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lunes, 29 de septiembre de 2014

The Reader (El Lector) / El intercambio




Totalmente disímiles en concepto visual. Dos modos diferentes de hacer arte. Un nexo en común: la calidad y el buen hacer de cineastas que utilizan el lenguaje de la mirada para revolver conciencias, evitando la ínfulas con que; otros provocadores vacuos y banales; adornan producciones de escasa calidad para perpetrar sus desvaríos. Del buen hacer de Eastwood, poco se puede decir. El creador de Malpaso, balancea su cine alternando producciones alimenticias con obras personales (la industria manda) en una hábil obtención de fondos para reutilizarlos en sus proyectos. En El Intercambio nos propone una fotografía esplendida, luminosa. De paleta cromática clásica. Los planos de una contenida Angelina Jolie y la narración certera, nos desvelan mansamente los estados de ánimo y la opresión del entorno. En El Lector, la iluminación es de factura europea. Pocas actrices soportarían, como la Winslet en su piel, el escaso glamour de esas luces cenitales y mortecinas. Tan desnudas como el cuerpo de su protagonista en estado de gracia. Dos enfoques distintos sobre la banalidad del mal. En El Intercambio, un pequeño sector de la sociedad; un cuerpo de policía corrupto; es reflejo, como un microcosmos, del mal superior que supone una sociedad entera corrompida por el nacionalsocialismo. La desesperanza sobrevuela a la madre que busca; engañada; a su hijo, aunque en el fondo, conoce la inutilidad de su lucha. La misma angustia encontramos en el amor enfermizo, obsesivo, que el joven protagonista de El Lector, siente por la antigua guardiana de las SS, y que la lleva a la redención, mediante el castigo por hechos que no protagonizó. De este modo se condenan (y se salvan) a la destrucción de si mismos. La madre angustiada de El Intercambio también se autocondena a no abandonar; a seguir creyendo; mientras le quede fuerza. Creer en una entelequia. Y lo hace acompañada de una música minimalista y espléndida, mixturada con la narración y firmada por el incombustible director. Si Harry el Sucio, dudara sobre a que pasión dedicar sus ocios, el mundo de las bandas sonoras le quedaría eternamente agradecido si decidiera continuar por esa senda. Pero, como ha conseguido demostrar después el ex­-alcalde de Carmel; a pesar de anunciar su retiro cuando firmó esta obra; aún le quedaban varios cartuchos. ¡Maestro!

sábado, 27 de septiembre de 2014

Sin Conciencia. Un estudio de los Psicópatas que nos rodean. Robert D. Hare




Inquietante. Fascinante. Terrorífico. Cualquiera de estos adjetivos servirían para calificar el libro del Doctor  en psicología e investigador de renombre en el campo de la psicología criminal. Robert D Hare. El autor es profesor emérito de la University of British Columbia donde centra su investigación en psicopatología y psicofisiología. Fascinante, si lo sujetos aquí estudiados no fueran seres humanos, si estas personas fueran el resultado de la mente de un escritor creador de mundos anormales. Pero no es así, lo aquí narrado es terriblemente verídico. Inquietante, si fuera algo lejano, que contempláramos a través de un cristal y que no nos rozara la piel. Pero las historias desgranadas en las páginas de este libro, son reales y sus personajes también. Por ello "terrorífico" sería el epíteto más apropiado para definir el estudio. Y lo es, porque nos afecta a todos. Porque estas personas, que no se curan, pero que tampoco están estrictamente enfermas, que cuando acuden a terapia únicamente aprenden como seguir manipulando las debilidades de los demás, que no sienten ningún tipo de culpa ni empatía, están a la vuelta de la esquina. Para el psicópata un programa de rehabilitación funciona en sentido inverso de un enfermo mental. Es un aprendizaje para seguir en su mundo de mentiras, utilización de los otros y destrucción de todo lo que le rodea. Para el psicópata, el otro no es más que un mero objeto, manipulable, del cual extraer todo lo que necesita. Son vampiros emocionales que agotan las vidas de las personas que tienen la desgracia de cruzarse con ellos y los llevan al abismo, satisfacen sus ansias egocéntricas con su víctima y cuando se cansan (son volubles) o piensan que no van a obtener más beneficios, desaparecen dejando un rastro de destrucción, sin importarles, ni mirar atrás. Para ellos realmente no ha sucedido nada relevante. Pasan a la siguiente víctima sin ninguna huella de culpa (ignoran lo que es). Lo mejor que puede suceder con los psicópatas, es que nunca tengamos que encontrarnos con ellos. Pero esto es difícil, teniendo en cuenta que están por todas partes. Los estudios valoran entre un dos y un cinco por ciento de la población. Tan sólo hay que calcular las posibilidades de tropezarse con ellos a lo largo de una vida. El cine ha tenido en gran parte la culpa de difundir una imagen distorsionada del psicópata, que no se corresponde exactamente a la realidad, presentando personajes como el erudito Hannibal Leckter o el sofisticado protagonista de American Psicko. El psicópata de a pie (si puede utilizarse este termino) es una persona de apariencia normal, capaz de camuflarse e imitar las emociones y los modos de convivencia de los otros para conseguir lo que quiere. Es un maestro de la mentira, narcisista extremo, que aprovechan las circunstancias con un sexto sentido como un depredador. En cierto modo son cazadores siempre en activo. Las personas de baja autoestima son sus presas favoritas. Tienen una habilidad especial para detectar puntos débiles e imitar las emociones, si es preciso. Manipulan, viven en constante violación de las normas sociales, que no les interesan, o les resultan una molestia, por eso aparecen como delincuentes tempranos y reincidentes, niñas de sexualidad precoz para manipular, torturadores de animales sin rastro de piedad o arrepentimiento, pero capaces de fingir emociones para su beneficio. Ególatras, cuyo paso por la vida de los otros es devastador. El estudio demuestra que están en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Banqueros y estafadores que hunden a colectivos en la miseria sin alterarse, abogados perniciosos, capos de la droga, etc. Son esas personas que destruyen todo a su paso, sin conciencia, con una conducta sorprendentemente amoral dentro de una aparente normalidad. Cuando se les describe a grupos de víctimas los síntomas identificables, comprenden por que esas personas les han hecho pasar un infierno en sus vidas. Tener la desgracia de encontrarse en la vida con un psicópata, o convivir con él, es una de las experiencias más aterradoras y anuladoras de la personalidad que pueden sucederle a alguien. Los testimonios que transcurren a lo largo del libro son estremecedores, sobre todo cuando proceden de niños. La psicopatía se manifiesta ya en la infancia, son adolescentes terribles, precoces y manipuladores, que hacen sentirse culpables a los padres y pensar que han fallado en su educación. En la vidas cotidiana son tipos ingeniosos. Les gusta ser el centro de atención, no soportan la frustración y consiguen manipular todo con su carisma y energía desbordante, de tal modo que las personas que le rodean, apenas se dan cuenta de sus contradicciones, mentiras y falta de emociones verdaderas. Es cierto que una parte de ellos terminan siendo asesinos seriales o violentos delincuentes, pero los verdaderamente peligrosos son los otros, los cotidianos. Aquellos que se camuflan en la sociedad como depredadores, imitando emociones y repitiendo rituales que han aprendido que les pueden ser útiles, pero que realmente no sienten ni comprenden. Para ellos el dolor o el sufrimiento tienen el mismo valor emocional que una mosca volando. Salvo que vayan a utilizarlo para satisfacer su inmensurable ego y sus necesidades básicas e instantáneas, entonces no dudarán en realizar el acto violento que sea necesario, para a continuación servirse una cerveza, pensando que la otra persona lo merecía, si es tan débil como para dejarse vencer. El psicópata no suda, no altera el ritmo cardíaco ante situaciones de extrema violencia. Su lógica esta pervertida, pero sabe exactamente lo que hace. Aunque en su mundo interior (si esto existe) lo justifique todo desde ese pensamiento distorsionado. La única defensa, es mantenerse alejados de ellos desde primer aviso. 

