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jueves, 25 de mayo de 2017

XXVIII Festival de Teatro Clásico de Cáceres

                                    
 


La oferta del XXVIII Festival de Teatro Clásico de Cáceres se asienta en su propuesta de dramática al aire libre. Del 5 de Junio al 2 de Julio, se recreara la taumaturgia de la palabra, la alquimia del verbo del Siglo Áureo, invadiendo como un intenso perfume, las plazas cacereñas. El milagro del instante habitado. La vuelta a lo que ya fuese con aportaciones novedosas, vanguardistas y respetuosas. En la noche cacereña el vocablo, palpitante y revelado, se apodera de los medievales callejones y de las piedras centenarias. Las Plazas de las Veletas y de San Jorge, comparten con el Gran Teatro esta cita señera y anhelada por el aficionado, que llega habitada de obras míticas, surgidas de la pluma de los más respetados autores, en versiones contemporáneas, rompedoras y enriquecedoras.



La novia de Don Quijote.
Una propuesta iconoclasta que llega de la mano de Jose Luis Esteban. Una Dulcinea hastiada, plena de descreimiento e ironía, alejada del personaje cervantesco, que se rebela, que ya no vive sus mejores años y que porta a sus espaldas una mesa con mantel a cuadros. Un escenario desnudo, un mantel que bien puede convertirse en sombrilla, un traje de hidalgo omnipresente sobre un galán, Un monólogo para el lucimiento de la actriz Mercedes Castro (Cuéntame como pasó, Hospital Central), en torno a la identidad de Aldonza Lorenzo, vampirizada por el personaje literario.
“A ver que hago ahora con mi vida. Porque a partir de ahora, mis esperanzas de casarme como Dios manda están, casi, tan muertas como el señor caballero. A ver quién es el guapo que casa con un mito. Pero es que yo no son un mito, soy de carne y hueso. Y estoy sin estrenar, con la tontería de ser la novia de alguien que es muy famoso, pero que nunca me vino a ver o a tocarme. Como novio, don Quijote es un caso. Cuanto más te quiere, más lejos está de ti.”



Música en Plazas y Palacios
Llega a la Concatedral de Santa María de la mano de una de las agrupaciones de mayor calidad en estos pagos: Cámara Antiqva. Formada por músicos y cantores con alto nivel de experiencia, desgranaran obras donde la instrumentación de época se mixtura con el espíritu y la letra para llenar los ábsides catedralicios de las hermosas melodías y textos de poesía cantada del XV al XVII. Sin duda una experiencia gratificante para el aficionado a la música y al teatro, que recorrerá los Cancioneros de Upsala o de Palacio de la mano del poeta y músico de la escuela castellana Juan del Enzina. (Una sañosa porfía). También podrán escucharse obras del renacentista Mateo Flecha, famoso por sus “ensaladas” y de otros autores anónimos.
Manuel Guisado: Director María Dolores Rivas: Soprano María del Mar Manchón: Soprano María del Carmen Herráiz: Soprano Julia Martín: Contralto Isabel Riballo: Contralto Ana Pérez-Cáceres: Contralto María José Lomo: Contralto, percusión José Manuel González: Tenor José Carlos Lomo: Tenor, percusión Enrique García: Bajo José María Oliver: Bajo Soledad Arroyo: Violoncello Fernando Agúndez: Viola Heliodoro Carbonell: Oboe José Manuel Pérez: Flauta Guillermo González: Nyckelharpa y zanfona Juan Manzanero: Vihuela y guitarra




La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, llega al escenario del Gran Teatro con la icónica Fuenteovejuna. Lope de Vega pasado por el tamiz de la modernidad, con respeto al mejor de los tres “dramas municipales” del genio madrileño. La búsqueda de la justicia y el enfrentamiento a un sistema social injusto, catalizan las energías de los habitantes de Fuenteovejuna. Los espectadores podrán disfrutar con las redondillas, las octavas reales y los romances. La versión de Alberto Conejero se desarrolla sobre un escenario a modo de plaza de toros móvil, para una propuesta centrada en las zonas más oscuras del hombre. Los habitantes tan solo se rebelan cuando el ultraje se produce sobre la hermana (en el original era la hija) del alcalde, no cuando son afrentadas las labradoras. El estudio de personajes oscila entre la dicotomía humana. Todos somos héroes y villanos, según las circunstancias. Gran interpretación de Jacobo Dicenta, una hermosa canción de bienvenida cuando el comendador llega al pueblo y una férrea dirección de Javier Hernández-Simón, reinterpretando un texto mítico en el imaginario literario castellano. El corpus de Fuenteovejuna es de rabiosa actualidad, ya que se le podrían aplicar los versos, atribuidos erróneamente a Bertolt Brecht, escritos por Martin Niemöller

Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
José Carlos García dirige a jóvenes actores. Un excepcional trabajo coral, pleno de juventud y ardor, donde destacan Paula Iwasaki (Laurencia) y  Loreto Mauleon (Jacinta, labradora)

 



Ricardo III
 La pieza más larga de Shakesperare después de Hamlet, contiene una frase que cualquier amante del arte de Talía reconocerá fácilmente:
“Un caballo, mi reino por un caballo”
La plegaria no le servirá de mucho a este monarca  jorobado, interpretado por Arturo Querejeta, rodeado de espectros y uniformes. Eduardo Vasco destila un antihéroe contemporáneo, cínico, rodeado de baúles, maletas, lienzos, canciones y negrura. Este Ricardo, de elocuencia sibilina y ponzoñosa, protervo, desprende amoralidad por los poros, vestido de Lorenzo Caprile. Es, sin duda; uno de los platos fuertes del Festival.



La Compañía del Tenorio.
Asunción Mieres (Emulsión Teatro), propone una interesante hibridación entre marionetas y personajes, entre vivencias reales, imaginadas, adaptadas para que los más pequeños puedan disfrutar de la eterna historia de amor. Una forma de hacer cantera y promocionar el teatro desde la infancia por una compañía con dilatada experiencia en teatro de calle
Elisa/Voz Doña Inés/Voz Ciutti: Asunción Mieres
Úrsula/Voz Brígida/Voz Buttarelli: Elizabeth Ruiz
Críspulo/Voz Don Juan Tenorio /Voz Don Diego Tenorio: Juanma Rocha
Román/Voz Don Luis Mejía /Voz Escultor: Germán Mira de Cabo
Voz Don Gonzalo de Ulloa: Daniel Lourtau




Teatro del Temple ofrece su versión de la calderoniana “La Vida es Sueño”, favoreciendo el ritmo dramático, modernizando vocablos y metáforas para acercar esta obra ejemplar a un público actual, alquimizando el verbo, con respeto. Renovando la apuesta estética, paseando al “infelice” Segismundo por un concepto estético a  caballo entre el postmodernismo, la estética “madmax” y un siniestro “urban”, con claroscuros, capuchas, máscaras, música en directo y un ecléctico vestuario. Teatro del Temple ha podado, inteligentemente, la tragedia polaca, la ha vestido de hÍpster y la ha añadido tarimas móviles para diferencias los dos mundos esotéricos donde transcurre la trama. El multiinstrumentista Gonzalo Alonso, acompaña en directo los avatares vitales de los personajes. Los zaragozanos muestran un Segismundo contemporáneo en una apuesta estética y dramática arriesgada.
Dirección: Carlos Martín
Segismundo: José Luis Esteban
Basilio: Yesus Bazaan
Clotaldo: Félix Martín
Rosaura: Minerva Arbués
Astolfo:  Francisco Fraguas
Estrella: Encarni Corrales
Clarín: Alfonso Palomares



