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domingo, 24 de mayo de 2015

El Desastre de Anual. Ricardo Fdez de la Requera y Susana March. 1963




El matrimonio formado por Ricardo Fernández de la Reguera y la poetisa Susana March abordan en 1963 la realización de unos nuevos “Episodios Nacionales” en la línea de los que escribió Benito Pérez Galdós. De sus plumas surgieron estos viaje histórico a los que denominaron “Episodios Nacionales Contemporáneos”, y que llegaron a ser doce: “Héroes de Cuba”, “Héroes de Filipinas”, “El fin de una regencia”, “La boda de Alfonso XIII”, “La Semana Trágica”, “España neutral (1914-1918), “El desastre de Annual”, “La Dictadura”, “La caída de un rey”, “La república”, “La guerra (1936-1939) y “La postguerra”. En el libro dedicado al hundimiento del ejército español en Annual y sus consecuencias políticas, se narra la tragedia de unos hombres que fueron enviados a la muerte por un conglomerado de incompetentes y corruptos, con el beneplácito de un monarca más preocupado en sus cacerías, carreras de galgos y películas marranas, que en la realidad del país. 10.000 hombres encontraron una muerte; horrible en la mayoría de los casos; entre las arenas inhóspitas de un país en donde a España no se le había perdido nada, salvo mantener las apariencias de un agonizante imperio de cartón-piedra, favorecer el ascenso de los militares africanistas, o alimentar el sueño de explotación minera de un grupo de empresarios que veían los toros desde las tablas.

Actualmente descatalogada, cuando se escribió la novela el Expediente Picasso estaba oculto, de modo que los autores desconocían parte de la historia. El hecho de que no aparezcan algunas situaciones históricas no afecta a la calidad literaria. La narración está llevada cronológicamente con pulso firme y amplio trabajo de buceo documental, pero sin perder el brío narrativo que convertiría una notable obra narrativa en un ensayo o en periodismo de investigación. Ricardo Fernández de la Reguera, dedicó su vida a la docencia. Su relación con Susana March dio como fruto la serie de libros que recorren algunos de nuestros periodos históricos desde la Guerra de Cuba, hasta nuestra contienda fratricida. Con el fallecimiento de Susana, abandonó el mundo literario. Bebiendo de un realismo galdosiano, introduce a sus personajes en lo cotidiano, el absurdo de la guerra, la manipulación del ser humano por los acontecimientos, aunque se le ha criticado su limitada convicción al desarrollar los personajes femeninos. Entre sus obras mas interesantes se encuentran “Perdimos el paraíso” (1955)
















Esta novela  obtuvo el Premio Internacional Club de España. Protagonizada por  dos niños que observan el mundo adulto desde su perspectiva. En “Cuerpo a Tierra” regresa al absurdo de las contiendas en la piel de un personaje que va a la guerra sin conocer siquiera los motivos, como una oveja al matadero. Su esposa, Susana, llegó temprano al mundo de las letras, ya que con catorce años publicó su primer libro de poemas. En 1946 publica “Ardiente Voz”, obra que la consagra como un clamor que canta al deseo o trata de complementarse con el otro. Se apartó de este tema en su obra “Esta mujer”, donde aparece una crítica a la burguesía de su época. La historia desarrollada en el “Protectorado” de Marruecos, extraño eufemismo para camuflar la colonización y explotación de recursos de la zona, nos relata con notable brío los días precedentes a la masacre que se llevó las vidas de tantos españoles. Desfila por sus páginas aquel ejército en alpargatas, temeroso de los belicosos rifeños, formado por tropa de reemplazo que no tenía medios para pagar la exención del servicio como los hijos de las clases pudientes. Arrojados al infierno por un gobierno de mediocres, rodeados de oficiales ineptos o corruptos, mal entrenados y peor pagados, eran presa fácil para unos guerreros milenarios, por cuyas tierras los invasores pasaron de largo en los siglos anteriores. 