domingo, 21 de septiembre de 2014

El Corredor del Laberinto

La Distopía  como género, se ha consolidado entre en las sagas teenagers y forma parte de rabiosa actualidad; como consecuencia de sus adaptaciones; del mundo del celuloide. Algunas de ellas de gran éxito como Los Juegos del Hambre, aunque todo esto comenzó mucho antes. Entre los mundos distópicos se encuentran clásicos como 1984 (Orwell nunca imaginó a que degradación llegaría su creación del Gran Hermano), La Naranja Mecánica, que en versión audaz (y controvertida) realizo Kubrick de la corrosiva novela. También obras de culto como Blade Runner, según la narración de Phillip K Dick, o la profética: Un Mundo Feliz de Huxley. Ya el cine, se había aproximado a estas sociedades donde el bien común se obtiene con el perjuicio de los ciudadanos y sin su consentimiento (suena familiar), en La Fuga de Logan; después convertida en serie; donde a los ciudadanos a los 30 años, edad limite, se les induce al sueño eterno y se les  entregaba un pasaporte sin visado de retorno. Tampoco la idea del ser humano que despierta en un entorno desconocido; sin saber como y porque ha llegado allí; es novedosa. La excelente cinta  canadiense CUBE, nos mostraba un grupo de personas atrapadas en un desconocido entorno lleno de trampas. En otro nivel, y en los años sesenta, una serie de culto: El Prisionero, mostraba a un agente secreto misteriosamente recluido en un lugar conocido como La Villa. De aquí parte la premisa de este film. El protagonista sube a través de un extraño ascensor, a un lugar habitado por otros jóvenes que han ido arribando allí a lo largo del tiempo. Lejos de desesperarse han organizado una sociedad bastante funcional, y aceptado su situación. El lugar está rodeado por las altas murallas de un gigantesco laberinto que cambia de forma constantemente. Su llegada altera notablemente la forma de ver el entorno de la comunidad y comienzan a plantarse la posibilidad de salir de allí. En este tipo de cine lo de menos son los fallos de raccord, el sospechoso parecido del argumento con otros en boga, o la falta de carisma de los interpretes. Tiene un puñado de escenas de acción entretenidas, aunque sobra la machacona banda sonora, es mucho más oscura que otros productos para adolescentes al uso. Y por último no recurre al tirón sentimentaloide, la única chica que aparece no tiene ninguna empatía con los personajes masculinos. Además el casting ha huido claramente del atractivo físico de los protagonistas, quizás para dar credibilidad al conjunto. Tiene; como cabría esperarse; un esquema plano, pasa de puntillas por la densidad argumental y la intensidad de personalidades. Es previsible en algunos momentos, pero al menos intenta ser voluntariosamente diferente. Cierto que no es El Señor de las Moscas postapocaliptico, pero el hecho de ver el cine lleno de adolescentes, que también han comprado y leído el libreo compensa de sobras estas carencias. Después de todo las películas hay que juzgarlas con los parámetros de su género, y no buscarles coartadas intelectuales. Añadir que algunas de ellas están tienen una factura técnica y artística superior a las chorradas conceptuales que tratan de hacernos tragar en ocasiones. Es lo que hay.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Desde el Infierno. Alan Moore y Eddie Campbell



El misterio de Jack the Ripper, llevado en diversas ocasiones al cine, ha sido fuente de multitud de ficciones y teorías, pero la novela gráfica realizada entre 1993 y 1997 por el mago Alan Moore y Eddie Campbell, merece un lugar privilegiado en el Parnaso de los Rippeólogos. Sin duda una de las mejores novelas gráficas  que podamos  disfrutar, no sólo por su hipnótico dibujo en blanco y negro, retratando con agudeza la sordidez y los caracteres de los personajes, también lo es por regalarnos un viaje iniciático al submundo de Whitechapel, a la masonería, a la mente perturbada del sicokiller victoriano. Alan Moore ha pergeñado algunas de las mejores obras del mundo del comic como La Liga de los Hombres Extraordinarios, u obras de culto como Wachtmen y V de Vendetta. Campbell utiliza trazos sucios, oscuros, de una negritud casi absoluta cuando retrata los bajos fondos o la demencia del asesino, refleja de forma magistral aquella sociedad donde la hambruna y la miseria eran cotidianas. Un mundo que Jack London reflejó en su excelente novela La Gente del Abismo, que el mismo experimento viviendo en el East End varios meses. A través de la teoría de la conspiración política, Moore nos sumerge en la mente enferma del asesino en viñetas magistrales, en la corrupción policial ( y de todo un Imperio que hace aguas). Por sus paginas desfilan El Hombre Elefante, Oscar Wilde, La Reina Victoria y todo un entramado de personajes y comparsas que contribuyen a dar verosimilitud a un relato ya de por si, exacto en lo histórico, con un gran trabajo de investigación a sus espaldas. La obra nos sumerge en el verdadero infierno de la mente perturbada del médico real que interpreta su misión como mágica y divina. El paseo de Sir William Gull. con su cochero, recorriendo las calles de Londres; con una interpretación mágica de su diseño; es de una densidad apabullante. From Hell es una lectura compleja, un comic para adultos presentado en forma de muñecas rusas, capa tras capa hasta llegar al desnudo final. Guiado con trazo magistral, es una obra para degustar en pequeños sorbos, para no dejar que nos sumerja en el mundo alterado y paralelo del demente médico. Desde el infierno bucea en los límites de la mente, nos manipula con sus dibujos inacabados, siniestros, como un golpe directo a la razón. Esta teoría conspiratoria ya fue llevada al cine con el personaje de Sherlock Holmes, investigando los crímenes en Asesinado por Decreto, donde Christopher Plummer interpretaba al detective. Posteriormente otro film; eficaz, pero fallido; permitió a Johnny Depp desarrollar el papel de inspector Abberline, quizás la víctima más directa de estas atrocidades.

