de la “Campanella” de Paganini sirve también de anecdotario antes de interpretar una soberbia versión donde (sólo Ara podía hacer esto) bromea introduciendo notas de “Los Pajaritos” en el movimiento final del Concierto nº 2 . Rondó. Un pasaje exigente, intrincado, con paradas dobles y el arco rebotando constantemente.
 Sabedor de los gustos de sus seguidores, no podía faltar su historia sobre Led Zeppelin, su padre, los pósters de la pared y demás parafernalia, antes de atacar de forma soberbia su interpretación de ese icono musical.



El “Misirlou” de Pulp Fiction fue ampliamente celebrado por el público (coreografía travoltiana incluida). Los instantes mas “serios”, quizá los más intensos para el que suscribe fueron 1915, ese homenaje sonoro, ese estallido de dolor, poema musical al tiempo que denuncia del genocidio armenio, o ese Vivaldi que “quitaba el sentío”, o ese electrizante epílogo donde dejó de lado su acostumbrado “Aria en G” para mostrarnos como se interpreta a  Bach, (con su habitual paseillo), aunque uno vaya vestido de Matrix y los dos bellezones (chelo y contrabajo) parezcan recién escapadas de una lámina gótica de victoria francés. El “Vals de Kairo”, homenaje a su hijo precedido ¿cómo no? de desternillante anécdota es uno de los momentos  más intimistas de sus conciertos. La hermosa melodía, por la que planean notas chaplinianas y sesiones de cinemas paradisos, es de una belleza electrizante. Ya comenté en otras reseñas que el Malikian compositor no debe menguarse ante el ejecutante. 

Sus obras son de una calidad pasmosa. El esfuerzo físico es considerable a lo largo del concierto y resulta difícil creer que se pueda mantener una técnica tan asombrosa en medio saltitos epilépticos (casi un baile de San Vito). Pero ahí estaban sus increíbles agudos, sus roqueros riffs, sus chirriantes notas, los pizzicatos certeros, sus sostenidos. Ahí estaban todos los músicos pasándolo de miedo (ellos disfrutan tanto como el público) y ahí estaban, también, los años de estudio, las falanges rotas, las noches interminables con callos en las pulpas, para demostrar (lo lamento por los puristas), que el sentido del espectáculo y la calidad técnica no son enemigos irreconciliables. Que no es necesario un frac y un rostro de estreñimiento crónico para atacar una obra de grandes requerimientos técnicos como “Campanella”, que sirviera de inspiración a Liszt. Los añadidos elegidos para este concierto, la guitarra del veterano Tony Carmona (Serrat, Sabina, etc), y un bajo eléctrico en manos de la eficiente Tania Abad, aportan nuevas texturas y enriquecen la armonía, sobre todo porque (a diferencia de otras formaciones), el sonido está en el plano y el volumen adecuados sin estridencias, ni distorsiones. Añadan la precisa y limpia  percusión de Héctor “el turko”, el soberbio chello de Cristina López, el exotismo instrumental de Nantha Kumar y las imprescindibles cuerdas de Humberto Armas y Jorge Guillén con su violín de 1776. Detrás de estos músicos hay mucha tela que cortar, mucho camino recorrido y mucha formación. Eso se percibe en la precisión, el sonido y el amor que ponen en cada pieza. Y nosotros que lo disfrutemos. 
Otras reseñas de Ara Malikian en este blog:

lunes, 13 de noviembre de 2017

XII FESTIVAL DE CINE INÉDITO DE MÉRIDA. 16 AL 25 DE NOVIEMBRE

                    

           







La edición número XII del, ya asentado, Festival de Cine Inédito de Mérida, apuesta por ofrecer a los aficionados, cine de autor en estado puro. Para ello la selección de películas trata de “radiografiar el continente europeo”. Primicia el Festival con una aportación noruega. Thelma (candidata a los Oscars), un thriller paranormal de Joachim Trier (Louder Than Bombs (2015), Oslo, 31 de Agosto (2011), donde lo sobrenatural se mixtura con el drama íntimo y el viaje de iniciación al mundo adulto, al sexo lésbico, lucha contra las propias creencias y  secretos inquietantes de su ultrareligiosa familia. 