Los oficiales pagaban a las cabilas por  realizar pequeños simulacros de combate, les vendían municiones, armas, y negociaban con las caballerías. La corrupción llegaba hasta el rancho de la tropa, mermado para enriquecimiento de oficiales innobles. A lo largo de las páginas desfila el sufrimiento de unos hombres perdidos y abandonados a su suerte, que debían beber sus propios orines para sobrevivir un día más, que eran castrados por los rifeños, mientras Alfonso XIII alentaba al general Silvestre a seguir adelante con aquella locura. El asedio de Igueriben, la terrible matanza de Monte Arruit, la traición en Monte Abarrán, desfilan ante los ojos del lector en un prosa certera y elaborada que dota de vida a los protagonistas, sin perder el sentido de certeza histórica, pero  no se deja arrastrar por la prolijidad informativa. En cuanto a la descripción de los naturales del país, sus motivaciones y percepción de la situación; que hubiera sido recomendable; perjudica el excelente ritmo narrativo. 
Los rifeños, no adquieren el matiz de personajes necesarios para redondear la obra. Tan solo unas pinceladas destacando su crueldad con los vencidos. Quizás por que en la época en que se escribió, aún no aún existía la conciencia de que ellos eran los defensores de una tierra invadida por nuestras tropas. La perspectiva de la narración parte desde la cotidianeidad del soldado raso. Los sufrimientos, las carencias, la crueldad de una naturaleza a la que no estaban acostumbrados. Analfabetos, sin preparación militar, los llamados “borregos”, morían como tales entre las milenarias arenas del Rif. Durante años estos héroes no fueron reconocidos como debían. El Régimen Franquista se encontraba ocupado narrando su versión de la historia, donde se obviaban los bombardeos con gas sobre poblaciones marroquíes, o la utilización de mercenarios sanguinarios para combatir a las cabilas. Una página olvidada durante muchos años. Las víctimas de aquella insanía aún no han obtenido el reconocimiento que se merecen.





miércoles, 20 de mayo de 2015

Los Tres Mosqueteros. 1971. Serie TVE

                                  

El enorme éxito obtenido por la adaptación de “El Conde de Montecristo”, alentó a Televisión Española para encargar a Pedro Amalio López, la realización de “Los Tres Mosqueteros”, basada en la obra de Alejandro Dumas, para incluirla dentro del espacio: Novela. Esta cita semanal donde se dramatizaban los grandes clásicos de la literatura, era esperada con expectación, dada su distribución en capítulos inconclusos, que dejaban en el aire la resolución de la trama. 

El espacio se inauguró con el título de Novela del Lunes, y lo hizo con una versión de La casa de la Troya, del gallego Alejandro Pérez Lugín, sobre la vida universitaria.  Desde la temporada 1963-1964; y ya con periodicidad diaria; se adaptaron novelas como “El fantasma de Canterville”, seguida por los afortunados infantes de la época que consiguieron visionarla a escondidas, Mujercitas, resultó una de las adaptaciones más exitosas, La pequeña Dorrit, El príncipe y el mendigo, Orgullo y Prejuicio (1966), Borís Godunov, Emma, David Copperfield. También otro de los grandes éxitos, “El Conde de Montecristo” con Pepe Martín. Crimen y castigo, Papá Goriot o Bel Ami, sin olvidar la brumosa Jane Eyre, que introdujo a los espectadores en el mundo gótico de las hermanas Brontë.
La flor y nata de la dramaturgia de antaño, desfiló por la pequeña pantalla en glorioso blanco y negro. Grandes damas de la escena como Luisa Sala, Berta Riaza, Gemma Cuervo, Lola Herrera Herrera o Silvia Tortosa, pasando por actores de la talla del inmenso José Bódalo, el galán Paco Valladares, el eficiente Emilio Gutiérrez Caba, o el todoterreno Carlos Larrañaga, hasta llegar a los emergentes Sancho Gracia, Amparo Baró, Juan Diego, y muchos otros, que se convertirían en presencias esclarecidas sobre el escenario y en el celuloide.

 En otro capítulo habitan los directores “de la casa”, que acometieron aquella aventura que hizo llegar la cultura a los hogares de antaño (cosa que no sucede hogaño). Pilar Miró; Alberto González Vergel, o el reconocido Gustavo Pérez Puig, llenaron de aventura o dramatismo aquellas sobremesas grises y adocenadas. Pedro Amalio López, eficiente artesano, fue el afortunado a quien se ofreció adaptar una de las mayores obras de aventuras de la literatura de lances y capas: Los Tres Mosqueteros.
Pedro Amalio López, ejercía como crítico cinematográfico y guionista. Se incorporó a TVE en sus inicios como pionero, y allí realizaría todo tipo de programas, informativos, magazines, etc. Especializado en dramáticos, realizó la adaptación de “El Conde de Montecristo”, que supuso un éxito enorme en la época, o se encargó de espacios como Novela y Estudio 1, factorías de grandes actores. 
Dentro del añorado Estudio 1, realizó dos destacables y recordadas adaptaciones: Julio Cesar (1965) y Macbeth (1966). Durante la nefasta y olvidable gestión de José María Calviño, la política se apodera de los platós. La manipulación ideológica decide prescindir de Pedro Amalio López (y de otros tantos buenos profesionales). 