"Algún día, la gente mirará hacia atras y dirá que conmigo nació el siglo XX"
Jack el Destripador.

                                                                        

Donde nadie te encuentre. Alicia Giménez Barlett





  Si nos encontrásemos frente a un libro de ficción, no dudaría en calificarlo de apasionante. Así lo atestiguan el ritmo narrativo, el argumento; con ese montaje paralelo más propio del cine; o la tremenda historia humana que destilan estas páginas. Pero darle ese tratamiento a lo que ha sido la peripecia vital de un ser humano acorralado, a lo que es un canto lacerante de la soledad humana, y presentarlo tan sólo como un thriller tan negro como la España que muestra, me parece una falta de respeto al protagonista de esta historia tan dolorosa como real.  Nacida cono Teresa Pla Meseguer,  La Pastora vivió en una continúa huída del mundo y de si misma. Hermafrodita en un tiempo de oscurantismo, acosada en una España trágica, una España que habría sido de opereta y sainete; una patria garbancera; de no haber causado tanto dolor, tanto sufrimiento gratuito, tantas humillaciones inmensurables. Donde nadie te encuentre es ante todo la aventura humana de aquel a quien le toca nacer y sufrir una época histórica. Es la soledad infinita de Teresa, luego llamada Florencio en esa España negrísima con contornos de catafalco y olor a cerrado. Este es el país que encuentra un siquiatra de La Sorbona; especializado en mentes criminales; que piensa que la protagonista reúne las características para sus estudios, debido a la propaganda franquista que la presenta como un monstruo ahíto de sangre. Durante su viaje iniciático por un país que no deja de asombrarle por su atraso espiritual y coyuntural, es acompañado de un periodista voluntarioso. Al final de este éxodo, decepcionado, abatido. aún es capaz de arrancarle a la vida la positividad de un personaje que no se ha dejado vencer, frente a su profunda decepción en un país de delatores, y supervivientes, donde nada es lo que parece. Después de una vida de vejaciones y vacíos, Teresa cambia sus ropas de mujer por las de hombre al ingresar en el maquis. Al final ha encontrado un lugar donde se le acepta como es, y asimila la ideología del grupo convirtiéndose en uno más, pero las circunstancias le devolverán a su soledad eterna, cuando todos los compañeros vayan cayendo abatidos por el enemigo. El francés vuelve a su pais tras comprender entrevistando a La Pastora que las mentes criminales están en otra parte y que en una guerra al final todos son vencidos. No sin antes llevarse un último y amargo desengaño, de un país que no acaba de comprender. El libro es ante todo un poema a la inmensa soledad del hombre, una elegía a todos aquellos que tienen la desgracia de nacer en un lugar y un tiempo equivocados. Y lo hace reivindicando la memoria de tantos otros en la persona de La Pastora. Descansa en paz, donde nadie te encuentre,,,,

Chef. Agridulce Comedia




 Chef. Agridulce comedia

 Sorprende encontrar al frente de esta producción al artífice de los blockbuster del universo Marvel; por otra parte apreciables obras en su género; alejadas estética y conceptualmente de los parámetros de esta Road Movie, con cierto aire de cine independiente, pero narrada en clave de factoría mayors. Conociendo y entregando lo que el público desea en una película con estos planteamientos. John Favreau, convertido en catalizador de todo lo que aparece en pantalla, nos ofrece una comedia agridulce,  previsible, pero no por ello menos entretenida, con su visión standardizada del sueño americano. Es el tratamiento que le da, lo que convierte un rutinario y mil veces visto argumento, en algo lúdico, apoyado en la empatía que despiertan los personajes. Se agradece, para variar, que los grandes nombres queden en segundo plano, casi como cameos. Dustin Hoffman, Scarlett Johansson o Robert Downey Jr (que ya trabajo a sus ordenes en Iron Man) cumplen funciones anecdóticas dejando al resto del elenco campar a sus anchas. El viaje iniciático de un chef que ha tocado fondo, junto a un hijo; del que no se ha preocupado nunca; da lugar a situaciones cómicas o sentimentales, que se dejan ver sin demasiadas exigencias. La base está en el ritmo narrativo, los ágiles e ingeniosos diálogos y una frescura exenta de toda pretensión. A destacar su homenaje al mundo latino y al universo de los fogones. Chef pertenece a ese género que consigue que nuestros jugos gástricos funcionen con independencia del cerebro. Un homenaje al arte nutricio, teniendo como cómplice a un espectador que literalmente saborea al preparación de cada plato. Y es este amor por la cocina, como sucedía en la japonesa Tampopo o esa otra joya de los fogones que es  Deliciosa Martha,  donde la complicidad de la sala se dispara, haciendo olvidar la excesiva blandura del conjunto y la falta de acidez en el argumento. Se saborea el cine detrás y delante de la cámara, en un producto que despierta simpatías, con interpretaciones correctas de John Legizano y una esforzada Sofía Vergara, aunque en el doblaje se pierde todo el contraste de acentos y diálogos de la V.O. Trufada de una banda sonora que invita a invadir la pista. Chef es una película sin pretensiones filosóficas, etiquetada para todos los publicos, y como tal hay que juzgarla. Salir de un metraje dilatado, sin apenas haberte dado cuenta, dice mucho en su favor. Y es que en la vida hay tiempo para apreciarlo todo. Del mismo modo que un día te apetece fragmentarte las neuronas con los diálogos y enfoques de Bergman, o flipar en el universo alternativo de David Lynch; sintiéndote un kultureta de salón; en otras ocasiones tan sólo quieres un artesano hábil, que te haga olvidar la mediocridad que nos rodea o echarte unas risas. Sucede igual con la comida, unos días te aventuras en un restaurante deconstructivo; donde por dos hojas de lechuga y un trozo de nabo (con nombre cursi en francés)  te meten una clavada del quince, y otros, lo que realmente te levanta el ánimo es un delicioso y pringoso bocadillo cubano. Bon apetit¡