Excelente trabajo fotográfico de Jakob Ihre (El Amor es más Fuerte que las Bombas, Quitters) y una  inquietante banda sonora de Ola Fløttum, el compositor noruego, ex miembro de los grupos “The White Birch” “Salvatore”  que colaborase en Films como: Reprise, Oslo, 31 de agosto, Turist y Mot Naturen. Un viaje iniciático y sobrenatural, casi bergmaniano, apoyado en la contundente interpretación de Eili Harboe y un paisajismo absorbente que causa sensación de ajeneidad.
“Custodia Compartida’, de Xavier Legran, Premio del Público al Mejor Filme Europeo en el Festival de San Sebastián 2017,  también forma parte de la programación. Una película dura, terrible, sobre los efectos del maltrato y la justicia. Como curiosidad reseñar que una de las primeras incursiones del director en el cine, fue en el papel de uno de los niños de "Au revoir, les enfants" (1987), la mítica cinta de Louis Malle sobre las penurias de los chicos judíos durante invasión nazi en Francia. La película consigue verdadera empatía con las víctimas y Denis Ménochet, actor escabroso y membrudo donde, quien a través de una sutil mirada o un mero gesto corporal, traslada la máxima tensión, la inmutable amenaza. Thomas Gioria se erige en el verdadero protagonista de la función. Una interpretación rebosante de matices la de este joven. Utilización de la elipsis, la tensión insufrible y el fuera de campo para una película de género. Verdadero terror.

La veterana londinense Sally Potter (Orlando, Los Buscadores de Oro, La Lección de Tango), presenta un film sobre secretos que salen a la luz. En “The Party”, nos acerca una comedia negra sobre verdades, mentiras, secretos donde no queda títere con cabeza, todo en esplendoroso blanco y negro, pleno de un humor disparatado, donde la doble moral es la marca de la casa. Atención a Patricia Clarkson, el inestimable Bruno Ganz o Cillian Murphy en estado de gloria. (sin olvidar a Kristin Scott Thomas. Una pieza de cámara, un huis-clos sobre el desencanto, casi un vodevil pleno de crítica donde las relaciones se hacen añicos.

El thriller egipcio The Nile Hilton Incident’, arrasó en la Seminci. Un clásico de género en clave egipcia., que desfila por los ghetos o las zonas modernas de El Cairo. Un policía antihéroe, que no es ningún angelito, pero mantiene un trasfondo de dignidad. Situado en los previos a la “primavera árabe” con una excelente composición del policía protagonista por parte del libanés/sueco: Fares Fares., que; jugando con los tópicos del género; saca adelante una novedosa propuesta, apoyada en la formidable fotografía y el cautivador montaje. Cine negro militante. ¿Quién da más?


 Phillipe Garrel regala en apenas 75 minutos un ensayo sobre el amor y sus dificultades. “Amantes por un día” presenta un triángulo formado por un profesor, su alumna y la hija de éste que se muda a vivir con ellos y tiene su misma edad. Blanco y negro, encuentros y desencuentros, depresión, fidelidad, intento de suicidio, mucho clásico del francés de los 70: grano en pantalla, voz en off, mucho exterior. En fin, l´amour….
Loving Vincent” es un atípico biopic de  Dorota Kobiela y Hugh Welchman. Un impresionante trabajo de animación al estilo de los lienzos de Van Gogh. El primer largometraje pintado del mundo. Una experiencia para los sentidos, con dibujos hechos a mano que nos introducen en el delirante universo del pintor  neerlandés. Casi siete años de trabajo para una indagación detectivesca sobre una maravilla visual.

Leonor Serralle debuta en el largo con “Jeune Femme” con gran interpretación de Laetitita Dosch en u n personaje pintoresco y neurótico. Mucha cámara en mano (a lo Dardenne), momentos semidocumentales y la belleza de los barrios parisinos. Puramente francesa en interpretación y atmósferas (Emile Noblet en la fotografía)  con final abierto en una película por y para mujeres. Destacar la banda sonora con Jazz de Julie Roue y música electrónica gabacha. Las 6 pistas compuestas para la ocasión evolucionan entre referencias electro clash, pop sintético, rock y folk de los años sesenta y canción francesa. Piezas que encapsulan el espíritu de lugares y estados de espíritus atravesados ​​por el personaje de Paula.
La aportación española “El Autor” de Manuel Martín Cuenca” se basa en la admirable interpretación de Javier Gutiérrez en el retrato de un perdedor, con relaciones sociales fuera de la zona de confort, capaz de sorprender, de atrapar al espectador en la turbiedad de la trama, de hacerlo reír en un universo lleno de mala leche, una comunidad de vecinos plena de insanía (memorables Antonio de la Torre o la portera de Adelfa Calvo). Y con títulos de crédito de José Luis Perales...imposible un universo más desquiciado.

Se complementan las proyecciones con “Human Flow”, el documental sobre la crisis de los refugiados de Ai Weiwei.
Una visión a escala mundial de la crisis, no exenta de épica, empezada a grabar con un Iphone. Filmada en distintos países es un testimonio vergonzoso para la humanidad, llena de contrastes visuales en sus 40 minutos, donde imágenes de gran belleza contrastan con la miseria y el dolor de los refugiados, utilizando drones y steadicam de alta gama. Un testimonio imprescindible y desgarrador.