Don Juan Tenorio.
De la mano de Miguel Murillo, el Festival ofrece al burlador de Sevilla. Aquel que palacios escalaba y en todas partes dejaba memoria amarga de él. Don Juan Tenorio inundará con sus versos identificables (ya convertidos en erario común) la Plaza de las Veletas. Amarillo Producciones y la dirección de Antonio Penco acometen este edificio verbal, este amor necrófilo y eterno en una Sevilla casi irreal, donde los conceptos morales y éticos brillan por su ausencia. El mito regresa con acento extremeño, no por ello menos universal. Un personaje que ha dado nombre a una patología afectiva, se merecía ser tratado con respeto. Una apuesta escénica dividida en dos mundos, presidido por un viejo y simbólico tronco de árbol.
Autor: José Zorrilla
Versión: Miguel Murillo
Dirección: Pedro A. Penco
Intérpretes: Guillermo Serrano, Ana Batuecas, Fermín Núñez, Francis Lucas, Rafael Núñez, Memé Tabares, Juan Carlos Castillejo, Pedro Penco, Elena de Miguel, Gema González




Eva Palacio y “Morboria Teatro” presentan su versión de la comedia de enredo El Lindo Don Diego. Cuando Agustín Moreto la escribió, estas obras (denominada “de figurón) no eran otra cosa que un subgénero de la “capa y espada”, deudoras de Plauto, donde los personajes destacaban por lo grotesco y lo ridículo. Este arquetipo de lo  risible alcanza su cenit en este amanerado personaje de Don Diego, un petimetre, un verdadero frikie de su época. Morboria recrea este personaje chirriante e impredecible en su estulticia. La compañía juega con música de club, llamativo vestuario para una versión colorista donde la estética de cómic, la desmesura, el esperpento y el expresionismo tienen mucho que decir. El Morboria Club con sus aires jazzísticos en directo, y sus cócteles es testigo de la fatuidad y caída del “lindo” Don Diego. Un Don Diego tan petulante, vanidoso y absurdo como el original.
DIRECCIÓN:Eva Del Palacio.
INTÉRPRETES:Vicente Aguado, Diego Morales, Ana Belén Serrano, Silvana Navas, Virginia Sánchez, Eva del Palacio, Eduardo Tovar, Fernando Aguado, Jorge Corrales, José del Palacio, Diego Morales y Fernando Aguado.

 

El Rufián Victorioso.
 Miguel de Cervantes, en adaptación de Jose Padilla, narra la historia de un maleante que experimenta un cambio vital y se transforma en un hombre santo. Forma parte de las “Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados”. Contiene jácaras y abundantes elementos picarescos, con un primer acto centrado en este mundo (un verdadero entremés). La Segunda y Tercera jornadas se centran es su camino hacia la santidad. Notable vestuario y un juego de luces y proyecciones que apoya los textos cervantinos del XVIII con efectividad, destacando Javier Collado y Alejandra Mayo (Tello y María de Sandoval). Canciones bajo la ventana, un escenario minimalista, un andamiaje donde se proyectan los cambios de situación y una ruptura final de la “cuarta pared”, incluso un coro que ejerce de prólogo y epílogo para esta interesante propuesta. La única “comedia de santos” del sublime manco.
REPARTO Javier Collado Montse Díez Pablo Vázquez Alejandra Mayo 18 Julio Hidalgo Raquel Nogueira Nicolás Illoro José Juan Sevilla Raúl Pulido EQUIPO ARTÍSTICO Dirección: Rodrigo Arribas/Verónica Clausich Adaptación: José Padilla Diseño de escenografía: Anna Gil Diseño de vestuario y caracterización: Pablo Porcel/Antonio Sicilia Diseño de iluminación: Alberto Yagüe Composición musical: Xavier Diaz-Latorre Diseño de espacio sonoro: Óscar Laviña Maestro de armas: Javier Mejía Coordinación de producción: Raquel Navarrete Dirección técnica: Carlos Barahona Asistencia de dirección: Ricardo Collado Diseño gráfico: La Chapa Soporte educacional: Francesca Suppa Prensa: Silvia Espallargas (Asi Comunica)


 
Don Quijote en la Patera.
Llega con distintos galardones como PREMIO FETÉN 2017 DE ESCENOGRAFÍA: Curt Allen Wilmer. PREMIO MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO CLÁSICO DE ALMAGRO 2016. Una historia paralela donde el hidalgo de la triste figura se encuentra fuera de sus secarrales de La Mancha. Luchará en medio del mar haciendo disfrutar a los más pequeños con las apariciones del mago Festón y los monstruos de las profundidades. Teatro dentro del teatro y lleno de temas para sensibilizar a los niños (y menos niños). El hidalgo luchará contra la burocracia, los vertidos en el mar y adoptará a un niño de raza negra. Simulación del mar como si se tratara de una película de Meliés o aquellas dieciochescas comedias de magia Un espectáculo lleno de humor y guiños con una notable vis cómica de los intérpretes.
REPARTO Don Quijote de la Mancha: Javier Berger Sancho Panza: Juanfra Juárez Relator, Salustiano, Mohamed, Sombra, Cabeza Parlante: Javier Centeno.



 

Medida por Medida.
Una obra del bardo de Stratford, que representa “Factoria Teatro&Producciones Inconstantes”. Esta es una propuesta de difícil clasificación, originalmente se hizo como comedia, aunque hoy en día los editores encuentran problemas para clasificarla. Una comedia “impura” pero comprometida de Shakespeare que ahonda en los claroscuros del ser humano.
REPARTO Ingrid García Jonsson Jorge Muñoz Juan Díaz David Luque Salvador Sanz Ana Mayo Chema de Miguel Nacho Vera EQUIPO ARTÍSTICO Director: Emilio del Valle Versión: Emilio del Valle, Isidro Timón Escenógrafo: Arturo Martín Burgos Figurinista: Juan Ortega Iluminador/Director técnico: José Manuel Guerra Ayudante dirección: Gonzala Martín Scherman Producción ejecutiva: Gabriel Blanco



 

Cervantes retorna con “El Cerco de Numancia” de Verbo Producciones. Quizás la tragedia señera del Siglo de Oro, lo cual no es baladí. La escenografía juega con humo, luces, efectos visuales, cintas rojo sangre etc. El coro desempeña un importante papel en la obra. Parábola de la libertad frente al poder. Una adaptación que viene cosechando éxitos desde su estreno.
REPARTO Escipión: Fernando Ramos Lira: Ana García Teógenes: Pedro Montero Marquina: Paca Velardiez Marandro: Manuel Menárguez León: David Gutiérrez Veterano: Juan Carlos Tirado Novato: José Francisco Ramos Máximo: Jesús Manchón EQUIPO ARTÍSTICO Diseño de escenografía: Damián Galán Diseño de vestuario: Maite Álvarez Diseño de iluminación: Francisco Cordero 22 Diseño de maquillaje y peluquería: Lilian Navarro Realización de complementos: José Luis Coch Laullón Composición musical: La octava, Centro de Música Creativa Músicos: Juanjo Frontela, María Luisa Rojas, Eloy Talavera Ayudante de dirección musical: Víctor G. Sánchez Realización de vestuario: Luisi Penco y Eulalia Moreno Realización de escenografía: Carlos Alcalde Moliner (Karlete) Vídeo: Nuria Prieto Técnico de sonido: Roberto Tena Técnico de iluminación: Francisco Cordero Vídeo making off: Visto y no Visto Producciones Fotografía: Jorge Armestar Dirección de producción: Fernando Ramos Ayudante de producción: Jaime Fuentes Producción ejecutiva. Verbo Producciones S.L. Versión: Florián Recio Ayudante de dirección: Jesús Manchón Dirección: Paco Carrillo
 


Soñando Cervantes.
Miguel Murillo recrea aspectos de la vida del autor del Quijote en un juego de metateatro, con una excelente y entrañable Eva Marciel. Me remito a la entrada que ya realicé en este blog.



La Judía de Toledo.
Micomicón se enfrenta a un drama lopeveguiano en toda regla, eliminando el acto 1º. Ambientada en los años 50, con notable vestuario y una buena selección de canciones de la época, envueltas en arcos ojivales, columnas y proyecciones de NODO.
Versión y dirección: Laila Ripoll
Intérpretes: Elisabet Altube, Teresa Espejo, Manuel Agredano, Marcos León, Mariano Llorente, Federico Aguado, Jorge Varandela, Ana Varela
 

La Celestina. La Tragicomedia
Llega la obra cumbre de Fernando de Rojas de la mano de Atalaya que ha realizado una respetuosa, refrescante y potente versión de uno de los mitos de la literatura castellana. Combinando lo grotesco con lo íntimo, la ternura con lo retorcido. Una visión que convierte el personaje en, aún mas universal, dentro de la piel de la excelente Carmen Gallardo. Esta Celestina llega enriquecida, bebiendo de diversas fuentes y arroyos. Emociona, divierte y atrapa al espectador. Un espectáculo coral de plástica enriquecedora. De primera división.


