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jueves, 23 de abril de 2015

El Quinto Jinete (IV) Capitulo 5. Coppelius de E.T. A. Hoffman

                                                     








Coppelius es la adaptación uno de los más prestigioso relatos de E.T.A. Hoffman, escritor adscrito al romanticismo, y músico, reconocido por sus aportaciones al mundo de la literatura fantástica, especialmente por sus cuentos de hadas y su obra “Los Elixires del Diablo” Con las correspondientes licencias, los guionistas insertan la historia en un Renacimiento primerizo, lo que permite al directo mostrar escenarios de ciudades medievales en una ambientación bastante bien cuidada. Aquí aparece uno de los defectos de esta serie: la falta de información en los créditos acerca de las localizaciones y sobre la banda sonora. Desconocemos cual es la ciudad donde se realizó el capítulo, así como el título del concierto para oboe que suena insistentemente durante el relato visual. 

El relato original se desarrolla en forma epistolar, con la correspondencia entre Nataniel y sus amigos, y un narrador omnisciente que se va intercalando en la historia. Nataniel nos relata su terror en la infancia hacia el hombre de arena, que en la versión de Hoffman es un siniestro abogado; ignoro porque eligió esta profesión; de aspecto repulsivo. En la versión televisiva, Coppelius es un alquimista, oculto bajo la querencia por el exceso del excelente Narciso Ibáñez Menta. Este actor, amante de personajes extremos y las caracterizaciones barrocas, no en vano imitaba al gran Lon Chaney (El Hombre de las Mil Caras), es también conocido por ser el padre de Narciso Ibáñez Serrador. Su hijo también realizaría una obra mítica, la reconocida serie “Historias para No Dormir”, que robaría el sueño de los televidentes en un mundo en blanco y negro. Ibáñez Menta protagonizó un hito televisivo como “El Asfalto” tan solo comparable en tensión a la celebrada “La Cabina”, interpretada por José Luis López Vázquez. 
También sería uno de los actores que se introducía la narración y la cultura en aquellos años en el famoso y añorado Estudio 1, dónde las mejores obras de la dramaturgia universal, acompañaban semanalmente al españolito de a pie. Nataniel está interpretado por Eusebio Poncela, uno de los actores más representativos de las postrimerías del franquismo. Forjado en el teatro, el cine de autor y las series de tv, es uno de los más relacionados a nivel de espectador, con la Transición y los balbuceos de la democracia. Camaleónico, capaz de integrarse en experimentos visuales innovadores cono “Arrebato” (1979) de Iván Zulueta o lucirse en un Estudio 1 junto a primeras espadas, como Juan Diego y Marisa Paredes en “Los Bandidos”, adaptación televisiva del drama histórico de Schiller. El gran éxito le llegó con su papel de Carlos Deza en una celebrada adaptación de Gonzalo Torrente Ballester: Los Gozos y las Sombras (1982). Nataniel está comprometido con su prima Clara, mujer práctica y de gran belleza que le sirve de equilibrio, pero vive obsesionado con el temible Copellius, quien en su infancia le quiso sacar los ojos, para sus experimentos alquimistas con el padre de Nataniel. Después de la muerte del padre por una explosión en el laboratorio, Coppellius desaparece y la vida sigue adelante. Hasta que años después, Nataniel cree verle reencarnado en la persona del mercader Coppola, aunque sus amigos le explican que es imposible porque ya era un anciano, cuando ellos eran niños y no puede ser el temible Hombre de Arena de sus pesadillas. 
Clara está interpretada con eficiencia por Mercedes Alonso, otra veterana de la plantilla de Tve, dotada de una peculiar belleza que la encasilló como mujer fatal. Tras vivir éxitos como Las Chicas de la Cruz Roja (1958) o Quince Bajo la Lona, años después iniciaría una etapa televisiva (Estudio 1, Suspiros de España). Clara trata de convencer, inútilmente a Nataniel de lo absurdo de sus  creencias. El mercader Coppola consigue vender a Nataniel un catalejo. En el original literario, se trataba de unos binoculares, pero la adaptación histórica, así lo requería. A través de ellos, descubre al amor de su vida, Olimpia, en la ventana del profesor Spalanzani, que organiza una fiesta para presentar en sociedad a su hija. 
Aquí encontramos el mayor distanciamiento de la génesis literaria con la ficción televisiva. Si en el relato la mayor parte de los estudiantes se percataba de que había algo extraño en la actitud de Olimpia, en sus movimientos automáticos y falta de expresividad, el capítulo pasa por encima de esta aspecto tan importante, dejando que Nataniel se enamore locamente de una mujer inexpresiva y de movimientos automáticos. 

Nataniel vive una extraño romance con Olimpia (Maria Rubio, habitual en las películas de Jess Franco), dejando a Clara y enfrentándose a sus amigos. Un día al ir a visitarla oye gritos en casa de Spalanzani. Al entrar en la habitación ve como éste lucha con el siniestro mercader Coppola, disputándose el cuerpo de Olimpia, que comienza a deshacerse, ya que se trata de un maniquí animado. Spalanzani pierde el sentido y le dice a Nataniel, que el realizó todos los mecanismos de relojería que animaban el autómata, pero que los ojos eran los de su padre, robados por Coppelius en la explosión. 