Destacar una actividad paralela de enorme interés cultural. El concierto inaugural de la Joven Orquesta Ciudad de Mérida, que se realiza en colaboración con el Instituto de la Juventud de Extremadura (IJEx) y en el que interpretarán fragmentos de diversas bandas sonoras.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Orquesta de Extremadura. y Coro de Cámara de Extremadura. Sinfónico 3. La Revolución Francesa y las Cortes de Cádiz.




Para este tercer “Sinfónico” de la Temporada, la Orquesta de Extremadura rememoró la guerra entre Austria y Francia tras la revolución francesa con la Misa nº 10 en Do Mayor o “Missa in Tempore Belli”, (Misa en tiempo de guerra), tal como se encuentra en el manuscrito autografiado por el propio compositor vienés. La otra partitura es la Sinfonía que Beethoven estrenara para un concierto de caridad para soldados heridos: Sinfonía nº 7º  en la mayor, op. 92.

La orquesta acometió lenta y sosegadamente el primer movimiento, uno de los más largos compuestos por el alemán, bajo la certera dirección de Víctor Pablo Pérez, cuyo lenguaje corporal semeja acompañar la intensidad de los diversos cambios de ánimo de una obra, que es esencialmente expresión de sentimientos y ha dado lugar a controvertidas interpretaciones. Música pura, sin coartadas descriptivas, sin la búsqueda de evocación, de imaginería, que carga con el lastre de haber sido compuesta después de la programática “Pastoral”. Un ritmo reiterativo y obstinado, basado en el pie dáctilo, que hace emerger el espíritu vitalista de la Sinfonía, teñido de influencias pastorales y canciones populares germanas (La Danza del Abuelo. Siglo XVII), sublimadas al estilo “guerriero” (casi una siciliana acelerada).

Después la orquesta pasa al allegretto, memorable y noble, teñido de sutil melancolía. Una obra extraordinaria de estructura modélica, simplicidad y perfección. Aquí la melodía, de reminiscencias célticas y pie dáctilo lento, (claramente perceptibles en el dúo), pasa a ser una mera espectadora, convertida en línea que juega al contrapunto con las demás voces, deviniendo en anécdota, un poco solapada por la fuerza de los acordes lentos, el patrón rítmico riguroso y la armonía etérea. El segundo movimiento es de una intensa y misteriosa melancolía que la orquesta acometió con hondo sentimiento y depurada técnica, obteniendo un instante mágico. 


Unas variaciones dibujadas con sentimiento arrebatador, donde se van incorporando los instrumentos como gemidos. Cuando esta presente toda la orquesta se intercala un nuevo tema, cellos y contrabajos contra los tresillos de los violines en un movimiento arrebatadoramente romántico. Los diversos grupos instrumentales recorren este motivo triste hasta llegar al vibrante tutti orquestal. Nuevamente la inspiración escocesa en la balada (Oh! Tell Me, Harper)

El tercer movimiento es un Scherzo, en forma ternaria, con influencia de los himnos religiosos de peregrinos de la Niederösterreich (Baja Austria), tema de raíz popular que se sostiene sobre un pedal de los violines. Un brinco de alegría desatada convertida en danza.
Para el prodigioso “finale” (Allegro con Brío), una dionisiaca melodía que los instrumentos acometen plenos de energía en húngara danza frenética (se acusó al compositor de estar ebrio al componer este movimiento). Este movimiento en forma de sonata se supone representa la furia del dios Baco (vaya usted a saber porqué) Una exposición sobre un tema irlandés (La Sabia Nora) de corte marcial. Para el que suscribe; una catarsis final; un cierre profundo y perfecto, compartida por todo el respetable con numerosos aplausos. Una coda brillante después de los acordes graves y oscuros del desarrollo.
 

                                        Missa in Tempore Belli

Los movimientos “Benedictus” y “Agnus Dei”, contienen referencias a la batalla y la obra también es conocida como “Paukenmesse” en base a la dramática intervención de los timbales y metales en la última sección de la misa, unos sonidos militares que se mixturan casi con una oración por la paz. El hermosos Kirie se abre como una sinfonía en forma de sonata, donde ya se apreció el excelente empaste de las voces del Coro de Cámara de Extremadura para un Largo/Allegro Moderato para Isabel Monar y Marina Rodríguez Cusí, donde el “Kirie” adquiere más importancia que el “Christie Eleison”, con tan sólo cuatro compases. Durante el “Credo” se aprecia el sentido de la estructura Haydiano y el coro se une antifonalmente a los solistas, con una interesante parte en obbligato para el chelo, que también tiene un momento intensamente emocional tras el potente  Gloria, de amplio lucimiento para el barítono (Qui Tollis Pecata Mundi)