 


martes, 23 de mayo de 2017

Patricia Kopatchinskaja & Orquesta de Extremadura. XXXIV Festival Ibérico de Música de Badajoz

                     







Después de templar los instrumentos, la orquesta ataca las primeras notas del Allegro Moderato. La Kopatchinskaja se ha situado; habitada de un vestido rojo que apenas oculta sus pies descalzos; para acometer el lirismo del primer tema de este movimiento. 
Acariciando la cuerda en mi suave que solicita un vibrato ligero y flexible. Incluso el lenguaje corporal de la violinista es iconoclasta.  Hay un juego de sombras y luces con la orquesta que permite un arco muy amplio de vibraciones sensoriales. Sibelius introduce dos cadencias donde sólo debería haber una por movimiento. Organiza en forma de sonata tritemática. La estructura sincopada estalla en un rito de alegría donde las tracerías del violín son celebradas, y se deja espacio para que la Orquesta de Extremadura acometa un interludio sinfónico de tesituras variables, timbres, colores y magnos espacios sonoros. 

La cadenza se usa como parte del desarrollo. El tema pasa, en octavas paralelas, de un instrumento a otro, del viento a la cuerda, de la cuerda a la solista en un flujo y reflujo, en un vaivén donde la fogosidad de la cuerda da paso al mar en calma de los vientos. La solista abordó las notas dobles y triples, los acordes de cinco notas y la fogosidad que solicitaba la cuerda con técnica impecable. No cabe duda de que en ella prevalece lo emotivo sobre lo rítmico, lo visceral sobre lo académico, la espontaneidad sobre la lectura. Y esto es algo que el espectador agradece.  
Las maderas (oboes y clarinetes, por este orden) aguardan para introducir el segundo movimiento para que el violín y los legatos se apoderen del mapa cromático. Un pentagrama evocador de enormes extensiones boreales, recreando una atmósfera invernal. Patricia Kopatchinskaja se inclina, se deja arrebatar por la calidez de la invitación a la danza, al folclorismo (Sibelius esta superando su etapa nacionalista), por la plenitud sincopada de la promesa de un verano finlandés.



En el arrebatador romanticismo del “Adagio di Molto” encuentra la intérprete su Parnaso. En ese trato exquisito de la melodía, en ese cromatismo donde las falanges se recrean para destilar el concierto para violín más interpretado del siglo XX. Una obra que el compositor rehízo, eliminando aspectos de dificultad técnica para que primara lo expresivo en la ejecución, lo cual no implicaba una menor demanda técnica. Los huidizos dedos de Patricia Kopatchinskaja, lo dejaron patente en el intenso lirismo del movimiento, el menos revisado por el compositor con respecto a la revisión original.
Después las trompas y el fagot acompañan la emotiva melodía con su juego sibeliano de breve-larga, breve-larga o la sexta añadida (otra especialidad de la casa). Las sincopas que arranca el virtuosismo de Patricia Kopatchinskaja, semejan latidos de un corazón musical. Hasta el instante mágico donde la orquesta se une al violín, en un sorprendente pasaje de dobles cuerdas en octavas. Es difícil aguantar los aplausos. Un coro de trompas y una sencilla cuerda cierran este hermoso y sensible pasaje de reminiscencias armónicas casi wagnerianas.


El “Allegro ma non tanto”, es la prueba de fuego para la violinista con notas dobles, subidas a gran velocidad, con un tutti donde el autor corta por lo sano para volver al fraseo inicial.
Un movimiento danzarín y brillante de depurada técnica que destila dominio del arco. Es el comienzo de las frases cromáticas donde se luce la técnica refinada, la iconoclastia que la ha convertido en la “fille terrible” del violín, su aclamada versatilidad y el magnetismo de la moldava, en una cascada de notas que termina secamente. Algo que requiere de toda la intensidad del intérprete, para ejecutar la única pieza concertística para instrumento solista y orquesta que compuso Sibelius. Un compendio de sentimientos y de vivencias, que la Orquesta de Extremadura y Patricia desgranaron obteniendo larguísimos aplausos del público. Era una apuesta arriesgada y no complaciente para todos los aficionados. Salvando las distancias me recuerda el exceso y el temperamento de la Bartoli en el campo operístico. De lo que no cabe duda es de que no deja indiferente.


Para la segunda parte la orquesta regalaba al espectador la Sinfonía nº 3 en Fa Mayor Op. 90 de Johannes Brahms. Una obra utilizada para el cine por el  director Anatole Litvak en su película “No  me digas adiós” (1961). Brahms compone en pleno romanticismo, apoyando (junto a Schumann) la continuidad de la línea clásica frente a otros autores como Liszt o Wagner que optaban por nuevas vías. Compuesta en plena madurez creativa, cuando ya dominaba la forma, tan sólo le llevo tres o cuatro meses de trabajo.
La Orquesta de Extremadura acometió el tormentoso “Allegro con brío” desde la sección de viento en un tiempo que combina la melancolía, la calma y el ardor emocional. El clarinete desgrana delicadeza para cederle el testigo al oboe en el tercer tema y retornar al primero delicadamente. Gran belleza cromática en este movimiento para dar paso a un Andante que en estructura típica debería haber ocupado el tercer lugar y deviene reposo para el espectador, con una instrumentación sutil, respondiendo a las características propias de un scherzo, casi de cámara. En un reposado 2/4.
El Tercer Movimiento “Poco Allegretto” en 3/8, es otro mundo. Aquí la orquesta se simbiotiza con la expresión corporal de Álvaro Albiach para regalar una de las obras más hermosas de  todos los tiempos. Sutileza instrumental, melancolía, belleza para esta inolvidable melodía. ¿Sería consciente Brahms de lo que estaba componiendo? La Orquesta de Extremadura sigue fielmente la dirección, plena de fisicidad, acompaña como una marea tras el movimiento de sus brazos (y de su cuerpo)

Después el “Allegro alla Breve”, dividido en tres temas con coda, donde la agrupación recupera magistralmente el tema de apertura para agonizar en pianissimo. Nada de finales explosivos beethovianos. Calma y serenidad, introspección. El público aplaudió largamente la interpretación de la Orquesta de Extremadura. Un inicio de lujo para el Festival Ibérico

viernes, 19 de mayo de 2017

Lo que en el ascensor suceda, en el ascensor se queda. Bululú Teatro




La propuesta que Bululú presentó en el salón del Centro Joven de Badajoz, dejó patentes dos realidades. Que hay jóvenes luchando por tomar otras direcciones en lo cultural y en lo humano, en base a trabajo constancia e ilusión, y la necesidad que las administraciones (Instituto de la Juventud) aporten espacios y faciliten el desarrollo de estas actividades. Se cumplían las dos premisas en esta obra de teatro aficionado (la tercera dramaturgia del director). El saldo fue óptimo y dejó buen sabor de boca a los espectadores que rieron con las peripecias de un grupo de desconocidos en un  ascensor parado. Bululú jugaba con un espacio escénico casi vacío; unos andamiajes representando el esqueleto del ascensor; por lo cual debían concentrar toda la atención en los hilarantes diálogos y el movimiento actoral. Partiendo de esa premisa argumental la obra desarrolla una historia disparatada en la línea de Darío Fo, incluso con toques del teatro del absurdo (esa niña del exorcista) que resuelven con eficacia, y la seguridad que da un trabajo de muchas horas que el grupo ha desarrollado en el escenario del Centro Joven de Badajoz. Incluso se atreven con números musicales (con homenaje a “Con Faldas y a lo  Loco”) perfectamente integrados y salvados con bastante solvencia por el elenco, o la inclusión de recursos de clown (los dos gemelos). El director/autor, Miguel Ángel  Álvarez Toro, ha desarrollado una sátira donde aparecen personajes arquetípicos (la pija, el “colgado” con corazón, el ejecutivo “estirado”, etc) que se ven inmersos en el claustrofóbico espacio de un ascensor, un leitmotiv que ha dado mucho juego en la dramaturgia. Un nutrido grupo de jóvenes entusiastas han contribuido a esta aventura, que desean continuar con nuevas ideas (y el público presente, también lo desea). Largos aplausos premiaron el esfuerzo que se realiza desde este teatro de base, que es la cantera de futuros profesionales; el baúl de la vida da muchos viajes; pero también lo es de espectadores respetuosos, de aficionados conscientes del trabajo y la constancia que ahí detrás de cualquier montaje. No hay que olvidar que el tiempo dedicado a esta vocación/afición lo sacan estos entusiastas de sus  horas de estudio o evitando disgregarse; como tantos jóvenes; en otras “actividades” menos productivas. Hacer cultura es abrir la posibilidad de una sociedad mejor, más respetuosa con el esfuerzo ajeno, más consciente de las diversas opciones de creación que existen. Estos chicos los consiguen. Y eso, para los tiempos que corren no es asunto baladí. Enhorabuena a Bululú, y hasta otra.
 