Las Ranas de Aristófanes en Mérida

Las Ranas, de Aristófanes en Mérida

Sobre el escenario toda una declaración de principio. Velos iluminados representan el inframundo. Un decorado minimalista por que no están los tiempos para grandes escenografías, y un aviso para navegantes. El peso de la obra recae sobre la dirección de actores, sin coartadas ni distracciones de cara a la galería. La misión era difícil. El texto repleto de referencias, riqueza de personajes mitológicos, lugares atenienses, etc., que se hacen ligeros y digeribles, merced a la adaptación. El Dios Baco (excelente Pepe Viyuela), es un inmortal timorato, glotón y bravucón que trata con desprecio a su criado Jantias (Miriam Diaz Daroca), un siervo que a la larga demuestra ser más astuto que él. Durante su viaje a la laguna Estigia encontrará a un Hércules un tanto perjudicado y un coro de ranas que le hacen la vida imposible a pesar de no aparecer en escena. La presencia de la cantante Beht  dinamiza (y moderniza) la puesta en escena sirviendo de transición o explicación con breves intervalos de su voz rota, disfrazada como una ranita o duendecillo verde de San Patricio. El viaje de Baco al Hades, vestido con piel de león y acompañado de una clava para salvar al teatro, ocupa una primera parte con altibajos cómicos. A destacar una Mirian Diaz Daroca cada vez más acertada y que se lleva las simpatías del público. Un pequeño fallo en el micrófono durante el duelo final de los autores griegos (Eurípedes y Esquilo) de concepciones tan distintas sobre teatro, y algún defecto de sonido que impedía entender las letras de Beth, son el saldo negativo de una obra a ritmo de musical. Homenaje vocacional a la poesía y el teatro, y que juega con las similitudes de situaciones sociales de hace 2500 años, pero exportables a nuestros días. Pepe Viyuela compone un Baco mundano, que adquiere la luz de la razón cuando se encuentra envuelto en los vapores de él mismo. Bajo el barniz de la comedia subyace un mensaje extrapolabe a todas las épocas del hombre, que nos habla de escasez en la honorabilidad y en los valores (no sólo económicos). Sorprende la familiaridad con que se refería el autor a los dioses en una época, donde solían invitarte a una degustación de cicuta en caso de no ser respetuoso con los mismos. Momentos desternillantes como el encuentro con el coro que transporta el sudario y su insufrible cancioncilla, o la incursión de Baco (o Dionisos) en la barca de Caronte, sirvieron como homenaje al creador de la comedia griega que, amén de un gran dramaturgo, era un conservador de armas tomar. Esta parábola, planteada como un juego de muñecas rusas (el teatro dentro del teatro) llega al público fácilmente en esta versión. La escatología ya estaba presente en el texto original, y es que Aristófanes aparte de satírico, también podía llegar a ser obsceno y vulgar, mixturando lo poético con lo incisivo. De ahí que no es de extrañar la pregunta que el criado Jantias (sobresaliente Mirian Diaz Daroca) le hace al acuclillado Baco, que dice estar "haciendo una libación", cuando le solicita la esponja para el aseo íntimo. Baco le dice que le ponga la esponja sobre el corazón.  Jantias le contesta ¿Es ahí donde tienes el corazón, Baco?



lunes, 8 de septiembre de 2014

La Ladrona de Libros


La ladrona de libros

A pesar de presentarse como una coproducción (Estados Unidos/Alemania) La Ladrona de Libros podría incluirse; sin duda; por su estética y desarrollo, dentro de ese cine Europeo de calidad que nos ha regalado otras obras sobre la temática del nacionalsocialismo. Baste recordar las excelentes NAPOIA, visión sin concesiones acerca de las academias infantiles del nazismo, GHETTO; contundente denuncia de la impunidad que inútiles y opacos adquieren durante periodos de guerra; sin olvidar otra excelente película como LA REDADA (no estrenada en nuestro país), donde se muestra la vergonzosa colaboración de un sector del país galo en las deportaciones de judíos y republicanos. Podríamos reseñar dentro de este grupo la emblemática AMEN, del Director Costa-Gavras, contundente denuncia sobre la grisura histórica del Vaticano a la hora de enfrentarse con las monstruosidades del nacionalsocialismo, y su obsesión visceral por el comunismo. Otra película altamente recomendable para conocer la infancia del otro lado es LORE, donde se narran las vicisitudes de una generación perdida, adoctrinada en la perversión política que les toco vivir. No olvidemos la parábola de EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS, hachazo frontal sobre las ramificaciones del mal en propia piel. En La Ladrona de Libros, se dan características comunes con algunas de las obras citadas. Prima lo cotidiano sobre la pura acción, la intensidad dramática y los gestos humanos sobre esa truculencia, que tan cara es a esta faceta del género histórico. La cámara, enamorada de la mirada de la pequeña Sophie Nélisse, apoyada por grandes característicos como Geoffrey Rush o Emily Watson, consigue transmitir la fuerza de la convicción y el valor frente al horror y vacuidad que les ha tocado vivir. Resistir frente al espanto cotidiano. Es lo que hacen los personajes de esta historia, en la que todos resultan de un modo u otro, perdedores que no se rinden frente a la injusticia. Desde los ojos inmensos de la protagonista desfilan una serie de personajes; unos como marionetas que se dejan llevar por el momento histórico y político; los otros, sobrellevando como pueden, desde el humor, desde la aspereza, frente al absurdo histórico que les ha tocado vivir. Sin perder su humanidad y superando su miedo cada día. La Ladrona de Libros es sobre todo un hermoso homenaje a la fuerza de la palabra como transmisora de luz, la palabra como arma para combatir el oscurantismo y que se sobrepone a las quemas de libros, a todas las Inquisiciones, a la censura analfabeta y cruel. Es una embajada sobre el poder del verbo y el necesario ocaso de las ideologías. Un mensaje que se envía, utilizando las armas de una fotografía excelente; que recrea en los planos de los ojos insondables de la protagonista; una mirada hacia el futuro por encima de la estulticia de las doctrinas, o de la banalidad del ser humano. No se trata, en definitiva, de un film con querencia lacrimógena, pese a que toca con firmeza nuestras fibras más recónditas. La banda sonora del inmenso John Williams, intimista, de un minimalismo  vocacional; en  simbiosis perfecta; evoluciona con los personajes y refleja su mundo interior. Esta partitura ha sido acusada de ser una obra menor del maestro del neorromanticismo cinematográfico. La melodía de esta preciosa banda sonora, puede gustar o no gustar. El melómano puede ejercitar el derecho de preferir la ampulosidad wagneriana de otros backgrounds, (Indiana Jones, La Guerra de las Galaxias) plagada de leitmotiv, o considerar insípidos scores como Las Cenizas de Ángela, o decantarse por el lirismo clásico y melancólico de La Lista Schindler. Pero sería como acusar a las intimistas creaciones de Erick Satie; cuya influencia; por cierto, está presente en algunos momentos; de ser obras menores. La Ladrona de Libros es una película altamente recomendable, un acercamiento alternativo y honrado, a la vida cotidiana en un periodo histórico del que casi toda la información esta lastrada por clichés y lugares comunes. Y es que para que no sucedan estos horrores, existen los libros.