El director encuentra acomodo en la TVG hasta que; con inteligencia y señorío; en 1986 Pilar Miró lo recupera para TVE, al nombrarlo Director de Producción de Programas.
La realización de Los Tres Mosqueteros supuso toda una aventura para una; aún incipiente; industria televisiva. Por primera vez se realizaron tomas en exteriores, algo impensable para un espacio dramático, lo cual dotó de vitalidad y credibilidad al producto. 

Todo un derroche de medios técnicos para las escenas de acción, bastantes realistas y diversos decorados  con especialistas técnicos y artísticos que habían contribuido a hacer de la nueva serie una cima en la historia de la TVE. La filmación de los capítulos, utilizó los estudios de Miramar, en Barcelona y Hospitalet, y también decorados naturales (Palau Nacional de Montjuich y Castillo de la Plana Novella), así como  exteriores en Beuges, Santa Creu de Olorde y Sant Feliu de Codines. Atendiendo a las escenas de masas. En la escena del baile final, se contó con más de ochenta participantes (Orfeó Gracienc incluido). Paradójicamente (para ojos actuales) el baile final, que debería haber resultado un apoteósico derroche de medios en la Corte, deviene un fiestecilla  menesterosa, nada acorde con la grandeza requerida. 


Cosas del presupuesto. Nada de esto resta méritos a estos veinte capítulos, que durante treinta minutos clavaban; literalmente; en sus asientos a los espectadores, que sufrían las peripecias de los cuatro amigos frente a las maquinaciones de Richelieu y la taimada Milady de Winter.  Juan Felipe Vila-San Juan (productor ejecutivo, además de adaptador del texto) y Pedro Amalio López, dotaron de dinamismo el argumento y de profundidad a los personajes, interpretados por algunos de los mejores actores de la época. 


La mixtura de elementos aventureros, duelos, espadachines en callejones de mala muerte, enfrentamientos entre los guardias de Richelieu y Mosqueteros, cabalgadas deudoras del western, pistoletazos a quemarropa, sombreros de ala ancha, con las intrigas de Milady, ponzoñas, amores prohibidos y el desparpajo imprimido sobre el protagonista por parte del debutante Sancho Gracia, convirtieron la aventura en un éxito mediático. La banda sonora, tarareada por los ávidos espectadores (sobre todo la sección juvenil), sin conocer que no había sido escrita para la serie. Se trataba de "Thierry la Fronde", una sinfonía compuesta por un mago del teclado (Jacques Loussier), conocido por sus adaptaciones de Bach al mundo jazzístico. No parecían importunarles estas cuestiones a los responsables de la Sociedad de Autores, que se había fundado en 1941. 

Entonces era moneda común utilizar obras ya compuestas sin indicar siquiera la procedencia. En “El Conde de Montecristo” hay notas de la “Adoración de los Magos” del Ben-Hur de Miklós Rozsa, en “Los Miserables” se aprovecha la partitura de Khachaturian para Espartaco. En Los Tres Mosqueteros se utilizan desde acordes de “El Desafío de las águilas” hasta una marcha francesa de caballería datada en el siglo XIX. 



Esta serie se creía perdida por los aficionados, y a ha dado lugar a largos coloquios en los foros especializados, ya que se emitió en alguna cadena autonómica años después, por lo cual existía la esperanza de que el algún archivo se encontraran copias. La costumbre de TVE, de machacar los videotapes para grabar encima, hizo perder la esperanza a los nostálgicos. El elenco de actores elegidos era de lo más afortunado. El joven Sancho Gracia dotó, con acierto, al personaje del desparpajo y socarronería que serían su marca de clase. 
Este gascón simpático, altanero, bravucón y regido por nobles ideales, resulta tremendamente divertido en sus golpes de sombrero de ala ancha casi barriendo el suelo, y su gallardía al enfrentarse inconscientemente al peligro. Junto a él, un ramillete de grandes interpretes que tuvieron dispar suerte en el mundo interpretativo. Acompañando al novicio en las lides de la corte, estaban el galán Víctor Valverde (excelente declamador), habitual de Estudio 1 (David Copperfield), que como tantos otros orientó su futuro hacia el doblaje, dotando de voz a Paul Newman, Henry Fonda, etc. 