Bululú:
Bululú toma el nombre del comediante trotamillas y farandulero que recorría los caminos y villorrios, representando todos los papeles en farsas variadas y ricos repertorios:



video
Alejandro Moreno Flores como Emilio, Rocío del Pilar Sánchez como Herminia, Raquel García Calderón como Cloti, Marina Morales Mata (Nerea),Ana Lozano Alonso (Bárbara), Cristina Pérez (Cristina), Luis Collado (Ejecutivo), Carlos Bernáldez Ibarra (Gemelo 1), Jose Ignacio (Gemelo 2), Yolanda Mata Álvarez (Atrezzo) Christian Morales Mata (Presentador) Angélica López de la Cruz (Coreografía), Mimí Otero Pousada (coreografía), Lidia Solana Reguero (Coreografía), Samuel Cosme de la Cruz   (El Pizzero)

jueves, 18 de mayo de 2017

La Muerte de Luis XIV. Filmoteca de Extremadura

           



La apuesta de Filmoteca de Extremadura es un lúgubre drama intimista. Una pieza de cámara mortuoria, un “huis clos”, donde los exteriores (Parque Nacional de Sintra), apenas se vislumbran  un instante en el prólogo. Este paisaje wateauviano será el único exterior filmado, antes de introduciros en la cámara sellada de donde no volverá a salir el monarca. Eligiendo como estética largos y reposados planos pictóricos, Albert Serra dirige una propuesta inclasificable, claustrofóbica, perturbadora y extraña. Un tratado acerca de los últimos instantes del ser humano y sus postrimerías, representados en la figura del monarca francés. Una elegía a la transición que muestra a un ser humano en sus últimos instantes, esos que nos igualan a todos. Soportada por trabajos actorales conmovedores, sobrios y potentes. Serra opta por la cocción a fuego lento, por la morosidad narrativa como estética, recreando ambientes de difícil fotografía por su escasa luminosidad y minimalismo en los movimientos de cámara. 


Lejano al glamour de producciones históricas, bailes palaciegos, o movimientos de masas, Luis XIV aparece ataviado con una enorme peluca de concepto caniche, los tics faciales de un anciano y las miserias cotidianas de un hombre agonizante, rodeado de ineptos que luchan por salvar la cara.
La cámara se recrea remisamente en la masticación monocorde del monarca, en el fatídico tic-tac del profético reloj que condiciona toda la existencia humana, en los primeros planos estáticos, e incluso en los fuera de campo, en la repetición de gestos,  en un larguísimo plano que recuerda al prólogo de Depardieu en “Todas las Mañanas del Mundo”; con el decano de la “Nouvelle Vague” (Jean-Pierre Léaud) mirando fijamente al espectador (homenaje a Los 400 Golpes). 
La interpretación del actor-fetiche de Godard es solemne y suntuosa. Pero, también, cercana y efímeramente humana. Las sombras de Visconti o Rossellini planean sobre una obra (aunque el autor huya de ellas), que recrea las miserias del periodo neoclásico, jugando a la desmitificación (puro Serra), huyendo del versallesco o deslumbrante despliegue, de la agrupación musical barroca, de los fascinantes trajes para actos protocolarios. La música juega un extraño papel, siendo apenas un etéreo eco las composiciones originales de Marc Verdaguer, o utilizando en parámetros de segundo plano obras como la “Mass in C Minor, KV427” del genio salzburgués. Los sonidos “fuera de campo” también adquieren importancia en el desarrollo de la escasa trama. Como también “fuera de campo” están el pueblo, las repercusiones políticas de esos momentos o cualquier referencia que trascienda la epopeya humana del agonizante.



No es este óbito, del llamado “Rey Sol”, una obra complaciente. No está dirigida al espectador medio (abstenerse palomiteros), y no refleja la etapa absolutista, ni al monarca amante de los impuestos y la adulación, concentrándose en el hombre enfrentado al trance último y supremo. El film apuesta por la carencia de clímax, la acumulación de vivencias ralentizadas, la huída de lo épico, la morosidad narrativa (cine flow). No es un bocado para todos los paladares.
La textura fotográfica de Jonathan Ricquebourg (Banat, Gorge Coeur Ventre), bebe directamente de las paletas rembrandianas (La Lección de Anatomía), del tenebrismo o las apuestas estéticas de Sokurov (Fausto, El Arca Rusa, Moloch), pasando por los “tableaux vivants”, Holbein o el claroscuro. La elección visual se basa en perspectivas frontales, escorzos y formato panorámico
Hay una poesía de lo grotesco en esa querencia por el primer plano del rostro lacónico, esculpido en desdichas, en la recreación en la fragilidad, el estatismo forzado, en la desmitificación del personaje histórico para la prevalencia del ser humano. Albert Serra retorna a su universo donde reimaginaba provocativas propuestas de iconos (Casanova, Drácula, Don Quijote), colados en su habitual tamiz estético, ideológico e irreverente. Reconstruyendo el discurso visual o narrando desde el tiempo muerto. Suprimiendo todo rastro del mito, mostrando la desnudez sin coartadas, en un entorno donde prevalece la sombra.



El guión es fiel a la historia. Está basado en las memorias de Saint-Simón y el marqués de Dangeau, con licencias poéticas y no tanto: Los servidores tardan una eternidad en llevar el agua al rey, los cortesanos aplauden las más banales acciones como la deglución de alimentos.
La Muerte de Luis XIV deviene involuntaria parábola, lampedusiana comedia bufa disfrazada de la desaparición de un universo (absolutismo). En realidad, certero testimonio sobre el devenir humano, la decadencia y lo inexorable del tiempo, con una carencia absoluta de pathos en su desarrollo. El hombre que agoniza en ese exiguo espacio; del que no va a volver a salir; ha sido el dueño del enorme palacio, de los jardines exuberantes, de un país que gobernaba por derecho divino. Ahora solo es un pelele que no puede comer. Que yace inerte, siendo pasto de cortesanos y lacayos.



El director ha optado por crear un universo de detalles para llevar adelante la historia. Una vela que parpadea, murmullos de cortesanos, o el sonido de una orquesta lejana, el magistral movimiento facial de Léaud, los silencios, los “fuera de campo”.
Una fábula, cruel, pero veraz, de la naturaleza humana. El “Rey Sol” acaba siendo una rata de laboratorio en manos de advenedizos e ignorantes matasanos en una desagradable autopsia ritual que culmina  con un cínico “punchline”

“Al terminar la partida, el rey y el peón duermen en la misma caja”

Banda Sonora.
El soundtrack permanece en este film como algo casi fantasmagórico, creando una sensación agónica, mortuoria, de ajeneidad y extrañeza. Las obras compuestas por Marc Verdaguer apenas se aprecian y son de gran brevedad,


BAND"EL GEST"
(c) MARC VERDAGUER (2016)
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"LA FURIA"
(c) MARC VERDAGUER (2016)
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"ES FA DE NIT"
(c) MARC VERDAGUER (2016)
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La Misa de Mozart fue la primera que compuso sin tratarse de un encargo y está inacabada. Su mujer, Constanza, cantó como solista en el estreno. Falta la instrumentación de algunos pasajes, siendo uno de los pocos instantes del metraje en que la música (Kyrie) puede escucharse claramente y juega un papel dramático.