Las Diferencias. Barroco en El Real Alcázar de Sevilla

Las Diferencias. Barroco en las noches del Real Alcázar


Causa al melómano, profunda y sana envidia, enfrentarse a una cartelera del nivel de estas Noches en los Jardines del Real Alcázar, pero cada ciudad cuenta con sus presupuestos y economía. El plantel de interpretes a diario, a lo largo de todo el verano, es para quitar el hipo. Añadan a esto que tras terminar estos ciclos; dónde la música antigua se da la mano con el jazz o la música celta; comienza sin más otro mes dedicado a la Bienal de Arte Flamenco. Y con precios asequibles para los tiempos que corren. Sevilla es mucho. Y la cartelera, una gozada para las noches de estío. Si a esto le añadimos el enclave privilegiado del Real Alcázar, se harán una idea de la experiencia de asistir a un concierto ofrecido por una formación con el currículo musical de Las Diferencias, especialistas en música antigua, llenos de talento y frescura. Un programa elegante y de un profundo sabor barroco que pasaba desde Rameau hacia Emmanuel Bach, para deleitar con un recorrido por la Trío Sonata en tiempos de Luís XV. Perfecto el empaste entre los instrumentos del cuarteto, los tempos deliciosos en un dialogo continuo, en fraseos encadenados (y endiablados) como todo buen Barroco que se precie. Deliciosa la interpretación del Cinquiéme Concert de Rameau en el que; como es habitual en el compositor francés; el clavecín no se contenta con asegurar el bajo continuo, acompañando a los instrumentos melódicos -violín, flauta, viola- en el caso de éste concierto, un violone, sino que «concierta» en igualdad con ellos. En alguno de los movimientos consigue desprenderse por completo de la arquitectura barroca y las florituras al uso para definir una melodía de una belleza calma y casi anacrónica. La novedad de estas piezas radica en que incorporan una parte obligada “solista” para todos los instrumentos, incluso para la viola da gamba y el clavecín, cuya función normalmente era la parte de bajo continuo, de ahí que Rameau de título a la colección de: Piezas de clavecín “en concierto” es decir; clavecín obligado en concierto con otros instrumentos. Y los interpretes de Las Diferencias saber extraer de cada uno de sus  aparejos sonoros, un aire evocador y certero del sentimiento de la época. La noche sevillana se llenó del hedonismo cortesano que Raemau o Leclair llevaron al Palacio de Versalles, del refinamiento afrancesado y ¿por qué no? de la artificiosidad de una música, que puede ser criticada por su pulcritud (o amaneramiento), pero que no está exenta de emoción y complejidad técnica. Y los músicos de Las Diferencias superan el reto con excepcional maestría, en esta evocación de danzas, fiestas reales y despreocupación conceptual que caracterizaba la época prerrevolucionaria -también en lo musical, ya que estos compositores andan a caballo entre el barroco y el clasicismo- Un programa excepcional, para unos interpretes también excepcionales, en un entrono envidiable. ¿Se puede pedir más? Por supuesto un bis de Leclair, como regalo para el público, y la sustitución de la densidad. la calidez del sonido de  la flauta barroca, por otra con siglos de antigüedad, y un mayor número de  llaves que aporta un sonido cristalino, potente y de mayor agilidad. Después los espectadores hubieron de abrir los ojos.Comprender que habían despertado de un sueño de tapices, alfombras y pelucones. De rostros blanqueados con polvos hechos de harina y arroz. Grandeza y miseria del Barroco. Recordaremos mucho tiempo a este cuarteto. !Mercie Beaucoup¡ a Las Diferencias por esta música inolvidable.

domingo, 7 de septiembre de 2014

El Tiempo Entre Costuras. Maria Dueñas

El Tiempo entre Costuras.

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El acierto de una novela como El Tiempo entre Costuras consiste, no solamente en  perfilar unos personajes que se introducen en la piel del lector, y consiguen perdurar más allá de la última página, también contribuyen notablemente la excelente ambientación del relato y la precisión milimétrica del argumento. La obra de María Dueñas es una notable Novela Histórica, camuflada de folletín  de época (al que contribuye el engañoso título), que invitó a que los misóginos, la clasificaran con esa prosaica y eufemística definición de Literatura para Mujeres, extraño híbrido genérico, pergeñado desde un machismo analfabeto que considera a la mujer un ente alternativo, incapaz de consumir otra gramática, que esa novela romántica decimonónica, teóricamente impresa para su consumo. Nada más lejos de la intención esta obra militante, inteligente, certera. Plena de personajes vivos que abordan la vida tal como les llega, y esquivan el toro arriesgándolo todo, y con sentido del humor cuando hace falta. Caracteres inolvidables como La Matutera con su dialogo socarrón y pícaro sentido de la supervivencia; históricos; como Rosalinda Fox, la inglesa indómita cuya vida hubiera dado de sí para otra novela, secundarios de lujo como el hijo amanerado o el gris comisario que sobrevive a las incidencias políticas. Protagonistas que no llegan a caer nunca en el estereotipo debido a su calado humano. El Tiempo Entre Costuras es una narración inteligente a ritmo de thriller donde la peripecia humana se sobrepone al opresivo entorno histórico, narrado con una precisión que no les vendría mal a otras pretendidas novelas históricas, cuya única aproximación al género, consiste en otorgar a los protagonistas nombres de la época visitada o situarlos en un determinado contexto, olvidando el pensamiento acorde con cada etapa histórica, y la influencia del entorno en la condición humana. Por sus páginas desfilan figurantes arrebatadores, como el “Cuñadísimo” Serrano Suñer, personaje de opereta; ciertamente inoportuno para el Régimen; o el políglota Coronel Beigdeber un opositor dentro de la maraña burocrática, que acabó pagando cara su desafección a la grisura imperante. Pero sobre todos los protagonistas destaca la protagonista Sira; que se hace cercana con esa narración en primera persona; donde el personaje va evolucionado desde la desesperación hasta combatir al destino con sus mismas armas. Sira es un ser profundamente humano que va creciendo frente a la adversidad; capaz de reconocer sus errores. De corregirlos. El final abierto es otro de los aciertos de una narración que, dejando un sabor agridulce y descarnado, en un mundo donde las zonas grises abundan mucho más que el blanco o el negro, construye uno de los fenómenos literarios de los últimos tiempos. Esta es una realidad innegable.