Es apreciable el uso de los timbales, (Pauken, en alemán) un instrumento que Hadyn rescata del uso acostumbrado, que consistía en agregar efectos dramáticos a las trompetas y acordes de metal, a lo que el compositor (también timbalista) comienza a añadir nuevas posibilidades como en sus obras “Sinfonías nº 100/103”, esta última conocida como "Drum Roll".
En la cuerda del adagio del Sanctus, con ese bajo de estilo barroco, se encuentra el mejor Hadyn, pasional, capaz de retomar en ese hermoso “Benedictus” la intensidad dramática, tras unos compases “heroicos” y desgranar, jugando con las voces (en símil de pizzicato), por debajo de la melodía de la soprano en un efecto de una perfección deslumbrante.
Para Hadyn el proceso de composición estaba vinculado a la espiritualidad, llegando  incluso a componer con un rosario en la mano. Añadamos la libertad de creación que le proporcionaba ser el músico más aclamado de la época La belleza de esta obra es un sublime legado que los solistas acometieron con perfección técnica y sentimiento. La Missa in tempore belli tuvo lugar el 26 de diciembre de 1797 en la Primitae (primera celebración de la Misa) del sacerdote recientemente ordenado Joseph Franz von Hofmann.
Haydn toma la opción poco ortodoxa de comenzar el Benedictus en el modo menor, y las notas de octava staccato sigilosamente furtivas en la introducción orquestal aumentan el estado de ánimo bastante inestable.
Haydn ofrece su propia resolución musical para el conflicto en la conclusión de 'Dona nobis pacem', donde el coro al unísono proclama 'pacem' ('paz') y el sonido de las trompetas.

Quizás la parte más intensa es ese “Agnus Dei” en F Mayor que comienza con un susurrante y espiritual adagio, con empleo emocionante de los vientos para culminar en mas presto “Dona Nobis Pacem”, absolutamente atípico desde el concepto litúrgico, Más cercano a lo épico;  dibujado por la coral con gran conjunción y una hermosísima paleta de colores. Certeras y plenas de sentimiento las intervenciones de los solistas: Isabel Monar, Marina Rodríguez-Cusí, el extremeño Víctor Sordo y Sebastiá Peris, en una partitura que no esta escrita precisamente para su lucimiento, dadas las breves intervenciones. Un excelente concierto de la Orquesta de Extremadura, el Coro de Cámara de Extremadura, dirigidos por  Víctor Pablo Pérez.

 

martes, 7 de noviembre de 2017

La Torre. Aran Dramática. 40 Festival de Teatro de Badajoz


                                




Cuando el genial aragonés pintó dos gañanes, enterrados hasta las rodillas, solucionando sus cuitas a garrotazos, ignoraba que estaba efectuando una radiografía; certera y punzante; del hispano per secula saeculorum. Ninguna iconografía más acertada para ese cartel (diseñado por el director) para la obra,que se incardina dentro del corpus dramático de Eugenio Amaya. Una dramaturgia ¿trilogía o tetralogía?, con calado social, espejo de la desoladora situación en que habitamos, ya sea el “pelotazo” inmobiliario (La Torre), la corrupción política, las herencias, la recalificación urbanística (Demolition), la financiación ilegal (Anomia) o las repercusiones en el núcleo familiar de una sociedad sin valores.(En Familia), que ya fue reseñada en este blog:


http://elgabinetedekaligari.blogspot.com.es/2015/10/en-familia-aran-dramatica_27.html


No cabe duda que la compañía y el autor optan por un teatro comprometido, a pie del cañón. Alimentándose de los parámetros del teatro documental de Peter Weiss y su “estética de la resistencia” o las influencias del “Teatro Político” de inspiración marxista de Erwin Piscator o la dialéctica épica de Bertolt Brecht, a la sombra del teatro independiente  y su obligación con la sociedad. Un teatro de compromiso, desgraciadamente, mucho más usual en países anglosajones.


También los escenarios del dramaturgo forman ya parte de sus propios estilemas y obsesiones. El claustrofóbico y espartano sótano de “Anomia” o el desolador páramo del extrarradio en “La Torre”. En el caso de “En Familia”, el ambiente opresivo nace del mismo núcleo familiar, aparentemente “normal”.
Claudio Martín (Coriolano, En Familia), diseña ese decorado periférico, páramo poligonero con troncos que simbolizan el yermo interior del promotor Márquez y el divorciado Pérez. Convertido en desolador cosmos donde se enfrentan en un duelo denso, de alta calidad literaria (quizás excesiva en algún instante), para destilar dos formas diferentes de enfrentarse a la propia decadencia y a la mutua necesidad.