Tras una crisis  Nataniel parece restablecerse y vuelve a los brazos de Clara. Un día durante el paseo, Nataniel y clara suben a la torre donde Clara le dice que mire a lo lejos. En la narración de Hoffman la catarsis se produce al mirar Nataniel por los binoculares, pero aquí Nataniel vuelve a la insanía de repente y atrapa a Clara gritándole “Baila, muñequita de madera”. La mujer logra zafarse. Al contemplar Nataniel; desde la torre; como Coppelius le observa desde abajo, se lanza la vacío gritando “Hermosos ojos, hermosos ojos”. Aunque no es excesivamente fiel al argumento original y se disgrega demasiado tiempo en bailes, o escenas de laboratorio de colores sicodélicos y surrealistas, es uno de los capítulos mejor adaptados a nivel de vestuario y ambientación. No llega a conseguir el clímax trágico que se requería, quizás lastrado por la insistencia en detalles tangenciales o superfluos. 
Colaboran a la calidad dramática, la austriaca María Perchy, icono del terror setentero europeo y adscrita a la nómina carpetovetónica de Paul Naschy (Exorcismo) o a la Trilogía de los Templarios sin Ojos, de Amando de Ossorio (El Buque Maldito). Perchy llegó a participar en la excelente comedia “Su Juego Favorito” con Rock Hudson. Aunque en breve papel de padre, encontramos a Ramón Corroto, otro habitual de la época procedente del Teatro Español Universitario, de inconfundible dicción, que se recuerda por su interpretación en la serie Los Tres Mosqueteros; tristemente irrecuperable; donde interpretaba a  Luis XIII, y que fué el bautizo televisivo de un joven Sancho Gracia en el papel del gascón D´artagnan. Corroto participaría en otro episodio de El Quinto Jinete, interpretando a  Gil en la mejor entrega de la serie “Los Dados”, basada en Tomas Quincey, que fue emitido independientemente, años después de finalizada ésta, en septiembre de 1977

 

lunes, 20 de abril de 2015

Fast and Furious 7

                                                      




La última  entrega de esta adrenalínica saga sigue a machamartillo todos los parámetros de los anteriores dislates. ¿Para que vas a cambiar algo que funciona? 
Al contrario, el desmadre visual se potencia hasta límites que rozan la ciencia ficción, y acercan esta serie más al fantástico, que al cine de acción. No cabe duda que los aficionados lo agradecen. La saga ; al igual que en su día lo hicieran las películas de Jim Abrahams y Jerry Zucker; (Aterriza como puedas, Top Secret, etc), han construido un mundo paralelo donde todo es posible y las leyes de la física desaparecen por arte de magia. Desde coches cuyos amortiguadores parecen ser resistente a cualquier encontronazo, a golpes terribles sin ningún resultado físico. Tipos que se arrancan las escayola con la clavícula partida y le dicen a su hija: “Papi tiene trabajo”!Chúpate esa¡ Incluyamos que una agencia del gobierno te regale juguetitos de cuatro ruedas, por la cara, para que ataques un país extranjero y tendremos una idea del resto del guión.
 Fast and Furious tiene unos seguidores fieles, a los que obviamente se les exige complicidad. Y esta es una de sus mayores características: No importa la verosimilitud de lo que está pasando en pantalla, si me deja clavado en la butaca un rato. Para ello, esta entrega ha reclutado la parafernalia más adrenalínica posible. Lugares exóticos, iconos del cine de acción como Toni Jaa (El Guerrero Muay Thay) o la campeona de AMM Ronda Rousey. Viejas glorias como Kurt Russel. Nuevas glorias del cine de apósitos como Jason Statham o mazas como  Dwayne Johnson  con frases lapidarias “Yo soy la caballería” (ríete tu de guionistas como Willy Wilder). Incorporación de un guiño a los seguidores de Juego Tronos, con el rizado “afro” de  Nathalie Emmanuel.  Aviones, helicópteros, drones, hackers, (un desaprovechado Djimon Hounsou) no falta de nada para que el seguidor no aparte la vista de la pantalla. Testosterona a raudales, tuneo, mujeres-objeto, música reveintaneruronas, en fin todo lo que le gusta al aficionado de estos guisos. 

De este tipo cinematografía se pueden extraer lo positivo: la movilización de dólares que hace avanzar la industria y permite realizar otro tipo de cine. Lo negativo: el mensaje mal entendido que arrastrará a los macarras descerebrados a realizar; una vez salidos del cine; las mismas cabriolas. La apología de la fantasmada con pedigrí. ¿Aburre? Para nada, si te haces cómplice de la acción, la descarga de adrenalina consigue que el metraje pase con celeridad. Un emotivo adiós a Paul Walker, el actor con más carisma de la franquicia, y a su eterna sonrisa. Difícilmente continuará sin él.

viernes, 17 de abril de 2015

El Quinto Jinete (III) Episodio 4. La Bruja de Gustavo Adolfo Bécquer

                                            


El sevillano Gustavo Adolfo Bécquer es el epítome de la literatura romántica (o postromantica), de tono íntimo, con ramalazo ligeramente cursi en lo poético, y preñada de influencias fantásticas, leyendas locales y tradiciones en lo narrativo. Desde las faldas del Moncayo, recuperándose de su enfermedad, escribió “Cartas Desde mi Celda”, que han servido de adaptación (bastante libre) para este capítulo de El Quinto Jinete. 
Tomando referencias de tres de estas cartas: la historia de la Tía Casca, las brujas del Trasmoz y el castillo del Trasmoz, el guionista construye una historia eficiente y bien resuelta. La llegada de la sobrina del sacerdote a un villorrio miserable, sirve de pretexto para desarrollar una historia con tintes fantásticos. Todo el mundo rehuye a la Tía Casca, una anciana revulsiva, de quien se sospecha que ejerce la brujería. 
El sacerdote, los sábados realiza exorcismos mirando la torre del castillo, que dicen construyó el diablo, para que las brujas no puedan realizar el Sabbat.  La Tía Casca tienta a la joven con un vestido para la fiesta a cambio de un favor: que cambie el agua bendita por otra que ella le dará, para que pierdan poder las oraciones y puedan volver a juntarse con el macho cabrío. Este será el inicio del fin para todos. 