Otra de las obras clásicas que se escuchan es la “Sonata a Trío” de Domenico Gallo, violinista nacido en Venecia. Esta forma musical a pesar de denominarse “a trío” suele necesitar de cuatro músicos y fue muy popular hasta la primera mitad del XVIII. Algunos de los tríos de este compositor se atribuyeron erróneamente a Pergolesi. Se gestaron en un periodo en que la formalidad del Barroco daba paso a la euforia del clásico. Están teñidos de ese “estilo galante” y pleno de vitalidad tan caro al periodo. Es la obra que suena al inicio, durante la única toma exterior de la película.

"TRIO SONTA NO. 2 IN G - MODERATO"
DE DOMENICO GALLO
(c) ETREME MUSIC
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"MASS IN C MINOR, KV427"
DE WOLFGANG SAMADEUS MOZART
CONDUCTOR: HELMUY RILLING
(c) HANSSLER CLASSIC

Lo mejor: La apabullante no-interpretación de Jean-Pierre Léaud.
Intentar reconocer los jardines de Sintra y el Palacio de Quéluz.

Lo peor: El escaso juego dramático de la música






martes, 16 de mayo de 2017

Jackie (2006) XXIII Ciclo de Cine V.O.S.E en Mérida





La primera certeza  al visionar Jackie es la de no encontrarnos ante un biopic al uso. Es una inmersión en los sentimientos humanos, en el dolor, en el abismo. En el vacío de no encontrar respuestas. 
La cinta, protagonizada espléndidamente por una Natalie Portman recuperada a la que le perdonamos sus últimos pecadillos alimenticios, es paradigma de la existencia de todo ser humano. Una subsistencia frente a la oscuridad cotidiana, que se desgrana en el último tercio, en el diálogo de Jackie con el enorme John Hurt. Una oscuridad que cada uno  afronta con las armas que tiene. El trabajo actoral de la Portman es de lujo. Inflexiones, gestos, movimientos, sin caer en la imitación mecánica, dotando al personaje de vida y empatía, creando un ser humano palpitante y reconocible.



Pablo Larraín utiliza todos los recursos a su disposición: cámara en mano, televisiones en blanco y negro, estilo semidocumental y un tempo de cocción a ritmo de adagio (como la banda sonora) para introducirnos en un periodo álgido de la historia, sin perder de vista las emociones. Larraín no está interesado en lo que sucedió, nos cuenta lo que significó para la protagonista y lo que significa para cualquier ser  humano ese instante que cambia tu vida y siempre llega como un inesperado hachazo.
El film está estructurado sobre una entrevista central con distintos “flash back” que encajan como un puzzle visual. La banda sonora se hibrida para crear una sensación de irrealidad. Para introducir al espectador en ese espacio anárquico, doliente y reflejar la terrible presión sicológica del momento.
Concebida a mayor gloria y lucimiento de los recursos de la actriz, que recrea la capacidad de Jackie Kennedy para convertirse ella misma en un mito y un producto. Aunque podría haber indagado más intensamente en las zonas oscuras a que nos tiene acostumbrada la filmografía de Larraín (Tony Manero' (2008) y 'Post-Mortem, “El club” (2015) o Neruda' (2016). 
El montaje fragmentado, sin cronología, con la deconstrucción como estética, contribuye a aumentar la sensación perturbadora e incómoda. La huída de todo glamour de un personaje, que básicamente era eso de cara a la opinión pública, permite reconstruir los entresijos humanos y las miserias cotidianas. El equilibrio entre distanciamiento, intensidad y frialdad, alejamiento y proximidad, es hábilmente manejado en esta pieza de cámara. Excepcional la secuencia final donde Jackie contempla; alejándose de todo lo que era; reflejada su imagen en la ventanilla del coche, como los operarios transportan unos simbólicos maniquíes inanimados, vestidos con la ropa de Chanel que ella contribuyó a poner de moda. El guión no escatima denuncias sobre el poder, la apariencia, las creencias o escarba en los dilemas morales a golpe de primer plano y concepto visual casi televisivo. El trabajo actoral de Billy Crudup como el hierático periodista o el veterano John Hurt en su penúltimo papel, están a la  altura de Natalie Portman, sin ninguna duda.



La apuesta por el look setentero en el grano fotográfico (Stéphane Fontaine) y el trabajo de diseño de vestuario, contribuyen a la verosimilitud del relato visual.
Jackie fue un icono, una mujer luchadora, ambiciosa, que protagonizó un periodo importante de la historia, que ha sido convertida en muñeca de colección. Solo ella pudo saber si consiguió su Camelot…

Banda sonora:
Una atípica partitura de matices dolientes y melancólicos que juega con los vientos como arma para recrear emociones, principalmente dolorosas, y crear un clima de ajeneidad o extrañamiento. Principalmente usa notas agudas, secas o distorsionadas de flauta travesera para mostrar irritabilidad o extrañeza. Los segmentos de cuerda son adagios lentísimos con notas inesperadas, perfectamente integradas en el ritmo emocional y en el concepto visual. Combinaciones de percusión y acordes desnudos en el teclado permiten que Mica Levi construya una partitura atmosférica que se ajusta como aquellos trajes de Chanel a la silueta de Jackie.

También se utilizan obras como “Camelot”, interpretada por Richard Burton. Pau Casals aparece interpretando la melancólica “El Cant dels Ocells”. También toman una obra del compositor Paul Zaza (Asesinato por Decreto), que aparece como Peter Dufferin titulada Affection nº 3.

lunes, 15 de mayo de 2017

Leonardo Dantes canta a poetas Pacenses

                       
 
El universo musical y el de la palabra se han unido de la mano del compositor Leonardo Dantes que presentó su último disco en el salón de actos de la RUCAB, fundiendo la poesía de señeros autores pacenses con su música. No es nuevo este hermanamiento. Desde que el juglar Paco Ibáñez acompañara con sus acordes los versos de grandes poetas españoles (Alberti, Cernuda, Góngora, Celaya), opción que fue seguida por otros integrantes de aquel movimiento social/cultural que se denominó “cantautores”, y algunos grupos militantes como Jarcha, Aguaviva, etc. No es novedosa la hibridación entre palabra y música. En nuestro terruño, Nando Juglar acometió una aventura similar en “Los Poetas de Nando”, donde se aproxima al verbo de destacados representantes de la poesía extremeña: Plácido Ramirez Carrillo, Álvaro Valverde, Pedro Lahorascada etc.
Leonardo Dantes ha elegido para su última grabación un grupo de vates de amplio calado y trayectoria. Curtidos en tertulias, recitales y en ese desagradecido mundo de la palabra como alquimia;como búsqueda de la piedra filosofal;que es la poesía.
Plácido Ramírez, Antonia Marcelo, Clara Blázquez, Antonio Pacheco, Fernando Garduño, José Antonio Sánchez “Mediterráneo”, Amalia Mangas y Maribel Bazaga, desgranaron sus versos. A continuación de cada lectura, el cantante mostraba al público (acompañado al piano por Raúl Velasco), la música que le había inspirado cada poema. Alguno de ellos, de difícil adaptación al tempo de la partitura. 


El título elegido por al autor  no puede ser más diáfano: “Poetas de Badajoz”. Una apuesta que, junto a su reciente libro “Poemas y Canciones” (y el cambio del acento en el apellido), pretende dejar atrás aquella (olvidable) época de los mass media y el frikismo, que le lanzó a la fama mediática. Como compositor, la fama ya la tenía entre los iniciados en el mundo de las “cintas de gasolinera”, donde era monarca absoluto como autor o coautor de temas famosos como 'Carmen', 'Vagando por ahí' o 'Por la calle abajo' y muchas otras canciones que fueron números uno, interpretados por Manolo Escobar, Rosa Morena, Los Chavis, Los Marismeños, María Jiménez, Lola Flores, Sara Montiel, Raffaella Carrà, y El Arrebato o Los Chunguitos, una larga trayectoria en SGAE.