Jorge Moraga se bautiza con pulso firme en su primer texto de larga duración, donde se respira la complicidad con el equipo y los años de trabajo juntos. La esgrima interpretativa y verbal consigue que la obra se convierta en un continuo devenir, pleno de matices y giros, que estos dos contundentes actores extraen con  solvencia de un texto al que insuflan vida durante la hora y media de la función. Quizás algo más de movimiento escénico sería la guinda del pastel. Pero no es más que una opinión de espectador embelesado. Una obra certera, un dardo envenenado al corazón de una sociedad donde la picaresca de antaño se ha convertido en gualtrapía. Donde el esfuerzo ha devenido en medradores, abrazafarolas, monaguillos y palmeros de  guardarropía. Un paisaje humano de trileros de cuello blanco, mentecatos con aforamiento y felones con suplementos en la nómina, pagada por todos los ciudadanos. Una paleta tan desoladora como ese paisaje, donde los personajes habitados por Cándido Gómez y Quino Díez son trasuntos de los gañanes que pintara Goya. Excelente trabajo.

Javier Mata, diseño de iluminación; Pepa Casado, caracterización y maquillaje; Pedro Martín-Romo, música; Koke Rodríguez, diseño de sonido y Manuela Vázquez, producción ejecutiva.

lunes, 6 de noviembre de 2017

14 Edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla. Teatro Lope de Vega/ Teatro Alameda/ Cines Nervión




       

Una inmensa claqueta que se desenfoca en  los extremos, anuncia en la Alameda de Hércules, entre otros lugares, la 14 edición de un Festival que, a simple vista; regala una programación apabullante en sus diversas secciones. Reseñar este cartel es poco menos que imposible, por lo cual nos detendremos en las diversas secciones a paso ligero. Lo primero que llama la atención es la presencia del cine oriundo. 29 películas poseen la marca Andalucía. Propuestas que van desde el genero biográfico con Caballo de Viento, la interesante investigación sobre la película que Dennis Hopper rodó en Perú y que fue rechazada por demasiado experimental, o el excelente trabajo de Kiti Manver en “Las heridas del Viento”, adaptada desde la obra teatral, con banda sonora de la italiana Mina. Una obra en torno al concepto del amor con camaleonismo de la protagonista. La historia de la compañía independiente Teatro Estudio Lebrijano nos retrotrae al papel que la cultura desempeñó en la lucha antifranquista. “Más allá del escenario” es un documental imprescindible sobre retazos desconocidos de nuestro pasado. El compromiso de “Danza Mobile” con el desarrollo integral de personas con discapacidad, utilizando el arte como arma, lleva a “Que Nadie Duerma”, donde la construcción de su obra “En Vano”, sirve como pretexto argumental para una obra que “No trata sobre la danza, ni tampoco sobre la discapacidad”. En “Guajira”, el viaje real o imaginario) entre Cádiz y las Americas, para homenajear los cantes “de ida y vuelta”. En la sección de cortos la muestra ofrece, entre otros “The Resurrection Club”, para mostrarnos a personas inocentes condenadas a muerte  después declaradas inocentes. 
Una interesante proposición la de “Finis Gloriae Mundi” por su atipicidad: el trabajo de un restaurador sobre un órgano del XIX en una iglesia sevillana. El oficio, casi desaparecido del "afilaó", tiene su rincón en el cortometraje del mismo título. Complementan otros cortos como “Problemas en el guión”, “Ayer o Anteayer”, “Cachorro”, etc.
La cinematografía lusa tiene su espacio rememorando la creación de Maragarida Cordeiro y António Reís, pero añadiendo a compatriotas del nivel del mítico Manoel de Oliveira (Acto da Primavera) o Paulo Rocha (Mudar e Vida). La obra del matrimonio portugués estará representada por obras como “Rosa de Areia”, preñada de amor por la literatura, el surrealismo de “Ana”, o su renovación del lenguaje  cinematográfico “Tras-Os-Montes”. Un repaso por la original creación de este director, escultor y poeta.


La sección “Senderos que se Bifurcan”, se presenta como una exploración más allá de la realidad. Situaciones que alteran lo cotidiano hacia dimensiones ocultas. Extrañas situaciones como la que presenta la croata “A Brief  Excursión” o el último experimento de Zulawski (Cosmos), propuesta audaz, de anacrónico y violento lenguaje. Ucrania presenta el film de ira Muratova “Eternal Homecoming” , un brillante ejercicio de estilo sobre el mundo de los actores, un eterno retorno con uso de blanco y negro y coloreado en sala de producción, cambiando de tono y esculpiendo el tiempo. Desde Francia llega “La Fille de Nulle Part” de Jean-Claude Brisseau. Un ejercicio de minimalismo con referecias de Godard o Eustache, anclada en torno al misterio. La aportación lusa es “O Ornitólogo” dirigida por Joâo Pedro Rodrigues, un habitual de los festivales. Una cinta donde nada es lo  que aparenta con referencias pasolinianas y blasfemas. El Mapa del Corto español es una selección de cortometrajes destinados a elegir un dream team de cortos en cada comunidad autónoma. Esta iniciativa irá de gira por las diversas autonomías. Para este estreno en Sevilla llegan obras como “Morning Cowboy”, “La Jaula”, “Las Reglas del Subjuntivo”, “Un Minutito”, entre otros excelentes cortos patrios.


