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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Homenaje a Bartolome Collado, decano de los poetas extremeños








Vaya por delante que las querencias literarias del que suscribe y sus parámetros conceptuales se encuentran en las antípodas del estilo o la visión del entorno del vate homenajeado. Dicho esto, es asunto meridiano que los lazos consanguíneos o afectivos, no trastocan mi enfoque de la realidad y no convierten esta crónica en hagiografía al uso, o elegía nublada por el apasionamiento genealógico. El homenaje realizado en la cafetería La Regenta (templo y refugio de la contracultura pacense) fue un espontaneo gesto, de amigos y allegados, de camaradas en lo literario, cofrades del verso y compinches en lo cabal, pergeñado por la batuta de Méndez del Soto. El perpetrador, era consciente (como todos) de que un homenaje a este escritor es un manifiesto latente contra la cultura oficial y el clientelismo literario, ya que Bartolomé Collado ha ejercido siempre de freelance literario, de outsider o de francotirador anti-institucional. Esta faceta de su personalidad; amén de su carácter; agreste y estepario; al que nos referiremos a continuación; le han granjeado un desierto editorial para sus creaciones, que culminó en la autopublicación de El Poeta y su Entorno. Si hay algo en lo que todos los presentes estaban de acuerdo es en la peculiaridad del carácter del homenajeado. Collado siempre ha sido un personaje inconfundible, poco afecto a los panegíricos, desconocedor del encomio o la ajena alabanza. Escaso (o nulo) practicante de la adulación y dado al exabrupto literario. Coleccionador de todas las características para no triunfar en un mundo cerrado, de autoagasajos, e intercambio de loas y jactancias varias, como es la literatura provinciana. Una broma que suele circular sobre el autor se refiere a queproporcionalmente debería tener pocos amigos en el mundo literario, e incluso más allá, que debería tener escasos simpatizantes en general. La realidad desmiente la apariencia (distante y taciturna) y su exclusión de un ambiente intelectual, pagado de sí mismo, que lo último que requiere es una mosca cojonera, que no enaltezca; y además critique; sus excelsas creaciones. Este literato es de verbo fácil (a veces demasiado) en lo cotidiano o sobre el papiro. Le tocó en suerte, convivir con una corriente poética donde los triunviratos y la poesía social estaban de moda (otro día disertaremos sobre si la poesía debe internarse en estos vericuetos) y armado de su Olivetti, se decidió por el espinoso sendero de llamar a las cosas por su nombre. Azote de paniaguados institucionales y estómagos literarios agradecidos. 



Cultivando la poesía satírica colaboró a diario en prensa, dando como resultado una ingente obra que se acumula desordenada en sus estantes y que sirve como crónica de unos años, en los que algunos no gustan de verse reflejados y otros, prefieren dejar en el tintero. Cierto es que ser objeto de un ejercicio literario punzante, no agrada a instituciones, particulares, o pesebreros en lo editorial. Pero es innegable que nadie satiriza a quien ayudó a una ancianita a cruzar la calle. Los homenajeados por la escritura irónica dan todo tipo de facilidades al cronista con su conducta y actitudes. Por muy nostálgicos de la censura que se tornen, la poesía es un arma cargada de futuro.

Aunque siempre se hace referencia a Bartolomé como poeta, lo cierto es que los reconocimientos a su literatura fuera del suelo patrio, proceden de la narrativa y la dramaturgia, campos cultivados también por el autor. Su obra merece una recopilación como testimonio de una época, de un escritor que ha sobrevivido sin formar parte de ninguna trinidad literaria, que resistió en otro período donde los poetas eran todos filósofos o filólogos, que nos sumergían en la náusea vital o la construcción críptica de la oración. Él, ofrecía un sentido del humor sarcástico frente a la adversidad, una burla del establishment y las buenas costumbres, una versificación políticamente incorrecta. Por el camino fue atesorando amistades (y perdiendo otras), compañeros de bancada en la singladura literaria como los que rindieron este hermoso homenaje. A todos ellos, que robaron parte de su tiempo para acompañar al amigo, el agradecimiento que se refleja en unas páginas que el autor no quiso leer, para no abusar de la paciencia y la vida privada de los presentes. Como colofón y para no desmentir lo de “genio y figura”, reseñar que el poeta en lugar de declamar alguna de sus estrofas intimistas, eligió para este particular una de sus obras más punzantes. Para recordar a los mortales su alejamiento de la feligresía institucional. Es lo que hay. En esta noche estuvo acompañado por algunos amigos que pudieron asistir y otros que le regalaron su obra en el fanzine de Hook Malasombra Producciones con que fue obsequiado: El cantante y poeta Nando Juglar; un clásico en nuestro terruño; Plácido Ramirez; poeta y bardo; José Mª González Campillejo, Oscar Alonso; malabarista de la vida; Juan García Sánchez, Paqui Quintana, Jose M Diez, Clara Blazquez, Antonia Cerrato, Cosme Lopez, Moises Cayetano; poeta de La Raya; Javier Feijoo; compartidor de infancias no recuperables y revitalizador del castúo; Jose M Villafaina; gurú de la crítica teatral; las actrices Meme Barrientos y Mª Luisa Borruel que dieron vida al Auto Sacramental creado por el tándem Collado/Villafaina, en un instante lleno de emoción, Pedro Montero; escritor y bloguero de pro; Jose M Sito, rapsoda y escritor; Jose M Ferrera, Fdo Garduño. José Manuel Diez, desde la distancia.