Dantes (sin acento), pretende (acertadamente), desvincularse de “Crónicas Marcianas”, aquel “late show” que comenzó prometiendo renovación y vanguardia para terminar como el rosario de la aurora. Practicando la autocomplacencia y el ombliguismo más casposo. Peligroso sendero que va siguiendo paso a paso, y con diligencia, “El Hormiguero” de Pablo Motos.
En este “Café de Autor”, propiciado por Caja Badajoz, se realizó un paseo afectivo y cercano por el verdadero Leonardo Dantes, alejado del “pañuelo” y las frikadas que tanto dinero proporcionan a las productoras televisivas, propiciando el empobrecimiento cultural de la población. El compositor reveló su lado más humano a la entrevistadora Maribel Jiménez. Un acercamiento necesario, íntimo y pleno de anécdotas del sanvicenteño que revelaron su sesgo más humano.
El coro “Los Revellines”, acompañó en una de las composiciones de Leonardo. Un paseo por algunos de los más destacados alquimistas pacenses de la palabra, de la mano de un autor de amplio recorrido humano y artístico.  






miércoles, 10 de mayo de 2017

The Wicker Man. 1973. El paganismo como estética

            


The Wicker Man es una de esas joyas inclasificables ante la cual el espectador se pregunta ¿Es un thriller? ¿Es un musical? ¿Es una horror-movie? The Wicker Man pertenece (genéricamente) es una propuesta intrínsecamente british, que se ha venido a denominar como “horror-folk”, acuñada en 2010 en un programa de la BBC, por el escritor y actor Mark Gatiss para denominar a un puñado de obras que compartían ciertas características. Entornos aislados de la civilización al uso, mantenimiento de tradiciones ancestrales y antiguos rituales paganos. Un subgénero que aún colea en la actualidad con producciones como “Turistas” (Sightseers, 2012), “Kill List”, de la nueva Hammer Films, “Wake Word” (2010, de David Keating), o novedosas propuestas como la finlandesa  “Sauna” (AJ Annila, 2008). Los precedentes van desde la mítica “La Mascara del Demonio”, con la musa Bárbara Steel, hasta la hammeriana “La Maldición del Altar Rojo”, todas ellas desarrolladas en entonos rurales seudo-magicos. 
Fuera del entorno aldeano británico también se encuentran propuestas de comunidades con reminiscencias mágico/paganas como en “Valeria y su Semana de las Maravillas” (1970) o la producción japonesa “El Gato Negro” (Kuroneko. 1968), sin olvidar la excelente serie “True Detective.” Un auténtico revival de horror-folk, pasado por la turmix del espanto cósmico del círculo lovecraftiano.
Estos guiones están poblados de  paisajes románticos, rodeados de ruinas, páramos y comunidades aisladas, que mantienen vivas tradiciones paganas. Con preferencia beben de las fuentes del folclore de druidas y celtas. En el plano paisajístico no faltan las construcciones megalíticas, y las leyendas y ritos paganos de cosechas y fertilidad, tomadas desde una perspectiva bucólica, desinhibida o (como es el caso de “The Wicker Man”) absolutamente obscenas y provocativas.




Se entiende la naturaleza como una amenaza literal y metafórica. Ese oscuro lugar que alberga espíritus que acechan al hombre. La brujería como enfrentamiento a las religiones establecidas o mantenimiento de los rituales pre-cristianos, es el motor que mueve estas comunidades. Las presencias peligrosas e indefinidas, pueden tener hasta un origen cósmico, aunque las comunidades aisladas de humanos en transición hacia el anfibio de Lovecraft, se encuadrarían  más exactamente dentro del  “horror cósmico”.




La “Ealing” produjo la cinta más señera de esta modalidad de inquietud cinematográfica: Dead by Night (Al morir la noche, 1945), una de aquellas producciones de episodios que tanto gustaban en la época. Diversos directores de la casa (Cavalcanti, Crichton, Dearden y Hamer), se encargaron de los excelentes “sketches” terroríficos.
Anthony Schaffer, muy popular por sus adaptaciones de “La huella” para J. L. Mankiewickz, y “Frenesí” para Hitchcock, llevó a la pantalla el texto de un actor de teatro: David Pinner. Esta novela; titulada “Ritual”, se desarrollaba en una Inglaterra mágica y rural. Hasta ese momento Pinner tan solo había estrenado una obra teatral. Una historia de vampiresas lesbianas que protagonizaba una actriz a punto de alcanzar la fama: Glenda Jackson.  


Adaptó de forma muy libre la historia de una isla en las Hébridas, donde un espeluznante rito druida se utiliza para bendecir la cosecha. La película esta llena de referencias a la cultura celta: liturgias, danzas ancestrales que escandalizan al policía, obscenos rituales de fertilidad, liturgias, culto a la muerte, etc. La música también fue escogida con esmero. Envuelta en un disfraz de neohippismo, recupera instrumentos folk tradicionales, con melodías hipnóticas y obsesivas, que forman parte inseparable del proceso psicológico del protagonista. La intención de rodar una  película de terror que se desmarcara por completo de los clichés, definió esta propuesta, una de las más atípicas, atemporales e inquietantes del género.


Determinada por una estética setentera, algo enfermiza, incluso con cierto toque onírico, el film nos sumerge en una comunidad inquietante. Desde un primer momento se adivina que ocultan algo. Esto y la búsqueda de la niña desaparecida por parte del policía (Sargento Bowie), la introduciría en el terreno del thriller, de no estar salpicado el argumento por continuas irrupciones de canciones hipnotizantes en modo diegético (formando parte del instante dramático), situaciones surrealistas, toques teológicos, escenas e insinuaciones de un erotismo primitivo y toques del humor más británico, que la hacen navegar entre géneros. Dando como resultado una creación irrepetible.


El preludio no puede ser más premonitorio. El Sargento Bowie (Edward Woodward) es un estricto cristiano del cual sus compañeros se burlan, obscenamente, por sus conceptos del matrimonio y del mundo. También queda claro que nos encontramos ante un personaje de una pieza. Alguien con una estructura inquebrantable y una personalidad imparable. Todo esto le hará falta para enfrentarse a lo que le espera en Summerisle, una población dependiente de la metrópolis, en la punta más extrema de Escocia, pero con sus propios fueros y costumbres.
La llegada del policía a la taberna y la canción que comienzan a interpretar los parroquianos, una obscena, lúbrica y grosera balada sobre la hija del posadero; que también participa en la cantinela; pone de manifiesto las dos naturalezas que se van a enfrentar. Una guerra de creencias arraigadas firmemente en cada bando. El director provoca incomodidad y tensión magistrales, con planos de los rostros de los cantores, la hija del posadero y el sufridor Sargento Howie, que se ve superado por el erotismo primitivo y ritual de los aldeanos. Puede afirmarse que parte de la inquietud y el terror de este film, proceden de las certeras, desazonadoras y lujuriosas baladas profanas, de clara influencia gaélica.
La estructura espiritual del Sargento Howie se verá minada por los habitantes de la isla. Un estricto matriarcado donde solo encuentra niñas en las aulas, los negocios están regentados por mujeres y todas las normas conocidas de su civilización se diluyen.




“The Wicker Man” ha entrado por derecho propio en los cenáculos de las obras de culto. Una innovación frente al goticismo manierista de la pujante Hammer, que ya empezaba a hastiar con sus negligés vampíricas, sus castillos recargados y su hemoglobina. Robin Hardy opta por buscar la inquietud antes que el terror puro. Prevalece el  malestar o el desasosiego. Siendo precedente de obras como “La Semilla del Diablo” de Polansky o su inquietante “Repulsión”, donde el factor psicológico predomina sobre el susto o el mordisco.