El plato fuerte, la Sección Oficial. Mathieu Almaric y su “Bárbara”, acercarán a un juego de espejos, fiel, sorprendente y vertiginoso. “A Violent Life” de Thierry de Peretti, un espinoso viaje hecho puzzle, de áspera fotografía. Les Gardiennes, con música de Michel Legrand es un sobrio drama, sorprendente, donde las batallas se libran lejos de casa, plena de emociones de mujeres en un mundo de hombres que llega de la mano de Xavier Beauvois.  “Little Crusader” del checo Václav Kadrnka, casi una road movie del medioevo en formato 4:3. Minimalismo, frialdad emocional y metáfora se dan la mano. Juliette Binoche protagoniza “Un Sol Interior” de Claire Denis. Una agridulce comedia, con cambio de registro en la realizadora sobre la coreografía del amor, las relaciones y la actitud masculina. Completan esta sección ofertas tan interesantes coo “Western” de Valeska Grisebach o “Zama” de Lucrecia Martel, entre otras.


Pero como dije la progrmación es tan extensa (e intensa) que lo mejor es hacerse con el calendario de proyecciones y actos que se complementan con homenajes a Kiti Manver, Hermanos Taviani o Trini Dyrholm. Más de 200 títulos a elegir, títulos españoles ( Bajo la piel del Lobo, Oro, Algo muy Gordo, etc), Animación Británica Hoy, Encuentros y Charlas, Seminarios y Cursos, Exposiciones o la presentación de un libro sobre Michael Haneke, entre otras muchas actividades de este Festival. No se lo pierdan.










miércoles, 1 de noviembre de 2017

Don Juan Tenorio. Hermosa revisitación de un mito. De Amarillo Producciones. 40 Festival de Teatro de Badajoz






La iconografía clásica de este drama, nos remite a la época elegida por Zorrilla para situar sus personajes: los últimos años del emperador Carlos V (1545). En una Sevilla bulliciosa, plena de picaresca y rufianesca, pero con una iconografía (y un aliento) mucho más acorde con el siglo en que vivió el autor, que con la calza corta, la jarretera, los jubones acuchillados o cruces de Calatrava del original. El mito de Don Juan encuentra más similitudes con el hálito enfermizo del Romanticismo que con el áureo siglo de hidalguía y picardía. El carácter del protagonista bebe de las fuentes de un romanticismo de manual. Es subversivo y tentador. Un arrogante que se encuentra con el ideal romántico de la pureza, del amor eterno y la redención, bastante alejados de los conceptos del decimosexto siglo, enfrentado a la tradición medieval que representa Don Gonzalo. 

Añadamos un amor “fou”, lejano a la  cordura, y el trágico final de un romanticismo arrebatador. Por esto ha sido todo un acierto que De Amarillo Producciones, opte por una evocadora vestimenta esproncediana (Luisa Santos), y estilizada para este convidado de piedra. La misma estructura del drama, rompiendo la regla neoclásica, alejándose de las tres unidades, sin respeto a la unidad de acción o al cauce temporal, unida al grandilocuente ejercicio en los ripios, la polimetría del verso, que contribuyen; no escasamente; a la familiaridad con la obra, acerca más a esa tormenta creativa e imaginativa dieciochesca.
¡Cual gritan esos malditos! Nunca un verso fue tan fácilmente reconocible y equivocado (cuán)  como el primer verso de Don Juan Tenorio. La compañía opta por una adaptación bastante fiel, en la que Miguel Murillo ha respetado el verbo original. Desaparecen en el primer acto los personajes de Centellas y Avellaneda, siendo sustituidos por un coro femenino enmascarado, acorde a la época festiva. 
También desaparece el personaje de la tornera del Convento, que no aportaba demasiado a la historia. La escena IV con Don Luis y Doña Ana también innecesaria desaparece, dando Don Luis las explicaciones sobre la llave en monólogo. Por último la aparición de Doña Inés tras la cena a Don Juan, tampoco se produce. La escena XI, según indicación del propio Zorrilla, con Inés y Brígida descubriendo los cadáveres, puede ser suprimida.
La escenografía modular es acertada y funcional, una rampa, una mesa, una celosía, que se van transformando acorde a las situaciones, aprovechada y exprimida en todas sus posibilidades, apoyada por la potente luminotecnia
El carisma de los personajes nace de las potentes interpretaciones de todo el elenco, Guillermo Serrano compone un personaje poliédrico, atormentado, que oculta bajo la máscara de la infamia, el deseo de un amor redentor, manteniendo el ritmo narrativo y gestual durante toda la representación, llegando a crear un personaje cercano y con cierta empatía, pese a sus villanías. En las antípodas del siniestro personaje que refería el “Don Juan” de Mayorga/Portillo. Una renovación del mito que parte más del lenguaje gestual, el ritmo interno, las pausas, los matices que de cambios en la versificación. Uno de los aciertos es la sublimación del verso hasta el punto de que casi desaparece rítmicamente, coqueteando con la prosa, jugando con el timing y el ritmo interno. Ana Batuecas, habita con certeza la piel de una mujer enamorada del "yo interior" del conquistador. 
Memé Tabares; dicción clásica, potente emisión de voz; maneja con soltura los apartes y la complicidad con el respetable. Dibuja una suerte de trotaconventos, una Brígida rica en recursos y matices vocales. Francis Lucas en el personaje de Ciutti está sembrado, compone un buscavidas simpático de bandolérica y hachada patilla, con gran dominio de la expresión corporal. Eficiente, Juan Carlos Castillejo, que borda al mundano tabernero (Bufarelli). Javier herrera, recrea al intransigente padre del calavera: Don Diego Tenorio. Gema González, pese a la brevedad de su papel, compone una encantadora y divertida criada Lucía. El eterno rival (y espejo) del burlador; Luis Mejías; está interpretado con eficiencia por Fermín Núñez. La abadesa de las calatravas es Elena de Miguel y Don Gonzalo de Ulloa es interpretado con solidez por Rafael Núñez.  