Ernesto Aura consiguió un Aramis notable, gracias a su presencia física y su garganta, que le serviría para la voz castellana de Arnold Schwarzenegger, Lawrence Fishburne; el Morfeo de "Matrix"; y de Tommy Lee Jones (sin olvidar que fue el primer Clint Easwood, antes que Constantino Romero). También le acompañaban en sus andanzas por París, Joaquim Cardona (el irascible Porthos), colaborador en gran parte de los montajes emblemáticos del Teatre Lliure, que años después interpretaría La Plaza del Diamante o Fanny Pelopaja. Su carrera fue tristemente truncada por el SIDA. Pero el plantel femenino se llevaba la palma (y los suspiros) de unas generación enamorada (platónicamente) de la perfida Milady o de la angelical Constance Bonacieux (Maite Blasco). Sin olvidar una bellísima Mónica Randall (Ana de Austria), cuyo papel casi anecdótico, no resta fuerza dramática a los escasos instantes en que aparece. 

Elisa Ramírez (Milady de Winter) maneja un juego de expresiones y recursos en primeros planos, navegando entre la mirada de arpía y la candidez, cuando trata de engañar el corazón del contrario. 







Durante años se convirtió en rostro habitual en producciones como Historias para no Dormir, Estudio 1 o Curro Jiménez, permaneciendo como icono televisivo para los telespectadores de la época. 
Mónica Randall también tuvo un amplio recorrido televisivo en los espacios de la época, o en el cine con clásicos de nuestra pantalla como “Mi Querida Señorita” o “Cría Cuervos” (Carlos Saura)  o  “Retrato de Familia”. 
Maite Blasco era una de las estrellas televisivas del momento. Poseía un aspecto dulce y tierno y era  actriz-fetiche de Jaime de Armiñan. Al casarse con un italiano vivió un tiempo en Roma, regresando a España, donde intervino en películas como "Los peores años de nuestra vida", "El perro del hortelano" y "Carreteras secundarias".
  A destacar entre los actores de reparto un hombre de teatro: el inefable Félix Navarro. Félix borda el papel de Planchet, criado pícaro, fiel, avispado y buscavidas del gascón  D´artagnan. Los que se llevaban el gato al agua en cuanto a los punzantes diálogos escritos por Alejandro Dumas fueron Ramón Corroto, siempre eficiente, en el papel del prudente Luis XIII, y un declamador de primera línea: Alejandro Ulloa. Las conversaciones mantenidas durante las partidas de ajedrez, llenas de dobles sentidos, giros argumentales y afiladas intenciones, son de lo más jugoso. La interpretación de Ulloa (Cardenal Richelieu) es sobria, admirable en su “aparente” falta de expresividad, pero llena de resortes ocultos y mecanismos de un profesional de primera línea. Ulloa fue un emblemático actor de doblaje de la escuela catalana, fallecido a los 94 años, voz de  Robert Taylor en castellano. 

Llegó a ser uno de los más grandes declamadores de verso clásico, así como uno de los “Tenorios” más ancianos que hayan pisado la escena. En cuanto al televisivo Ramón Corroto, es recordado entre otras por sus colaboraciones en El Quinto Jinete, sus interpretaciones sobre las tablas (La Jaula de las Locas, El Lindo Don Diego, etc) o la excelente “Humillados y Ofendidos” en TVE. La Constance de Maite Blasco poseía una belleza tranquila y angelical, siendo un personaje sacrificado por el autor, a pesar de ser el más bondadoso, quizás para justificar la posterior ejecución; nada ortodoxa; de Milady de Winter.
La calidad de la fotografía en decorados es notable y tan sólo las escenas de exteriores acusan el paso del tiempo, con una fotografía ligeramente sobreexpuesta (quemada), sin olvidar las dificultades técnicas para llevar a cabo este proyecto.
Dumas había basado sus hazañas del caballero gascón D’Artagnan, en las memorias apócrifas de un aspirante a mosquetero, escritas por Gatien Courtils de Sandras en 1700. Dumas las obtuvo de la Biblioteca Real. Auxiliado por uno de sus “negros” llamado  Adrien Maquet uno de los ayudantes que redactaban gran parte de su producción, se publicó el serial en 1844. Una broma literaria asegura que Dumas poseía tal cantidad de escribidores “ayudantes” que muchas veces no sabía lo que habían escrito. A tal fin la siguiente anécdota protagonizada con su hijo:
Un día que se encontraron Alejandro Dumas padre y Alejandro Dumas hijo, el padre espetó a su retoño:
-¿Has leído mi última novela?
A lo que el hijo respondió:
-Yo, sí. ¿Y tú?
Bromas aparte, las andanzas del gascón ocupan un tocho de casi setecientas páginas y los cambios de la versión televisiva, ignoramos si obedecen a consignas de la “casa” o alteraciones producidas por los guionistas. Para comenzar se obvia el asedio de La Rochelle, es de suponer por motivos económicos y de infraestructura. El movimiento de masas militares debía resultar excesivamente gravoso para la producción. En la novela, la reina Ana de Austria está enamorada del Duque de Buckingham y se pasa el día intrigando. Pero eso no es todo. La virginal Constance de la serie de TVE, en la novela está casada ¿censura moral?, lo cual dificultaría los deseos de D´artagnan. Buckingham no es ningún modelo de estadista, ya que bebe los vientos por Ana (Mónica Randall), lo cual es comprensible, y no le importaría arruinar a su reino. Aramis es candidato a la vida religiosa, pero entre col y col, lechuga, entretiene sus ocios con el sexo femenino, para que le quiten lo bailado. Por si fuera poco, el mosquetero Porthos comete adulterio con la esposa de un procurador, a la que extorsiona pecuniariamente.