La obra seminal de David Pinner titulada “Ritual”, sirvió de puente entre a cultura pop cinematográfica y la narrativa ocultista. Una novela teñida de un tono misterioso, de donde ha bebido la cultura pop-folk, con una historia como un mecanismo de relojería, en base a pequeñas pistas para un catártico final, encubierta bajo el disfraz del thriller, esconde una demoledora crítica al puritanismo residual en la sociedad británica. Un viaje al lado oscuro de la personas y de la naturaleza. La novela posee un mayor ingrediente de humor (iconoclasta e irreverente) que falta en el film. Pinner escribió esta novela mientras representaba “La Ratonera” de Agatha Christie en el West End. Christopher Lee compró (proféticamente) los derechos para escapar de su pasado de capas bicolores y colmillos chorreantes. El encargado de la adaptación fue el autor de un hito teatral. Anthony Shaffer, creador de “La Huella”, ácida crítica a la aristocracia británica. Obra en la que, el gran Mankiewicz, extraería un inolvidable duelo interpretativo de Laurence Olivier, como retorcido escritor de novelas de misterio, y Michael Caine como el cínico amante de su esposa.


Fue concebida para el cine desde un principio. Aunque las diferencias entre novela y film son notables. Sobre todo cuando el narrador es omnisciente, durante la verbalización de pensamientos y la mostración de pensamientos de unos y otros, o la presencia de esa cuadrilla de niños que campan a sus anchas en la novela. Incluso la concepción formal, mucho más negra, aparte de la pérdida (reconocida por el autor) del sentido del humor. También en la novela se han producido otros asesinatos rituales, que son los que mueven al policía a investigar (¿True Detective?) ya que localiza el cadáver de una niña al pie de un roble, con una cabeza de simio clavada y tres flores de ajo. Una de las víctimas es una niña próxima al protagonista, algo inexistente en el film. La peregrinación “lynchiana“ y la implicación del investigador adquieren, con esta premisa, mucha mas intensidad. También se ve obligado a usar gafas oscuras debido a su sensibilidad ocular. Un velo simbólico para no ver la sensualidad que le rodea. La novela está situada en una pequeña localidad de Cornualles. Una “Merry England rural”, donde la gente sencilla se oculta bajo máscaras inquietantes de animales, los pasteles y tarros de mermelada adquieren connotaciones turbadoras y las alegres cancioncillas de taberna son bacanales sonoras. Verdaderos aquelarres vocales para los bienpensantes. En “Ritual” el culto es de raíz claramente cercana a la brujería, mientras que en “The Wicker Man” es una celebración del culto neopagano” de carácter sincrético.


El título procede de un tótem en el que se inspiraron. Una imagen de 1676 que ilustra el libro “Britannia Antiqua Illustrata”, y que fue realizado por un historiador ingles: Aylett Sammes. Los supuestos sacrificios célticos  que ya encontró Julio César cuando llegó a las Galias de antaño, fueron la base para este grabado. A día de hoy todavía existe controversia acerca de la utilización de estos muñecos, dada la afición de los civilizadores a presentar su superioridad cultural y proyectar como rasgos bárbaros lo que veían en los extranjeros. Algún historiador sostiene que César había manipulado la imagen de los druidas. También se apunta la posibilidad de que dichos artefactos fueran artilugios para estados alterados de conciencia. El mimbre se entrelazaba con cáñamo y vegetales con propiedades alucinógenas. En contacto con el fuego, los iniciados se sumergirían en otros mudos. Se supone que bajo el hombre de mimbre existían cavidades excavadas donde se tumbaban y emprendían los mágicos “viajes”.
 


Las hipnóticas baladas de la cinta fueron compuestas por el neoyorquino Paul Giovanni, que logra  impregnar de “neofolk”, sin perder las raíces gaélicas. El músico fallecería sin conocer que su obra se convertiría en objeto de culto. Para escribirlas realizó (junto con Peter Saffer) un estudio de la tradición musical escocesa. El grupo “Magnet” estaba especializado en interpretación de antiguos instrumentos. En una de las escenas del film, aparecen  junto al compositor. Hasta ocho años después no se recuperaría la banda sonora, pasando a formar parte de la comunidad folk norteamericana, con  hitos como la canción interpretada por Rachel Verney: Willow´s Song. Ultrapagana balada que la hija del tabernero (seductora Britt Ekland), utiliza para tentar al policía a través de la pared. La sensual (y ritual) danza “a poíle” de la actriz aún sigue cautivando a quienes ignoran que se trataba de una bailarina, doble de cuerpo. A riesgo de hundir recuerdos eróticos de adolescencia, aclarar que es fácil detectarlo con simples parámetros antropométricos. Por si hubiera alguna duda, los movimientos profesionales y el perfil que muestra el rostro de la bailarina bastarían para aclarar dudas. Aparte de las declaraciones de Stuart Hopps (coreógrafo de la película), que llamó a los servicios de una sede en Londres "bailarina exótica" llamada "Miss P.", de 18 años de edad: Jane Jackson.

Esta obra plantea el condicionamiento social como cárcel de la que no se puede escapar. El relativismo cultural. La educación, no como liberación, sino como único acceso al conocimiento, y el entorno como opresión. Aprendes aquello que te rodea. El hombre practica aquello que aprende. Vive aquello que conoce, respeta  aquello que le han enseñado. Cada uno de los factores implicados en este duelo de creencias es fruto de un adoctrinamiento, la aceptación del grupo (gregarismo) y la diferencia con los que no tienen tus mismas creencias.
Juega el director con la intromisión del elemento extraño. El  policía que acude con leyes, normas morales y creencias religiosas a una sociedad a la que no le importa, ni  comprende ninguna de aquellas. El Sargento insiste en repetirles constantemente a los aldeanos que el viene de “mainland” (tierra firme). Summerisle es un lugar donde lo sombrío y los parajes feéricos se dan la mano en la  fotografía de Harry Waxman (El Aniversario, The Day the Earth Caught Fire), mezclados con colegiales que rinden culto al falo, copulaciones entre tumbas (rito de fertilidad) o bailes de infantes desnudos entre monolitos ancestrales. Arthur Machen hubiera firmado con gusto una narración en estos bosques atávicos, donde se cuelgan cordones umbilicales en un ritual pagano olvidado. 


Todo esto va resquebrajando los esquemas del Sargento Howie, un hombre que en otra época, quizás hubiera pasado por la parrilla inquisitorial a los lugareños. Pero se encuentra con la otra cara de la moneda.
El Sargento Howie es un Ulises perdido, que en lugar de arribar a Ítaca, desembarca en medio de horror, para ser tentado por el canto de sirena de Ingrid Pitt. Para ser hipnotizado por la danza ancestral de apareamiento, que le  envuelve en un sudor perlado, por el ritmo sincopado de los golpes (simulando el ayuntamiento carnal) que la joven da en la  pared. El policía, es esclavo de un Macguffin (la búsqueda de la niña), que sirve como excusa para llevarle a un final anunciado.




La técnica actoral es voluntariamente impostada, coqueteando con lo excéntrico y lo burlesco. Tan sólo en la versión original se podrá captar esa ironía británica que en algún momento recuerda las comedias de la Ealing, pero teñidas de malestar e inquietud. Christopher Lee sobresale en su papel del laird Lord Summerisle, que desempeñó gratuitamente, componiendo un líder carismático, de sesgo patricio, dionisiaco, capaz de recitar poetas ingleses clásicos, vestir de highlander, cantar una licenciosa tonada gaélica con su voz de barítono o burlarse del apocado policía. Un cínico que reconoce que la presunta fertilidad isleña, proviene en realidad de los experimentos de su abuelo con nuevas especies adaptables al clima terrible de la isla y de los conocimientos científicos, en lugar de los dioses paganos. Pero mantiene a lo aldeanos, engañados, a su servicio. El televisivo Edward Woodward (El Justiciero, The Equalizer) deja que la sobriedad y la perplejidad (no el acartonamiento) se enfrenten a damas de la talla de Britt Ekland (doblada por Annie Ross, debido a su acento  polaco, poco apto para la isla  pagana), Diane Cilento o Ingrid Pitt, mascarones de proa de la Hammer (The Vampire Lovers, Spell of Evil, Asylum), transmutadas en hembras poderosas del matriarcado que se burlan de la indecisión del policía. Además la V.O. permite disfrutar del timbre subyugante y la dicción clásica de Christopher Lee, que además canta y toca el piano. Como curiosidad permanece el papel de Lindsay Kemp como  mesonero, antes de convertirse en actor-fetiche de las incursiones de Derek Jarman.