Sostenida sobre la notable interpretación de Társila Criado, una de las grandes damas del teatro, nacida en Cáceres, interprete de La Malquerida,y que legó a actuar en Broadway. Társila se estrenaba televisivamente a una avanzada edad, con una repugnante (y efectiva) caracterización como Tía Casca. Sorprende que se haya elegido este texto, frente a otros de corte fantástico, con mayor densidad, del sevillano. Como Maese Pérez, el organista, El Monte de las Ánimas o El Miserere. Aunque alguna de estas narraciones fueron trasladadas después a la pantalla en la serie de Televisión Española  “Cuentos  y Leyendas”
La narración está llevada con pulso y la historia de la joven atraída por el lado oscuro, roza límites imposibles en épocas anteriores. En especial durante la celebración dionisíaca del Sabbaht, donde las expresiones orgiásticas de las participantes, tienen connotaciones de sensualidad que los antiguos censores habrían disfrutado eliminando. La elección de Enriqueta Carballeira (toda una veterana de Estudio 1) como sobrina del párroco, que de la inocencia pasa a formar parte de la cohorte demoníaca, es acertada. Su rostro refleja la inocencia primeriza y el éxtasis de la transformación. No tan acertada es la alternativa de actores no profesionales, seleccionados entre el agro profundo, rostros de querencia pasoliniana, cuya presencia y movimientos escénico no acaban de cuajar. 

Certera la ambientación del miserable predio donde habitan, y del nada prometedor entorno rural, de pizarra y barro. El episodio adolece del mismo defecto que los otros: la chirriante y televisiva utilización de los temas musicales. No se trata de su falta de calidad, en casi todos los capítulos son eficaces, acordes con el contenido y la época. Pero se utiliza un volumen elevado en instantes que no lo precisan, y pecan de machaconería e insistencia. La Bruja resulta un estimulante producto, por el apoyo de secundarios de la pequeña pantalla como Jose Orjas (Mosén Gil) o Luis Marin (Juan). La fusión de las Cartas Quinta, Sexta y Octava del romántico literato, han dado lugar a un guión, que sin llegar a memorable, se deja ver, gracias a la eficiencia de los interpretes. 

La Puta Enamorada. Teatro López de Ayala

                                         



Una escenografía certera, eficiente y sabiamente utilizada de Curt Allen, que juega con espejos para adensar el campo visual, y al tiempo recordarnos que en esta intrahistoria todo puede ser un reflejo del mundo real (o actual), velado por la coartada histórica. Un texto apreciable, de raigambre clásica, jugando con el verbo del siglo áureo, pero accesible y cercano, directo como una saeta envenenada, pero ágil y dinámico; escapado de la pluma de Chema Cardeña, nos introduce con un vestuario notable, en los avatares de una imaginaria historia de amor a tres bandas. La transición del pintor Velazquez desde una España oscura (y oscurantista), preñada de cilicios, inquisidores y excrementos, hacia la luz. Transición  a través del sentimiento, dando como fruto una obra inmortal como “La Venus Espejo”, nacida en un mundo soterrado de traiciones y desajustes sociales. 
Un elenco de actores jóvenes, eficientes, llenos de vitalidad visten los ropajes de La Calderona; a quien se le ordenó ingresar en el monasterio benedictino de San Juan Bautista en Valfermoso de las Monjas, Guadalajara, aunque la leyenda asegura que escapó; del pintor Velazquez, adocenado por los encargos de la Corte, que constriñe su creatividad, y del criado Lucio, secretamente enamorado de La Calderona. La historia nos indica que fue realmente Gaspar de Haro y Guzman; conocido marques y libertino; amante de las mujeres de “baja clase”, el mecenas de la obra, aunque aquí es el rey Felipe IV quien encarga al pintor el retrato de su amante. La verdadera Venus del Espejo la pintó Velazquez probablemente en Italia. En aquella España de cerrado y artificio, era difícil tener un modelo de desnudo femenino (mucho menos con rostro conocido) y probablemente sería alguna de sus amantes. 


La hipótesis del autor de la obra, resulta apasionante: la Venus fue María Caderón, y el pintor, ante un amor imposible, realiza una obra inmortal. Ya había pasado Jesus Castejón, por las tablas del López con la obra “Jugadores”. También Eva Marciel pisó este escenario en otra adaptación notable, capitaneada por Diana Palazón y que dejo un recuerdo imborrable: La Dama Duende de Calderón de la Barca. La Puta Enamorada es una tragicomedia amarga, cínica, llena de esa picaresca tan grata a nuestros predios, con sabor a actualidad y atemporal. No en vano, algunas de las puyas y chascarrillos van claramente dirigidos a situaciones actuales (y universales) en un verbo certero y dinámico, que es de agradecer, frente a tanta fanfarria y atrevimiento de lenguaraces como ha de sufrir el espectador después de pagar su entrada. Tres personajes presentes sobre el escenario. Un personaje más; Felipe IV; omnipresente, acechante, aunque dedicara sus ocios al putañeo o a sembrar de bastardos el territorio, y el timón de las Españas estuviera en la mano del siniestro valido, el Conde-duque de Olivares. 