viernes, 5 de septiembre de 2014

El Nombre de la Rosa en el Festival de Niebla


El Nombre de la Rosa en el Festival de Niebla

El original sistema de escenario móvil que propone la versión teatral de El Nombre de la Rosa –libro que se transmuta en movimiento perpetuo- permite que en su fondo vacío se vislumbre el lienzo de la muralla del Castillo de Niebla, lo que constituye un aliciente en cuanto al entorno; mágico y evocador;  de la fortaleza, y sumergirse de lleno en l a oscura época en que transcurre el thriller de Umberto Eco. Llevar a los escenarios una obra magna como ésta, de un elevadísimo nivel literario y cuya versión en la pantalla, dirigida en 1986 por Jean-Jacques Annaud alcanzó similar cota de calidad, constituía un esfuerzo ímprobo. El resultado ha sido sobresaliente. Desarrollar un elenco de personajes, convertidos en iconos para los amantes del género, y cuyos seguidores llegan a recitar de memoria partes del texto (si bien no gozo de tu experiencia, Andso) teniendo como referentes la calidad cinematográfica y literaria, no era empresa fácil. Hacer olvidar un personaje como el interpretado por Sean Connery (Guillermo de Baskerville por antonomasia) o iconos como Andso, los hermanos Berengario y Salvatore (¡Penitenciagite¡) que pertenecen al imaginario común de lectores y cinéfilos, borrarlos del inconsciente colectivo,  representaba todo un desafío. La primera pregunta que surge es si Karra Elejalde es el interprete más apropiado para estos menesteres. Aunque iniciado en el teatro, su carrera –básicamente cinematográfica- se compone de acertadas interpretaciones: La Madre Muerta, Alas de Mariposa, Invasor, Ocho Apellidos Vascos. El bagaje fílmico de Ballesta tiene su saldo en El Bola o Bruc, el desafío, papeles totalmente alejados de la caracterología de estos monjes medievales, su papel surge de una bisoñez escénica que nos deja un personaje casi anecdótico. El principal escollo que encuentran los intérpretes no habituados a las tablas es la proyección de la voz, así como la memorización de largos textos sin cortes en escenas. Esto se traduce en titubeos en las frases y pequeñas lagunas en el desarrollo. El Nombre de la Rosa es un thriller iniciático. Obra magna que tiene su génesis en Conan Doyle; al que homenajea en el nombre de su protagonista; sacia su sed en Borges, agasajado con el personaje del monje ciego, y se enfrenta al milenarismo con la luz de la Ilustración. Desafía el oscurantismo teocrático vigente, con el conocimiento que se abriría paso; representado por la razón; en el personaje de Guillermo de Baskerville. El libro de Umberto Eco se convirtió en referencia obligada y  génesis de multitud de imitadores, y supuestos renovadores de la Novela Histórica o el género policiaco. A partir de esta obra, surgen detectives incluso coetáneos del Hombre de Neardental. Esta novela-río es un manifiesto de la luz frente a las tinieblas del fanatismo. En una época en que la cultura estaba restringida (y controlada) por la Iglesia, y el hombre no tiene acceso a las Sagradas Escrituras, la custodia e interpretación de la literatura y el mundo, pasaban sin remedio por las manos del inquisidor de turno. Karra Elejalde compone un Guillermo fresco y cercano, alejado del cinismo intelectual de Connery. Como lastre, la escasa experiencia en escenarios de los protagonistas principales, con diversos lapsus de memoria a lo largo de la obra. A destacar los monjes Remigio (Pedro Antonio Penco), pleno de facultades; Cipri Lodosa en un excepcional Jorge de Burgos, David Gutierrez dominando las tablas como el abad, o Koldo Losada en un impresionante Salvatore, el hereje encubierto. Una producción valiente, altamente recomendable, de una intrepidez que se agradece en la crisis actual y resuelta con profesionalidad encomiable. Acompañada de una música envolvente, que en el entorno mágico de las murallas del Castillo de Niebla se transforma en una experiencia inolvidable para los sentidos, gracias a una excelente organización. Y es que lo único que nos quedará de las cosas, del esplendor del pasado, es tan solo su Nombre.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Ocho Apellidos Vascos



Ocho apellidos vascos se ha convertido en un fenómeno bocaoreja sin precedentes. Este método democrático y popular de ver cine, también sirvió para levantar otras producciones, que sin venir arropadas por las majors, sin embargo fueron recibidas por agrado por el público soberano. Detrás de estos fenómenos se esconde todo un imaginario colectivo. Los productores todavía no han conseguido catalizar estos particulares, que conlleva el hundimiento de grandes producciones y el boom de otras con escasas pretensiones. Quizás ahí radique la respuesta a como una película, que esta en difícil equilibrio entre la astracanada y el esperpento, jugando con los tópicos mas manidos y chistes de club de la comedia, consigue que el personal se eche unas risas. Es esta absoluta falta de pretensiones lo que la hace cercana y de fácil digestión, pese a lo espinoso del tema en algún momento. Pasa de puntillas sobre temas que podría resultar molesto o herir sensibilidades, y utiliza el humor como motor de una trama que no puede ser enfocada de otro modo. Apuntalado el liviano guión sobre el reparto: Karra Elejalde en estado de gloria, como un aita, que tras su fachada hosca oculta un corazón magnánimo. Carmen Machi; excelente; haciendo de Carmen Machi. Dani Rovira, estereotipo con polo de marca y rebujito, clavando ese sevillano (que haberlos, haílos), y una esforzada Clara Lago, interpretando a una aberchandal, después de haber recibido un tratamiento de hormonas femeninas. No es nuevo este enfrentamiento entre distintos y regionalistas conceptos del entorno. La película Bienvenidos al Norte, nos mostraba estas pequeñas desavenencias entre regiones. Le lastraba a aquella, lo mismo que a ésta: su imposibilidad de exportación, dada la dificultad para comprender giros y chistes de carácter interno. ¿Se imaginan a un londinense riendo cuando el camarero le dice a Rovira: te pongo un Kortatu? Afortunadamente las arcas nacionales han funcionado de modo efectivo, estimulando el producto nacional y la industria. Aunque sólo fuera por esto, habría merecido la pena. Y también para que diarios como Gara, sacaran a pasear su maquinaria. Algo positivo habrán detectado cuando se han ofendido.