Aunque en ningún momento se define la religión practicada en la aislada sociedad, posee claros referentes a las mitologías precristianas, donde era común la adoración al sol y la naturaleza, al animismo, pasando por rituales druídicos, aunque mixturando diferentes épocas.
La cultura del megalitismo (neolítico) es mucho anterior al divertimento celta de freír animales y asesinos dentro de gigantescos hombres de mimbre. Cuando carecían de delincuentes, echaban mano de otros, según las tendenciosas crónicas romanas. Las piedras agrupadas estilo “crómlech”, alrededor de las que bailan en corito las chicas, y el gigantesco hombre de mimbre, no son paralelos históricamente. También hay reminiscencias de la Escuela Wicca y del animismo.  El argumento oscila entre el mensaje antropológico, el relativismo y la crítica social. De hecho los actos de la comunidad van encaminados a que retorne la producción de frutos, que enriquecerá al señor feudal, el único que posee una mansión opulenta y un nivel de vida elevado. El guión incluso incluye sesgos en su costumbrismo enfermizo para dibujar una de las sátiras sociales de Johnattan Swift o una “Utopía” pervertida. El  inverso de la isla de Tomás Moro.


Es preciso situarse en la época en que se produjo el film para comprender el nivel de trasgresión (incluso en aquellos momentos) que conllevaba una propuesta llena de situaciones obscenas y vesánicas (en actitudes y sobre el papel), donde se imita una erección con un grosero movimiento de un antebrazo sobre otro, los niños adoran falos en un Palo de Mayo durante el recreo, o un padre tabernero corea con los parroquianos de “El Ogro Verde”, una canción obscena sobre su hija, que sonríe y celebra la elocuente letra:

Se ha hablado mucho de las zorras de antaño
de mozas y reinas casa de citas de la puntuación,
pero canto de un equipaje que todos adoramos,
la hija del dueño. . . '

 Su ale es animado y fuerte para el sabor,
que se elabora con discreción y nunca con prisas
Usted puede tener todo lo que quiera
si juras no desperdiciar
a la hija del dueño. . .
 


Parábola en formato de serie B, a instantes parece respirar el humo psicodélico de la época o haber ingerido alguna sustancia “experimental”. Se agradece que no  cayera en manos de las productoras imperantes en la época (Hammer y Amicus), ya que el resultado habría variado notablemente a nivel conceptual y estético. La British Lion se halla más cercana a las creaciones más transgresoras  de la Tigón.
Impagable Christopher Lee recitando a Walt Whitman mientras contempla un simbólico apareamiento de caracoles:

Creo que podría transformarme y vivir con los animales.

¡Son tan apacibles y dueños de sí mismos!

Me paro a contemplarlos durante tiempo y más tiempo.

No sudan ni se quejan de su suerte,

no se pasan la noche en vela,

llorando por sus pecados,

no me fastidian hablando de sus deberes para con Dios.

Ninguno está insatisfecho,

a ninguno le enloquece la manía de poseer cosas.

Ninguno se arrodilla ante otro,

ni ante los congéneres que vivieron hace miles de años.

Ninguno es respetable ni desgraciado en todo el ancho mundo.


 

 Al fondo, en la taberna, interpretan la impúdica balada gaélica "Gentil Johnny", acompañado del sonido del desvirgamiento de un joven por la hija del tabernero, en un ritual de iniciación. Junto a la ventana del  sudoroso y sufriente sargento. La estructura monolítica de las creencias del urbanita se enfrenta a la anarquía bucólico/erótica, al desenfreno ocioso y desordenado de los instintos sin domeñar. Los aldeanos actúan como un auténtico enjambre frente a la individualidad enfermiza del policía. Un paraíso perdido, pero que tras los goces que ofrece, solicita un pago terrible. Un anti-héroe que ha de pagar por su condición. Por su enfrentamiento frente a un grupo compacto y homogéneo.

 


Las localizaciones juegan un  papel fundamental, ya que el entorno amenazador y las particularidades telúricas eran fundamentales para recrear el malsano entorno. La residencia de Lord Summerisle se utilizó el Castillo de Culzean (Ayrshire). Se precisaron frutas de plástico y flores pintadas para simular el verano. También se rodó en dos poblaciones escocesas Gatehouse of Fleet, Newton Stewart, Kirkcudbright, Plockton y Creetown. La escena final fue rodada en lo que hoy es un parque de caravanas Burrowhead Holiday Village.



Es algo normal en la cultura británica literaria, la evocación de zonas periféricas irlanda o escocia, donde perviven mitos, supersticiones y ritos paganos: La Guarida del Gusano  Blanco de Bram Stoker, etc..
En cuando a las escenas iniciales, rodaron en las Hébridas Interiores, y la toma desde el avión en Sudáfrica.
Para el guión se inspiraron en libros como “La Rama Dorada” de Sir James George Frazer, sobre los primeros mitos y creencias paganas y su influencia en el siglo XX. Alumnos de las escuelas de baile ayudaron en las escenas de danzas y los oriundos fueron reclutados para rellenar tabernas y rituales iniciáticos.
El montaje original del stajanovista Roger Corman dejaba muchos flecos y situaciones sin resolver. El “Final Cut” solucionó algunos problemas de comprensión e incluyó escenas imprescindibles.
El epílogo donde se descubre que todo ha sido una prueba, de la cual el policía habría podido escapar traicionando sus creencias (entonces no había sido víctima propiciatoria), es uno de los más desasosegadores del cine de terror. El sufrido investigador; vestido de blanco e inmaculado hábito iniciático; ejerciendo de protagonista principal en la fiesta de la fertilidad. 
Una apoteósica final donde el choque de creencias es tan brutal que, frente al Salmo 23, recitado por el policía en sus últimos momentos, los isleños le superponen una canción de celebración y una carnavalesca danza, que podría formar parte de cualquier romería multitudinaria. Según el director todas estas ceremonias eran populares en Inglaterra. “Lo que hice fue juntarlas todas en el mismo lugar y al mismo tiempo”. El resultado es un film inquietante e inclasificable, hoy en día, objeto de culto.


 
Curiosidades: El actor Edward Woodward, es católico como el personaje que desarrolla en el Film. Durante la grabación perdió un collar con crucifijo. Treinta Años después, durante el rodaje de un documental conmemorativo, fue encontrado por el equipo de rodaje en el mismo lugar.
A todo el elenco se le comunicó que se iba a utilizar un doble de cuerpo para el estimulante baile de la canción de seducción ritual, menos a la protagonista. Britt Ekland se enfureció, ya que no había querido filmarla: “Tengo el culo como una pista de esquí”.
Los comentarios de César en su “Guerra de las Galias” son escasamente creíbles.
Las letras de algunas canciones sirven de narración, como en la ópera, algo totalmente novedoso en la época.
El cadáver de la mujer en el ataúd lleva monedas en los ojos para pagar el peaje de la muerte, algo propio de la cultura grecolatina y judía.
El escarabajo atado al pupitre, que da vueltas sin descanso sobre el eje, es una metáfora del propio policía, atrapado en la onírica aldea.
Los nombres de los protagonistas proceden todos de la naturaleza: Willow (sauce), Daisy (Margarita), Rowan (árbol sagrado celta).
Una de las cabras que acompañan al policía en el ritual, al sentir el fuego, se orinó encima del equipo de filmación, desde el Hombre de Mimbre.
La primera opción para la banda sonora fue el grupo “Pentangle,” pero eran demasiado caros para el presupuesto. Nunca sabremos el resultado que se podría haber obtenido.
El papel fue rechazado por Michael York (La Fuga de Logan) y David Hemmings (El Fotógrafo del Pánico)
 

 

“Aquí, los antiguos dioses no  han muerto”