Un último comparsa es el pueblo con todas sus carencias y bajezas, representado con sonidos en la lejanía. En las mujeres que en carnaval abuchean a Calderona o los familiares de la Inquisición que llaman a la puerta. El uso del escenario es ágil, dinámico, implicando al espectador utilizando el pasillo de butacas a través de una rampa y con un iluminación cuidada, certera (y con reminiscencias tenebristas) de Juanjo Llorens. Incluso hallamos el reclinatorio y el cortinaje rojo del cuadro de Velazquez. Metáfora sobre el poder y la creación artística, sobre la manipulación que políticos, clero y poderosos ejecutan. Sobre la libertad del artista como último refugio. Eva Marciel compone una sorprendente María Calderón. Llena de vitalidad en una Corte vestida de luto. 


De inteligencia notable en un mundo de “gentilhombres”, ha aprendido a manejar las pasiones de éstos, y a enfrentarse a la falocrática sociedad que la rodea, donde las hogueras sociales son tan intensas como las del Santo Oficio. Marciel luce fresca, dinámica. Matiza, imprime el ritmo adecuado al fraseo. Combina dulzura y sentido del humor, con un carácter capaz de enfrentarse a los Torquemadas, o sacrificarse por amor. Deviene una Calderona de armas tomar a la par que atractiva. En esta obra como en “La Dama Duende” flota el aliento de Miguel Narros, volcado en sus últimos montajes. Javier Collado (Lucio) se desenvuelve en este pestilente Madrid de los Austrias con la picaresca de quien tiene que sobrevivir, pero al mismo tiempo quiere mantener su dignidad y su amor secreto por La Calderona. Eficiente y preciso, compone algunos de los momentos mas jocosos y difíciles del texto, demostrando versatilidad y precisión en el lenguaje corporal, estrenándose en el rol de “gracioso”sobre los escenarios. Un personaje que lo mismo baila frente a la “Tarasca” y se emborracha en carnestolendas, que intenta ascender a las cimas del amor mas puro para dignificarse. A este personaje le corresponde ser la conciencia. La voz de lo que se trata de ocultar o hablar en “sotto voce”, en las más pura estructura del teatro clásico. Federico Aguado (Diego Velazquez) borda un pintor amargado, asfixiado por el mecenazgo del Rey, por haberse vendido a un Imperio que prostituye su arte. Lo hace con una dicción clara y certera, definiendo su personaje con convicción. 
La emisión de las voces (ese escollo de tantos montajes), llega con nitidez al espectador. Incluso en el icónico (y estimulante) instante en que la actriz se encuentra de espaldas al respetable. Y es que el teatro es verbo por encima de todo. Es la tiranía de la palabra, el sometimiento del personaje al lenguaje, la construcción de una realidad a golpe de fonemas. Palabras que trasladan al espectador a un mundo de claroscuros, metáfora de todas las épocas del Hombre. La música, excelente; en su justa medida; sólo se escucha en los momentos precisos, introduciendo, sin solapar, en el aroma de la época. Ya en su primera gira la obra recibió diversos premios y nominaciones. Uno de ellos (no podía ser de otra manera) el premio “Max Aub” al mejor texto. Diálogos de este calado (humano y literario) destacan sobre la mediocridad con que nos castigan con frecuencia algunos montajes de pretensiones vanguardistas o rompedoras, que devienen en productos infumables. 



Estructurada en tres jornadas (al modo clásico) es un rendido homenaje a nuestras raíces culturales y teatrales. Referencias a la secta herética de los alumbrados con su interpretación libre del Evangelio, y su rechazo a la jerarquía y los Dogmas, espejo de una nación que se fragmentaba, retrato de unos personajes que enriquecieron nuestra heredad. Estas razones deberían ser suficientes para que manadas de universitarios y aficionados, invadieran las plateas para enriquecimiento personal y aprendizaje. Pero, tristemente, al personal parecen interesarle más las últimas y emocionantes aportaciones de la telebasura, que acercarse a las raíces de lo que somos. Y es que quizás no hayamos cambiado tanto y los Torquemadas hayan sido sustituidos por los bustos parlantes y el oscurantismo por la ignorancia vocacional. Nada de esto afecta a una excelente propuesta, a una osada aventura para los tiempos que corren. Afortunadamente no se trata de un proyecto solitario, ni baldío. Los aficionados han podido ver como se revisaban en las últimas temporadas nuestros mejores referentes. Baste recordar la notable versión de El Caballero de Olmedo o La Estrella de Sevilla, triunfando en los festivales, la permanente exhibición de El Buscón, de Alfonso Zurrón,en Sevilla, el innovador Don Juan de Blanca Portillo, Los Entremeses de Jose Luis Gomez, o las aportaciones originales y revolucionarias de Ron Lalá, con la excelente En Un Lugar del Quijote, Folía (deliciosa antología) o su último viaje rememorando La Celestina con Charo López en Ojos de Agua. Tenemos Siglo Dorado para rato. Si nos llega de la mano de actores con el ímpetu y  profesionalidad de esta Puta Enamorada, será un privilegio y un placer. Bienhallados sean.