La Vida Después. Marta Rivera de la Cruz

La Vida Después. Marta Rivera de la Cruz


No es; hasta bien avanzada la novela; después de un introito para presentar personajes y circunstancias, cuando aparece la Marta Rivera cronista de historias mínimas que se van creciendo, hasta introducirnos en ese mundo de las pequeñas cosas dónde destaca esta autora. Creadora de anécdotas  que se van entrelazando; incluso ha pergeñado su propio territorio en Rivanova; trasunto del Macondo garciamarqueano, población en la que se desarrollan algunos de sus mejores relatos. En Hotel Almirante, que comienza como un presunto thriller, la escritora va desgranando una serie de personajes que se apoderan del lector, para relatarnos el crecimiento de un mundo entre fogones, con maestría y dominio de los recursos narrativos. Marta jugará con la referencia de estos personajes en otras novelas, creando un mundo cíclico y reconocible para el lector fiel a su obra. Si en Hotel Almirante, magnificaba los sentimientos reinantes en su intramundo de Rivanoba, en Veinte años no es nada, componen la pieza principal de un engranaje perfecto; como mecanismo de relojería; que se engrandece con ese final abierto. Enternecedor y a contracorriente. Los personajes de Marta Rivera se hospedan en nuestra piel, y permanecen allí después de cerrar el libro, ya sea la joven protagonista de Veinte años no es nada o esa mujer atrapada en el duelo por su madre muerta, que encabeza la mejor de sus novelas: En Tiempo de Prodigios, donde alcanza cotas narrativas elevadas. Partiendo de un lenguaje medido, contenido, descriptivamente práctico, sin florituras, Marta introduce al lector en su cosmos particular, que por otra parte es un cosmos universal de sentimientos, amores, dolores, emociones. Lo forja a través de unos personajes cercanos y palpitantes. Seres que se dejan aceptar por su enorme humanidad. Hay que destacar la absoluta coherencia de sus microhistorias, apoyadas en la fisicidad de los personajes. Su evitación de esa línea literaria, tipo guión cinematográfico y narrativa plana, con que castigan al lector algunos autores de moda pasajera. Si en Hotel Almirante la corporeidad de fogones y recetas, era casi tangible; en esa realidad alternativa en que nos invita a colaborar En Tiempo de Prodigios, vivimos con la protagonista su drama interior ante los acontecimientos que no se pueden controlar en esta vida. En un excelente montaje paralelo (si se me permite el termino cinematográfico), alternando el presente, con las vivencias de Zachary West. En La Vida Después, vuelven a retornar esos personajes que se desbordan de las páginas para llegar al lector. Servida con su usual y diestra narrativa. Esgrimiendo esa musicalidad interna del texto, que se agradece, los giros argumentales y; sobre todo; la galería de personajes enérgicos, conmovedores y certeros que han situado a la novelista en merecido territorio dentro de nuestra literatura.

Mariza y Javier Conde en Badasom

Mariza y Javier Conde en Badasom
 

De esta feliz idea de fusión de sones y estilos hermanados en lo cercano (fronterizo) y en lo musical; el sentimiento carece de barreras; surgen espectáculos notables (también  inolvidables) como este homenaje al Maestro Paco de Lucía, que el año anterior había bendecido los rincones del Auditorio con sus trémolos cristalinos. Javier Conde es cualquier cosa menos una promesa. La promesa está más que consumada. No sólo por su técnica apabullante, fruto de miles de horas rompiéndose las falanges, de noches interminables con los dedos sangrantes. Para llegar al culmen del sentimiento y la belleza es necesario dejarse el alma (y el cuerpo) en las inmolaciones de la técnica. Y este guitarrista lo ha hecho desde niño. Por eso sus dedos se comen la cabuyería, recorren el mástil como si de un alfabeto secreto se tratara, diciéndonos al resto de los mortales que él habla el lenguaje de las seis cuerdas, que la bajañí tiene duende y también tiene reflejos de verde luna (que diría Lorca). Por que su versión de la rondeña por soleá de La Cueva del Gato, suena a bronce, tiene sabor a musgo cabal y equilibrado, pero no exento de esa locura espontánea de aquellos a los que les habita el duende entre la prima y el bordón. La brisa repartió por el Auditorio Ricardo Carapeto la nostalgia de Entre dos Aguas (versión extendida) interpretada al alimón con su padre (de casta le viene) y que dejó al respetable en estado catatónico, con esos increíbles picados (técnica apabullante) y un sentimiento de lo mas jondo. Javier Conde se fue por la puerta grande, abarcando un horizonte de trémolos y arzapúas para dar paso a la levedad mozanbiqueña, a la fuerza disfrazada de elegancia  en el terciopelo de la voz de Mariza. Del jaleo al fado, del trino flamenco a la melancolía de la guitarra portuguesa. A Mariza le gusta Badajoz (y viceversa) Eso se degusta en sus afectuosas referencias, en sus sinceros elogios. Mariza sabe dominar el tempo escénico como nadie. Va y viene como las olas de un mar inalcanzable, flujo y reflujo. Se detiene y prolonga la voz (y el instante) haciendo que el respetable dance con su cadencia exótica, respire al ritmo de su voz. Mariza desgranó una primera parte con sus éxitos, acompañados por gran parte del público luso (uno de los grandes aciertos de este Badasom) que palmeaba y bailaba en las gradas (Rosa Branca) o escuchaba melancólicamente las piezas más íntimas (Chuva). No conforme con deleitar a sus seguidores con esa voz prodigiosa; plena de matices: la diosa desciende a lo terrenal, paseando entre fervientes seguidores su espigada silueta y saludando, como aperitivo del banquete que vendría después. La de Mouraria regaló a los presentes una segunda parte, plena de complicidad y afecto con la ciudad, interpretando en géneros e idiomas que no son habituales en sus conciertos. Para finalizar, al espectador exigente le hubiera gustado ver una fusión entre el cristalino sonido de la guitarra flamenca y la nostálgica melodía de la portuguesa. Un duelo de titanes. El guitarrista acompañante de Mariza ya había demostrado sus dotes, interpretando una obra de Vicente Amigo. No pudo ser. Aunque la noche se volvió intemporal con estos regalos que donó la fadista. Entre el público, quedaba un grito unánime: Mariza, vuelve cuando quieras…