 En el epílogo, coreografía con influencias de Magritte. Una “Santa Compaña” envuelta en sudarios faciales asciende por la escalera en un instante de una belleza plástica y sobrecogedora. Este Don Juan es una experiencia visual harto recomendable.

Lo mejor: Las certeras interpretaciones de todo el elenco. La belleza de la escenografía, apoyada por las luces y el vestuario.

Lo peor. La colocación de los altavoces ocultaba en algunos instantes la emisión de voz. Que seguimos siendo una ciudad parca en aplausos. Un espectáculo de este nivel, con sabor intensamente extremeño, hubiera merecido mucho más calor.





miércoles, 25 de octubre de 2017

MARAT/SADE de Atalaya. La locura como ejercicio de cordura. 40 Festival de Teatro de Badajoz

                            





Desde que Adolfo Marsillach estrenara en 1968 este Marat/Sade, los fantasmas a los que se enfrentaba se han retroalimentado, se han modernizado. De aquella  sociedad garbancera, de amplia grisura espiritual, han evolucionado y habitan otras pieles. Pero su discurso continúa siendo el mismo. “Atalaya” da otra vuelta de tuerca a la excusa argumental del asesinato de Jean Paul Marat para conducirnos por el jardín de senderos que se bifurcan.
Sade organizaba veladas teatrales a las que acudía la burguesía. Partiendo de esta esperpéntica realidad, la compañía realiza un juego de espejos al que nada humano le es ajeno. Por el escenario pasea el disparate valleinclanesco, la parodia; inspirada en el burlesque de los temas musicales, el expresionismo de los juegos de luces contrapicadas y de sombras, el look kaligariano ¿o timburtoniano? de Sade, la crueldad de Artaud, el vodevil pervertido o las comedias de puertas, en este caso sustituidas por una división modulable de las mortajas/sábanas que señorean el escenario como un ser que se alimenta de la sintaxis brechtiana.
“Sin libertad no hay igualdad”, pero también “Para que sirve la Revolución, sino hay fornicación”, son los dos extremos en los que se mueve la tesis de estos enfermos mentales que se acompañan al acordeón para preguntar a la sociedad cual es la mayor locura. Modélico el juego escénico donde lo poco se transforma en mucho. El parco escenario es utilizado con sabiduría en un juego constante donde las  cortinas evolucionan en columnas, en habitáculos, sudarios, o sirven de pared para diferenciar los mundos. Una silla, la intermitente bañera rodante de Marat y un artefacto-puerta, consiguen un  juego dinámico y enriquecedor al que se suma un piano utilizado para llevar el compás en determinados momentos. Metáfora de esa lucha eterna entre el individuo y la sociedad, entre el bien común y el goce individual, descrito en soberbios diálogos defendidos con técnica y visceralidad por Manuel Asensio (excelente dicción), en el rol de noble libertino (se han eliminado los asuntos más espinosos del original,) y Jerónimo Arenal (gran vis cómico/burlesca), interpretando al ampuloso jacobino autor de la “Declaración de los Derechos  del Hombre y del Ciudadano”.