miércoles, 15 de abril de 2015

El Quinto Jinete (II) Episodio 4. La Mujer del Sueño de William Wilkie Collins

                      






William Wilkie Collins fue un escritor británico, antecedente de todo el género policíaco y con tintes cercanos al fantástico. No se privó Collins; como tantos otros autores de misterio; de consumir láudano para su artritis reumatoide; lo que le llevaba a estados alterados de la realidad. La dama del sueño (Blow up with the brig) es un relato gótico, escrito en 1859. Esta es una de las adaptaciones mas fallidas de la serie El Quinto Jinete. El guión cambia el adecuado marco de la Inglaterra Victoriana, por un Salvaje Oeste imposible. La elección de época no favorece el desarrollo de la trama, haciéndole perder el componente evocador y fantasmagórico. Por otra parte la elección de los actores no parece la más apropiada. Enfrentar el histrionismo de Agustín González (sí, ese Agustín González) con la interpretación parsimoniosa de Julieta Serrano, y añadirle un Luis Ciges; con ligero acento gallego; en un poblado recóndito del Far West, no termina de cuajar. La historia de la mujer que se aparece en sueños para acuchillar al protagonista, y a la que conoce más adelante para casarse con ella, transcurre demasiado precipitadamente.
 Destacar el buen hacer de Luisa Sala en el papel de madre, una de las actrices familiares de la época en televisión. Tras expulsar a su mujer, Rebeca, de casa, el protagonista no vuelve a dormir tranquilo nunca más pensando que va a aparecer cualquier noche, como en el sueño premonitorio. El guionista hace un añadido personal y el final abierto de la novela es sustituido por otro donde; años después;  Isaac lleva a un doctor en su carruaje hasta su casa, donde se queda a pasar la noche. En paralelo se nos muestra a Isaac sentado en la silla, intentando no dormirse, mientras en el salón la mujer del doctor (que no es otra que Rebeca) corta la carne con el cuchillo del sueño. Aquí aparecen algunos de los mayores fallos del diseño de producción. No contentos con mostrarnos al inicio un poblado con arquitectura similar a una misión abandonada de Nuevo México, de ahí pasamos a un pestilente poblado del profundo Oeste. 
Basta un breve paseo en carruaje para que los viajeros aparezcan !en una mansión sureña de mármoles y plantaciones de algodón! Por no faltar, están hasta los criados negros con el mejor acento de “Señoritaaa Escaglaaaaataaa! Por no hablar de la cocina, con muebles de diseño contemporáneos al rodaje. Nuestra raigambre camina lejana de la mitología y la épica del Far West, que nos queda algo lejano. Para eso tenemos nuestro Siglo de Oro, que nos entrega uno de los mejores episodios de la serie: Los Dados. Y es que algunas cosas es mejor dejarlas como están. En el último tramo, el actor Fernando Cebrian, interpretando al doctor Maverik (nada oculto homenaje a la serie interpretada por James Gagner), levanta el nivel del episodio. Cebrian era uno de aquellos actores de raza, de clara dicción, de voz memorable, que levantaba cualquier producción con su profesionalidad y presencia. Si la banda sonora les resulta familiar, escuchen "Agachaté maldito" de Ennio Morricone. Descubrirán, con certeza, el motivo...

El Gran Gastby (2013)

                                                   



Excentricidad y desmesura. No hay otro modo para definir el hiperbólico mundo visual de Brad  Luhrmann, donde lo excesivo del espectáculo visual, solapa el factor humano y la grandilocuencia fílmica se sobrepone al  entorno dramático. No hay lugar para la preciosa prosa de Fitzgerald en este entorno de exuberancia, que en ocasiones roza la línea del buen gusto. El Gran Gastby, es una ópera visual con aciertos y manejo de recursos en la dirección, en especial en la primera parte: la recreación del valle de las cenizas, el ritmo narrativo. Pero chirriante y carente de hálito dramático. La reconstrucción de los felices 20 es apabullante. Y, aquí el primer  error del film: la banda sonora. ¿Que demonios hace el rap infiltrado en una fiesta de “flappers”? ¿Como cuadrar a Lana del Rey y a Florence and The Machine en la misma cinta? Muy sencillo, con el estilo ecléctico, pletórico y carente de sentido del ridículo de Luhrmann. 


El espectador hubiera agradecido un poco de “dixieland” por aquí, un poco de charleston por allí, pero el director nos coloca un anacrónico rap en medio de una orgiástica celebración. 

El guión parece concentrarse mas en los aspectos dionisíacos, que en las vivencias humanas. Si, hay una dolorosa historia de amor, pero ya estaba ahí en el libro y con matices muchos más sutiles y delicados. La concepción  kitsch (y no carente de osadía) del director pergueña un entorno imposible, que realza con grandilocuentes movimientos de cámara, en un ensayo sobre la megalomanía (la del personaje y la del mismo cineasta), que no deja indiferente. El Gran Gastby, nos recuerda a uno de esos malabaristas que ofertan un número sorprendente y revolucionario, para a continuación vendernos humo y decepción. En el plano visual, el producto es impecable y personalísimo (de esto no hay duda), las interpretaciones solventes y notables. Di Caprio; cada vez más actor; compone un Gastby humano, alterado, que no acaba de encontrar su lugar en el mundo. Ha construido su vida sobre un sueño de amor. 