Si hay alguna ausencia, el responsable es este cronista. No por esta omisión, el agradecimiento es menor. Agradecimiento como el que Bartolomé Collado dedicó a sus amigos cómplices en lo literario y lo humano, que reproducimos a continuación.



                                     
        AGRADECIMIENTO DE UN POETA SIN FORTUNA

La literatura llama veces a nuestra puerta de forma tardía, pero no por ello su sello, su veneno son menos intensos, o se infiltran menos profundamente en  el  alma. Desde el primer día que me senté ante el hechizo de una página en blanco, este embrujo se apoderó de mi pluma,  del teclado de la máquina de escribir, que aún hoy utilizo, como reliquia y reivindicación frente a los modernos aparatos y ordenadores que no deseo  a estas alturas conocer, ni saludar. Me basta con el sonido musical y certero de las teclas. Hace uno años acompañados del humo de un cigarro, vicio que abandoné a tiempo y hoy en día políticamente incorrecto. Y que ha sido sustituido por el aroma de un buen café para mantener las neuronas en funcionamiento, lo cual a mi edad, es un  orgullo decir que funcionan a pleno rendimiento. He recorrido en estos años diversos paisajes literarios. Desde la columna diaria en prensa, un repaso satírico a la actualidad contado en verso, lo cual constituía una novedad, hasta el poema intimista, o de añoranza, algo a lo que todos los poetas se aproximan tarde o temprano, esa busca del tiempo perdido que tan solo entre versos encuentra respuesta. También el cuento llamó a mis puertas. El cuento costumbrista, la narración de lo cotidiano y el reflejo de lo aprendido que dieron como resultado algún premio, que, digan lo que digan; estimula el escasamente estimulante resultado del escritor que ejerce otras profesiones. Anduve coqueteando con el verso satírico durante algún tiempo, si conseguí o no resultados es cosa del lector y de los críticos, pero en estos  versos traté de reflejar una realidad y unas vivencias con sentido del humor que es la mejor forma de acercarse a algunas circunstancias y personajes. Me adentré en el mundo de la autopublicación, un mundo que conocen gran parte de los aficionados a la escritura, ya que no hay pastel para todos en el mundo editorial y no hay cosa más triste para un escritor que su obra ande desperdigada, como hijo pródigo, y su trabajo deshilachado. Encontré en el camino otros amantes del verbo, otros cómplices de la pluma y la ilusión frente al folio en blanco. Amigos en el tintero (o en la pantalla del ordenador) siempre dispuestos a compartir nuestras creaciones; esos hijos dolientes que nos nacen a todos; en nuestras tertulias inolvidables, donde tanto talento y amor por la literatura hemos degustado. Tardes inolvidables  regalando a oídos amigos; y conocedores; que saben apreciar el esfuerzo y el miedo a la página vacía, a la inspiración que se resiste a llegar, al producto final que no acaba de convencernos…en fin, cosas de escritores. Dicen que somos lo que dejamos escrito, qe nuestras palabras permanecen en  el  tiempo y nos identifican en el futuro. Si esto es así, muchos de los aquí presentes seremos juzgados por aquello que creamos un día y podremos transmitir nuestros pensamientos  emociones. En días como este la atmósfera se llena de buenas vibraciones. El afecto de los amigos que te acompañan y apoyan. Los amigos que encuentran un momento de sus vidas, con la que está cayendo, para dedicarlo a otros. Y de esto surge un profundo agradecimiento, Un agradecimiento de la persona y del escritor, porque todos somos luchadores y aventureros en este vasto mundo de la palabra escrita, de la palabra que permanece. Dicen que las palabras se las lleva el aire, pero lo escrito perdura, persevera en el tiempo. Y ese es el oficio (o afición) que hemos elegido y con el cual nos sentimos realizados. Esa es la actividad donde he encontrado otras personas con las mismas afinidades y pasiones. Con la obsesión de rellenar con letras o palabras las cuartillas, emborronar, hacer apuntes sentado en un banco, o donde quiera que la inspiración o  el hado, se dignen a acogerte. Alguien definió la literatura como colocar la palabra más apropiada en el sitio más exacto. Pero tiene que haber algo más, de otro modo cualquier persona avispada con la técnica necesaria podría escribir una obra apreciable. Todos sabemos que esto no  es así, que escribir duele y sirve como bálsamo. Que hace daño y cura al mismo tiempo. Pero no todo es tan sencillo como colocar palabras como en un rompecabezas; y esta diferencia es lo que hace que una vez terminada la obra sirva de bálsamo y cura para los lectores; o pase directamente al cajón del olvido. Por eso en días como hoy el agradecimiento a quienes te recuerdan es profundo y sincero. El hermanamiento con estos compañeros que sustraen un tiempo precioso de sus vidas, para regalarte su amistad, te produce una profunda emoción. Y eso es lo  que queda al final de nuestras vidas. Tan sólo los momentos que se han vivido intensamente y con afecto. Por eso hoy, en medio de la amplia catarata palabras que nos ofrece el idioma. Rodeado de la riqueza de vocabulario de nuestra lengua, tan solo encuentro una palabra. Una sola que defina vuestra presencia aquí y la mía. Gracias.

                                                   27 de Noviembre de 2014

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