 Estas joyas se ven rematadas con el sufridor Athos, que mandó ahorcar a su mujer (Milady de Winter) tras descubrir la “infame” marca de la flor de lis en su hombro. A la larga Milady no es más que una superviviente. Una víctima, que no miente cuando dice en el  juicio a que es sometida por los protagonistas, que la marca no le fue hecha en un tribunal. Es el verdugo de Lille, quien la marcó por engañar y seducir a su hermano (sacerdote) para que robara, quien sin mediación judicial la señala con el signo de la infamia. Los cuatro amigos son pendencieros, golpean a los criados si surge el tema de la paga, son borrachos empedernidos, bravucones y  machistas. Para rematar la faena, liquidan a Milady, tras un simulacro de juicio, sin ninguna prerrogativa legal. En la serie también se obvia el modo en que Milady persuade a Felton, el vigilante encargado de su custodia, de que le ayude a escapar. Todo sucede demasiado rápidamente.  Los motivos religiosos, y la supuesta conversión de la protagonista que engaña al carcelero, no se tienen en cuenta.

Con todo; y para no hacer mas herida a los nostálgicos; en el recuerdo quedará la atrevida interpretación de Sancho Gracia que convence con un gascón de simpática bravuconería, muy acorde con su posterior estilo interpretativo. Sus referentes cinematográficos eran el acrobático Douglas Fairbaks y el anodino D´Artagnan de Gene Kelly. Sancho Gracia imprimió su sello con valentía, rodeado de la flor y nata (y de la flor de lis) de los actores de aquellas crónicas. En las retinas de los espectadores quedaran impregnadas escenas como la de D´artagnan descubriendo la marca en el hombro de Elisa Ramírez, el innoble envenenamiento de Constance (que conmocionó al sector masculino) o la agónica marcha de Milady, arrastrada por el verdugo hacia un destino que no deseábamos conocer. 


Efectos especiales, gimnásticos lances, diálogos punzantes, amores prohibidos y; sobre todo; un montaje dinámico que depositaba en el espectador, el anhelo del siguiente capítulo. Eran otros tiempos, cuando la televisión no ofertaba un catálogo de frikis desnortados como sobremesa, o personajes patéticos no nos amargaban el almuerzo con sus banalidades. Entonces, aunque sólo fuera de leer los títulos de crédito, el espectador era capaz de relacionar el nombre del autor con la obra. Los grandes hitos de la literatura entraban en los hogares, al igual que ahora entra la basura y la hediondez. Eran otros tiempos. Todos para uno y uno para todos. Así sea.



lunes, 18 de mayo de 2015

Insatisfechas. Thelma y Louise poligoneras.