Carey Mulligan (soberbia en “An Education”), regala una interpretación deliciosa y contenida, como la amada que no merece los afectos de Gastby, ya que en el epílogo se revela embustera, traidora y conformista. Tobey Maguire es un actor interesante, como ya ha demostrado, pero esa autosuficiencia de anuncio de dentífrico, que derrama durante el metraje, termina ahogando los buenos momentos. Otro de los escollos del guión es el aura de misterio que rodea al personaje, para que las expectativas no lleguen a cuajar, dejando a Di Caprio totalmente desnortado, o el escaso aprovechamiento de un decorado como “El Valle de las Cenizas”, para elaborar una tesis sobre desigualdades sociales, ocultada por el espectáculo de fuegos artificiales. 
La cinta obvia el posible objeto de deseo que para Nick es el magnate Jay Gastby, sin molestarse en hacerse la pregunta: ¿Por que esa fascinación? ¿Por que para Nick es tan importante escribir la historia de Gastby? Aunque la trama nos indique una relación de Nick con Jordan Baker, deberíamos leer entre líneas. El problema de Luhrmann, es que sus “adaptaciones” literarias no son tales. Son reinterpretaciones de querencia videoclipera pasadas por su personalísima turmix, como ya sucediera con con la parafernalia derramada en “Romeo y Julieta” o la celebrada “Moulin Rouge”. Francis Scott Fitzgerald, publicó en 1925 "El gran Gastby", una de las obras cumbre de la literatura universal del siglo XX. Ciertamente la imaginería que destila el director, ni siquiera podía preverse que llegara a existir en la época genésica de la narración. 


Flota sobre el film una sensación de ajeneidad, donde el barroquismo visual devora la densidad dramática, donde los sentimientos y pasiones demostrados, son extraños y chirrían sobre todo en los momentos mas intensos (véase la discusión en el hotel, cuando Gastby pierde los papeles). Situaciones de las que se podía haber extraído un coeficiente escénico superior. El  director ofrece una ópera manierista y excesiva, en la que; utilizando símiles musicales; el coro no deja escuchar las arias. Se echa de menos ese lamento individual y catártico. El desencanto de esa “Generación Perdida” que Fitzgerald abanderó junto con otros enormes escritores (John Dos Passos, Ezra Pound, Ernest Hemingway, John Steinbeck), se echa de menos el canto de cisne de esa sociedad que esta a punto de sumergirse en el Crack del 29, mientras ahoga en excesos su angustia vital. De una juventud desencantada envuelta en vapores de jazz y ginebra. Aquí los árboles no dejan ver el bosque. El enfoque visual y plástico (sobre todo la anacrónica banda sonora, aunque intercale notas de Gershwin), parece dirigido a ganarse un público adolescente, con reclamo de un antiguo ídolo teen, reconvertido en gran actor, en lugar del crítico retrato de la alta sociedad estadounidense que concibiera Fitzgerald. La moraleja de esta fábula se disuelve cuando desaparece el envoltorio y el interior aparece carente de la densidad necesaria, pese a algunos momentos apreciables, nacidos del talento de los actores. Critica ácida al “sueño americano”, Gastby resulta ser un vulgar trapichero, que roza la ilegalidad en sus negocios. 


Continua siendo despreciado por los que son ricos de cuna, que le consideran un advenedizo, a pesar de su fortuna, en un mundo donde la apariencia lo es todo. El universo de Fitzgerald precisa de atmósfera, del lirismo que destila su prosa, de una percepción de sueños rotos y tragedia clásica, que no acaba de cuajar en esta versión adrenalínica. No se puede ocultar bajo una paleta cromática desmesurada la falta de enjundia, no basta para reflejar el concepto snob de las flappers y sus allegados, con atronadoras explosiones visuales. No basta el uso permanente del croma. La artificiosidad no consigue sustituir la veracidad narrativa. El espectador desea sentir el profundo tormento de Gastby, y este se le escapa de las manos al cineasta, envuelto en oropeles, desmesura y fatuidad. Pese a la esforzada perfomance de Di Caprio es difícil no sentir añoranza por la interpretación de estética setentera (clásica y epidérmica) de Robert Redford, dirigido por Jack Clayton (1974), que también vió mejores días cinematográficos (A las Nueve Cada Noche, Suspense). Quizas el Gastby definitivo, aún aguarde en el escritorio de un guionista. El mundo decadente de Jay Gastby sigue esperando su demiurgo. Quizas los amantes de Fitzgerald, aún puedan vislumbrar (al igual que Gastby) una luz verde al final de la bahía.

lunes, 13 de abril de 2015

El QUINTO JINETE. 1975. SERIE (I)

                                        El QUINTO JINETE. 1975. SERIE (I)