Peter Weis presenta un orate con un elevado nivel intelectual, un filósofo cuya insanía no resta persuasión a su discurso que casi consigue apagar el de Marat, aunque este se apoye notablemente en el coro de dementes revolucionarios. Ricardo Iniesta maneja  los  hilos ¿o las cortinas? de este pandemónium donde la locura oculta una cordura y una claridad metateatral y contemporánea que se permite algunas referencias de latente actualidad.
El montaje es modélico, con aprovechamiento de medios y exprimiendo al máximo los recursos visuales y dramáticos. El juego de espejos presenta una panoplia de personajes variados y pintorescos. La enferma/sonámbula transmutada en la homicida girondina Carlota Corday, es interpretada con solvencia por Silvia Garzón, en un trabajo de esforzada expresión corporal destacar también el incendiario sacerdote libertario Jacques Roux (notable Raúl Vera).






Este juego, esta poética metateatral con estética de luces y sombras, deja un mensaje sobre la locura, el arte, la impostura o la quimera de las ideologías, teñidas de una contemporaneidad palpitante, disfrazada de musical surrealista, exprime soberbiamente la expresión corporal, mixtura la técnica del clown con la sintaxis brechtiana, presiona la cuarta pared hasta hacerla estallar ante el espectador e involucrarlo y hacerle tomar postura, bajo la batuta omnipresente del demiurgo de pelos electrizados. Hasta hacerlos comulgar con la duda y el escaso límite entre o ilusorio y lo real.
Obra seminal del siglo XX, este desfile de internos de Charenton, imaginado por Peter Weiss, presenta a la sociedad sus vicios y virtudes con precedentes tan ilustres como los montajes de Marsillach (1968), Animalario (2006) o Miguel Narros (199), o la propuesta de los gaditanos Carrusel Teatro, no se presta a las modas ni a las etiquetas. Atalaya tampoco lo ha hecho. La compañía andaluza ha destilado el jugo primordial  del mensaje, transmutándolo con la alquimia de su versión, dejando intactos los temas universales, llenándolos del humor negro de las composiciones de Luis Navarro y obligando a la platea a mover pieza en esta partida de ajedrez atemporal.




Se trata, realmente, de un “ménage à trois”, un juego dialéctico. el autoritarismo es personificado por el alcaide “Abbé de Coulmier”, interpretado el actor cacereño Joaquín Galán. Una visión del mundo a tres bandas: la del cansado e incrédulo Marqués, el utópico y verborréico Marat y el orden establecido, que desea permanecer así, simbolizado por el cargo oficial. Divertida y con gran poder escénico; Carmen Gallardo; ejerciendo de maestro/a de ceremonias, que se desenvuelve por la laberíntica escenografía ideada por Pepe Távora (si señor, hermano de Salvador), vestida por Carmen Giles y maquillada por Manolo Cortés. La expresionista luminotecnia (diseñada por el propio director), corre a cargo de Alejandro Conesa con un trabajo reseñable que destaca las coreografías creadas por Juana Casado. Completan el elenco José Ángel Moreno, un divertidísimo “cartoon” que encarna al maníaco libidinoso Duperret, Lidia Maudit (Rossignol) y María Sanz (Simonne Evrard), todos con notable dominio de la expresión corporal.



Este Marat/Sade de Atalaya es un espectáculo con mayúsculas donde el absurdo se da la mano con el respeto a un tótem teatral. Un juego de cajas chinas donde se exprime esa comunión actor/público que propugnaran Artaud y Grotowski, ese desleimiento de los límites entre escenario y platea como una ceremonia iniciática, que obliga a implicarse al espectador y tomar partido. La antipsiquiatría de los 60 también sobrevuela sobre el escenario. Brech está presente con el efecto de distanciamiento, las canciones, los recuerdos, la ruptura de la línea dramática, la alteración de la secuencia cronológica. Meyerhold y su biomecánica/simbolismo, sobrevuelan con su concepto fantasmagórico y grotesco. Incluso podrían hallarse semejanzas con el teatro/documento (Teixidor, Benet, etc.) y su compromiso político. El texto juega, mezclando las dos convenciones ideológicas con las concepciones dramáticas aplicadas, para sacudir al espectador.
Anclada en lo universal como ceremonia con la coartada de lo burlesco, esta versión de Atalaya y Ricardo Iniesta es una propuesta imprescindible, donde la austeridad formal camufla la riqueza de la propuesta, donde el contexto histórico disfraza la atemporalidad de los temas, donde la dialéctica se presenta con el disfraz de la estética, donde lo grotesco cela la lucidez del discurso, que juega a la iconoclastia satirizando con el cuadro “La Muerte de Marat”. Una invitación para aventurarse por los senderos más espinosos de la sociedad, la dialéctica hegeliana, el materialismo histórico, lo colectivo y lo  individual, la honestidad y la degradación, la religión, o la muerte en un prodigioso juego de pugilismo verbal/visual que ningún amante del teatro debería perderse. Eso sería un verdadero ejercicio de Sadismo.