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Barenboim en Ronda

Daniel Barenboim en Ronda




Es un privilegio poder asistir a un concierto de estas características. Un privilegio, que  la brisa serrana acaricie las gradas de una Plaza de Toros tan hermosa como la de Ronda. Lo es aun más cuando la Orquesta Wets-Eastern Divan nos invita a la concordia (una orquesta formada por músicos Palestinos e Israelíes) proyecto personal de Barenboim y del intelectual palestino Edgard Said. Y es un privilegio poder escuchar estas partituras desgranadas por excelentes (y jóvenes) intérpretes abarcando del más puro clasicismo al espíritu del romanticismo. Frente al atril, Barenboim es puro fuego, es todo su cuerpo el que dirige. Un espectáculo no tan sólo sonoro. Hay fisicidad en la lectura de las obras, incluso una cierta socarronería interpretativa que arranca las simpatías del público. La noche tenía embrujo. Gracias a la Fundación Pública Andaluza Barenboim-Said, se podía degustar un espectáculo irrepetible cuyos siguientes puertos eran ciudades como Pekín (Ciudad Prohibida), Salzburgo, Berlín o Seúl. Todo un lujo. El programa arrancó con la Sinfonía Haffner de Mozart una expresión puramente clásica, dónde ya se adivina la intención mozartiana de elevarse sobre las convenciones a que estaba obligado en su ciudad natal, con un dominio del contrapunto y la búsqueda de una rotundidad dramática, interpretada por la orquesta Al Ándalus. A destacar el Presto conclusivo donde se adivina la teatralidad que más tarde hará aparición en El Rapto del Serrallo o la obertura de Las Bodas de Fígaro. Tras los atronadores aplausos al director (y al genio de Salzburgo), Barenboim regala a la humanidad su concepto de la Sinfonía número 4 del genial sordo (más de 30 minutos de duración) Es este un Beethoven lleno de luz, con un Allegro Vivace agilísimo, poderoso, donde la orquesta tiene ocasión de desgranar un enorme virtuosismo. Sin olvidar el hermosísimo y doloroso Adagio. La Sinfonía numero 7 del mismo autor, fue incomprendida en su época, quizás por su carácter dionisiaco y la duración de la introducción. Aquí el alemán utiliza los metales en un adelanto temporal a su época. El Allegretto de la misma se convirtió en una de las obras más populares del genial sordo, no así el resto de la obra, aunque a juzgar por los aplausos en el coso Rondeño, el público actual sabe apreciar los atrevimientos sonoros y el ímpetu rítmico que con maestría transmitía la orquesta y la genialidad del conductor que (literalmente) interpretaba con su cuerpo la partitura. Carpe Diem. Aprovecha el instante. Noche inolvidable. Todo un privilegio, Don Daniel…

martes, 2 de septiembre de 2014

Salomé en el Festival de Mérida

   SALOMÉ
        60 FESTIVAL DE TEATRO CLASICO DE MERIDA

Motivo recurrente en todas las artes, la decapitación del Bautista, merced a las a las malas artes de Salomé y su danza de los siete velos, ha sido imaginada y recreada en pintura, literatura y danza. La difícil mixtura que conlleva esta versión de la hermosa ópera de Strauss: libreto basado en obra teatral del sarc Oscar Wilde, poesía instrumental, instrumento vocal, danza, escenografía y dramaturgia, nos revela la ópera como una de los grandes géneros, nunca bien comprendido por un sector alejado de estos menesteres y degustado por los connaiseurs como un manjar exquisito. Con premeditación y alevosía. La Salomé de Strauss no es una protagonista telúrica. La luna, astro de presencia irracional, de entidad voluptuosa, está presente en los sentimientos y reacciones de los protagonistas, como una esfera gigante sobre el escenario, dejando fluir su albedrío irracional sobre la insania de los protagonistas. La dicotomía definida por una corte libertina, desenfrenada, encabezada por la voluble Salomé; secundada por la pérfida Herodías; y el amedrentado y vicioso Herodes, se enfrenta al ascetismo y moralidad extrema de Iokanaán. De esta conflagración surge una atracción enfermiza, un poema a la sinrazón, dónde tienen cabida las más elevadas y bajas pasiones. La amoralidad, el erotismo latente, la soberbia ofendida, el temor a poderes desconocidos, o el hedonismo más decadente fluyen en las arias apoyándose en atmósferas tonales malsanas, para lo que el compositor dinamitó y forzó la partitura, representando el estado de ánimo de los personajes con los instrumentos. Todo en Salomé es enfermizo, incluso el fanatismo integrista de Iokanaán, basado en la amenaza; no en la redención; en el castigo; no en el perdón. Los personajes se mueven al límite, arropados de una instrumentación con motivos armonizados para presentar los principales personajes. El atrezo; osado y vanguardista; combina soldados de la guardia mora con el paje interpretado por la mezzo Mireia Pintó, que gasta fajín de generalísimo venido a menos. Todo ello presidido por un disco lunar omnipresente y fatídico. La diosa Selene dispuesta a manipular los recónditos deseos de los protagonistas. A destacar la esplendida presencia de la soprano Ángeles Blancas, de poderoso instrumento vocal cuyo lucimiento en el aria: Nada hay tan blanco, sobrecoge al espectador por su belleza armónica. Acompañado de la presencia poderosa del barítono José A López; en original duplicidad escénica; ya que la voz surge desde la zona de orquesta, en tanto que el personaje es representado en escena por el excelente bailarín Carlos Martos, que regala un profeta de movimientos convulsivos, con la desmesura como arma. El mismo recurso permite duplicarse a la Salomé cantante en la bailarina Arantxa Sagardoy, para ofrecer un dificilísimo tour de forcé frente a la extravagante melodía de la Danza de los Siete Velos, resuelto con maestría y eficacia en una coreografía magistral de Víctor Ullate. La Orquesta de Extremadura en una soberbia conjunción bajo la batuta de Álvaro Albiach con el nivel de excelencia acostumbrada. Un cambio en el libreto nos deja con Salomé a punto de ser asesinada por orden de Herodes (excelente el tenor Thomas Moser), ya que en la obra del extravagante Wilde, la desdichada moría ahogada en un lago helado. Se nos oculta la reacción de la viperina Herodías, interpretada por la mezzo de gran belleza Ana Ibarra, cuya presencia escénica es axiomática. Los amantes de la ópera degustaron un espectáculo de nivel altísimo. Agradecimiento a la organización, que ha decidió devolver a estas piedras milenarias arriesgados ejercicios de belleza tan necesarios como esta Salomé de Strauss. Quienes ya disfrutaron en estas mismas gradas de joyas como Medea de Massenet y Herodiade, abrigan la esperanza de que esto sea el comienzo de una gran amistad (con el permiso de Bogart).