Siguiendo las coordenadas trazadas por series de éxito como la mítica Historias para no dormir y los modelos foráneos de joyas como La Dimensión Desconocida, Galería Nocturna o The Outher Limits, Jose A. Páramo adapta; con mayor o menor éxito; algunas de las grandes historias de terror de la literatura universal. El concepto de terror clásico, espectros, apariciones, licántropos, se desarrolla a lo largo de los 13 episodios que componen esta serie, aunque en algunas referencias aparecen catorce. Esto se debe a que en abril de 1973, el director rodó el corto "Israel", que no pertenecía a la serie aunque compartía temática y concepto. Estas adaptaciones dejaron bastante libertad a los guionistas. En algunos casos porque la brevedad del original ha de desarrollarse para alcanzar el metraje deseado. En otros porque la fantasía y libertad creativa, incluyen aspectos que no aparecían en las historias o añaden elementos de acercamiento a nuestra cultura. La mayoría de espectadores visionó esta serie en blanco y negro, trufada de los enormes actores que entonces poblaban la pantalla y que ya eran habituales, gracias a producciones como Estudio1, Novela, etc. Los mejores profesionales de teatro y Tv desfilaron por este Quinto Jinete del Apocalipsis: el eficiente Eusebio Porcela, la intensa Charo López, "Señoras" de la escena como Tota Alba, Aurora Redondo o Luisa Sala, actorazos como Fernando Delgado o Narciso Ibáñez Menta, junto a jóvenes promesas como Carmen Maura y Amparo Baró. La calidad de las adaptaciones es irregular. Excelente en algún caso, guiones bastante flojos en otras, sobre todo se resiente cuando las comparaciones se efectúan sobrre sus referentes cinematográficos. Es el caso de La Familia Wurdalak, cuyo antecedente filmado por Mario Bava era "Los Wurdalak", (basada en una narración corta de Aleksey Konstantinovich Tolstoy: La familia Wurdalak), con gran economia de medios y apoyada sobre el gran Boris Karloff. Sin embargo la interpretación sensual de Charo López, envuelta en negligé, subió la temperatura en aquellos años convirtiendo este episodio en mítico. 

Algo parecido sucedió con El Ladrón de Cadáveres, con un antecedente en pantalla tan notable como el rodado por Robert Wise (1945), era difícil sacar adelante esta historia de Robert Louis Stevenson, aunque la mirada inquietante de Jack Taylor (otro habitual de la época) consigue salvar una dificultosa adaptación. El Quinto Jinete forma parte de la nostalgia de una época en que los actores eran cercanos, y la caja tonta posibilitaba el acceso a estas obras. Entonces la cultura entraba en nuestras casas como algo cotidiano.

                              
             Episodio 1. El Diablo de Guy de Maupassant
El francés Guy de Maupassant es un representante de la naturalista école, abanderada por Émile Zola. De prosa nada artificiosa, de gran sencillez, su estilo consiste en no involucrarse en las historias que narra. Como otros creadores de la época se aproximó a sustancias que "potenciaban su creatividad", en su origen debido a sus grandes migrañas. 
Aurora Redondo
Estos estados alterados de consciencia facilitarían su acercamiento al mundo de lo onírico y lo sobrenatural. Se han realizado numerosas películas basadas en sus obras: La Diligencia (1939) John Ford, basada en Bola de Sebo, El Expreso de Sanghai (1932), La Vida Privada de Bel Ami, y un largo etc. La adaptación que se realizo para "El Quinto Jinete" de uno de sus cuentos, narrados con un estilo presto y alterado, con abundantes exclamaciones y signos de interrogación, sobre los que revolotea la presencia obsesiva de la muerte, el desvarío y lo sobrenatural, se permite bastantes libertades con respecto al germen literario. En "El Demonio", el campesino Honoré se debate entre dejar a su madre sola agonizando o ir a recoger la cosecha. Su naturaleza codiciosa le inclina hacia la recolección, hasta que el doctor le advierte que no lo consentirá y que llame a La Rapet, una mujer que se encarga de velar a los moribundos. Incluso la madre, impedida sin habla en la cama, le indica con gestos que vaya al campo, y es que la avaricia planea sobre este inframundo rural, que sólo ha conocido miserias.

La Rapet no anda a la zaga y negocia con Honoré las horas que se quedará, en un tira y afloja donde lo menos importante para ambos es la moribunda. Una vez acordado un precio, La Rapet se hace cargo de la anciana, pero al ver que tarda más en morir de lo que ha cobrado, le cuenta una historia sobre el demonio que se aparece a los moribundos, para; a continuación; disfrazarse y darle un susto mortal. Al volver el campesino se enfada porque le ha pagado más de lo que ha trabajado. La miseria moral es la protagonista de este breve relato de Maupassant, pero en el guión televisivo se acentúa el duelo psicológico entre la perversa cuidadora Rapet y la anciana  impedida, tiñéndolo de un tono sobrenatural.La Rapet de la serie elimina a la anciana para robarle, en un duelo interpretativo entre Charo Soriano y la gran Aurora Redondo. Es una pieza de cámara, con un "tour de force" por parte de la incombustible Aurora Redondo, que debe expresar todo el horror de saber lo que su guardiana está haciendo, sin poder moverse, ni hablar, tan solo con la mirada. A través de un juego de gestos, emociones y sobresaltos, el director nos introduce en un mundo donde lo sobrenatural va a tener su lugar, cuando el espectro de la anciana se aparece a la taimada Rapet. A la mañana siguiente la mujer aparece muerta en su casa, dejando en un final abierto para que el espectador decida si todo ha sido resultado de su mala conciencia, o otros elementos extraordinarios han intervenido.

                       Episodio 2. Lokis de Prosper Mérimée

El Aullido es el castizo título para la adaptación de Lokis, uno de los últimos cuentos de Prosper Mérimée (Carmen), quien con esta obra abandonó su mediterraneidad para adentrarse en una Lituania de leyendas, abriendo el fantástico a la dimensión del exotismo. Considerado una inversión de La Bella y la Bestia, ya que la belleza transforma al protagonista en animal. Este traslado a predios gallegos de la fábula zoantrópica, trastoca todo el argumento y convierte el hombre-oso en un lupus. 
Fiorella Faltoyano
Fiorella Faltoyano
De este modo realiza un acercamiento del floklore báltico, a la variante gallega del lobisome (ya tratado por Pedro Olea en El Bosque del Lobo), aunque aquí se refieren al “lobiman”. La adaptación añade como catalizador una meiga (excelente Pilar Muñoz) de aguardentosa voz y misteriosa presencia. Desaparecen en este guión de raigambre cantábrica, todos los aspectos de la cultura nórdica del original, pero no sólo ésto; también lo hacen los componente teológicos y filosóficos, e incluso las reflexiones sobre la dualidad del espíritu humano. La llegada a la aldea de un joven, levanta el temor entre los vecinos, ya que años antes tuvo que marchar de la aldea. 
Jaime Blanch
Aunque nunca se llega a mencionar ni en el original literario, ni en su adaptación, flota sobre el ambiente la sospecha de una relación contranatura entre un lobo secuestrador (oso en la versión escandinava) y la madre del visitante. La trama peca de exceso de premura. Todo transcurre demasiado presuroso. El personaje de Miguel; un Jaime Blanch, que años antes se había hecho famoso como niño-prodigio interpretando la infancia de Don Juan de Austria en “Jeromín”; parece tomarse con sorna todos los comentarios. Lo mismo sucede con su amada, encarnada por una joven y atractiva Fiorella Faltoyano, que años después alcanzaría el status de icono castizo de la transición con su interpretación en Asignatura Pendiente de Jose Luis Garci. Ambos deciden hacer oídos sordos a los comentarios y leyendas del entorno rural y casarse. Con cierta habilidad para reflejar situaciones de tensión y malestar entre familiares y habitantes de la aldea, especialmente en el banquete de boda, la culminación esta llena de referencias a los antecedentes licantrópicos de la Universal, sobre todo en lo visual: la actitud encorvada al saltar entre las peñas, etc. El menesteroso maquillaje, nos remite a la duda entre lo que quieren creer los lugareños, o la posibilidad de que se trate de una patología mental. Este capítulo está lastrado por su propias situación temporal. Frente a las mansiones góticas y sombrías, los vestuarios desaforados, los bosques de iluminación expresionista del terror clásico, se nos muestra una aldea de palurdos, unos personajes con moda setentera (cuellos picopato, pantalones de elefante, unigüevo, que se prestan escasamente a lo inquietante. Correctas interpretaciones y desaprovechada mitología de un entorno que solicitaba un desarrollo con connotaciones más inquietantes. La versión televisiva hace desaparecer toda la tensión entre ritualidad pagana y cristianismo, entre el origen ancestral de Lokis y sus pulsiones primitivas, frente a la sociedad representada por su amada. La frontera entre lo profano y lo sagrado. Como curiosidad, añadir que fue Mérimée quien redescubrió, en 1841, los famosos tapices medievales de La dama y el unicornio.

                                        Episodio 3.
        El Fantasma de Madam Clown de Sheridan Le Fanu.
 Descansa todo el engranaje de este episodio sobre la interpretación de la gran Tota Alba, cuyo diseño de vestuario es claro precedente del Drácula de Coppola. Sheridan le Fanu anduvo toda su vida literaria coqueteando con el fantástico. Se lo considera el creador de la gosht story, cuyos autores “acaso hacen gala de un guiño irónico pero, mientras tanto, ponen sobre el tapete algo de sí mismos,una verdad interior que no aparecerá en los manierismos del género”. Le Fanu es; sin lugar a dudas; el germen del vampiro desarrollado por Bram Stoke, con su obra Camilla. 
Tota Alba
Hay manejo de la tensión psicológica en el desarrollo del argumento, que como es costumbre en la serie tiene añadidos y recortes para acercarse más al espíritu deseado por los guionistas. De este modo los llantos que escucha la niña protagonista, no existen en la narración genérica. La habitación descubierta tras las paredes, que trata de abrir el fantasma de Madam Crowl, oculta el cadáver del hijastro, beneficiario de la fortuna familiar. La pérfida dama lo hizo desaparecer para que heredara su hijo (gran interpretación de Manuel de Blas) y ahora vuelve del más allá para abrir la puerta. Si en la conclusión de la narración de Le Fanu, el hijo de Madan Crowl golpea el esqueleto que se deshace; y dice que "era un gato muerto"; en la culminación del episodio la criada haya una joya del muchacho entre los malogrados restos. M. R. James llegó a decir que Sheridan Le Fanu “era mejor que E.A. Poe”, cuestión de gustos. Ciertamente aleja el cuento de terror romántico, para acercarse a un realismo donde el entorno familiar, contemporáneo, lo pueda acercar a la experiencia del lector. 
Aunque detestaba ser interpretado como autor de terror, con obras como esta Madam Crowl, llega al dominio absoluto de este género y del “crescendo” narrrativo. Destacar el papel de Jennie (la pequeña Dácil Marquez). No podía faltar una niña en una historia de ultratumba. La cuidada ambientación convierte este capítulo en uno de los más interesantes de la serie. Sobre todo los instantes en que aparece el espantajo semivampírico interpretado por Tota Alba, con el patético rostro cubierto de polvo de arroz y vestida de siniestra muñeca de porcelana. ¿Te parezco guapa, Jennie? ¿Dime, te parezco guapa? Aggggg...