Todavía no hace un año que Mirian Diaz-Aroca, visitaba estos pagos; vía Aristófanes; para regalarnos la recreación de un jocoso criado Jantias en las milenarias piedras del Teatro Romano de Mérida. Ella y Pepe Viyuela, aprovecharon para descubrirnos la actualidad de situaciones políticas y sociales, aunque escritas hace miles de años. En el texto de Las Ranas de Aristófanes, aparecen atisbos de una realidad intemporal, y un mensaje social que; desafortunadamente; puede trasladarse de una época a otra. Y este es el mensaje que estas dos chonis de manual, interpretadas por Mirian Diaz-Aroca y Belinda Washington, que comienzan un viaje hacia si mismas, como las heroínas de Thelma y Louise (pero en poligonero) nos han regaldao en las tablas del Teatro López de Ayala. El lenguaje dramático no es nada complaciente (para espanto de los bienpensantes), la jerga del chonismo se mixtura con referencias sexuales explícitas (para sobresalto de los políticamente correctos), cuando no con actitud picante, o ese volumen  elevado (y distorsionado) que alcanzan las “conversaciones” del extrarradio. 
Pero el sentido del humor, la parodia inteligente, la burla de si mismas, y el buen hacer de las dos actrices en la piel de estos resbaladizos personajes, consiguen que tanta chabacanería semántica (tanto Yonatan, y Vane), se conviertan en algo entrañable (y comprensible). por el mundo en que les ha tocado sobrevivir. Hay mucho bolso de plexiglás, mucho tinte de los “chinos” en el cabello, estampados de leopardo enemigos del buen gusto, apreturas cárnicas marca “chonilandia”, escotes reñidos con el erotismo gallardo, y ese desmesurado volumen vocal con que se enfrentan a la vida en los aquellos predios marginales donde sobreviven La Encarni (Diaz-Aroca) y La Mari (Washington). Repiten experiencia sobre las tablas las dos actrices, que ya representaran una comedia negra, escrita para ellas por los mismos autores (Juan Luis Iborra y Sonia Gómez), donde representaban a  dos viudas, con herencia por medio. Los continuos desencuentros a que las somete el viaje, les llevan a conocer a conocer a Ramón (Rubén Sanz), un gigoló en horas bajas, que trata de salir adelante y en el que ellas pretenden hallar su Ítaca particular (preferentemente en sus abdominales), para llevarnos a un vodevil de trasfondo triste, con puertas que se abren y cierran (y corazones), hasta un final de aceptación y maquillaje de la realidad. Si Encarni y Mari anhelaban sublimar sus frustraciones en el cuerpo serrano del gigoló, la realidad les devuelve un espejo nada complaciente. Insatisfechas, es una historia de perdedores cotidianos, de supervivientes de si mismos que tratan de ver una luz al final del túnel. 

Hay mucha amargura en estos diálogos aparentemente jocosos, mucha recámara y mucha bomba de espoleta retardada. Agazapado tras este “castellano” lumpen y barriobajero, se haya el fantasma de la actualidad social, que encuentra su reverso para las protagonistas en el desangelado “profesional”, obligado por las circunstancias a vender su cuerpo. Rubén Sanz tiene momentos notables, como el diálogo “a dos puertas” en el pasillo donde combina momentos de humor, ternura y dramatismo. Asier Sancho, en la escenografía, juega con un artefacto que puede convertirse en ventana marujil de toda la vida, descampado de un extrarradio, ambientado con sirenas policiales, o el cutre Motel Dulcinea. Todo esto con la iluminación efectiva de Juanjo Llorens, ganador del Premio Max, por “La Función por Hacer" en un engañosamente sencillo entorno vital. El elenco sabe extraer las miserias cotidianas a golpe de humor, y el respetable se ríe e interrumpe con aplausos esta forma de enfrentarse a  la vida, este juego de espejos en el cual todos nos vemos un poco reflejados, aunque nos lo entreguen disfrazado con el legging “leopardo” y la melena rojiza de La Encarni. Juan Luis Iborra ha realizado guiones para películas como 'El amor perjudica seriamente la salud', 'Boca a Boca' o 'Tiempos de Azúcar'. En el mundo de la pequeña pantalla 'Aquí no hay quien viva' y 'A tortas con la vida'. 
La coautora, Sonia Gómez, ha realizado varios guiones y trabajado en series y ficciones televisivas. Una comedia donde los interpretes se lucen en su vena cómica y en breves retazos de una ternura dramática, arrancando risas continuas a los espectadores. Para los tiempos que corren, echarse unas risas a costa de la que está cayendo, no es moco de pavo. Una catarsis necesaria. Enhorabuena.


lunes, 11 de mayo de 2015

Los Vengadores. La Era de Ultrón.

                                            








La expectación creada por su anterior entrega del universo Marvel, situaba a Joss Whedon contra las cuerda y lo convertía en el objetivo de los “geeks” de la franquicia, siempre dispuestos a degustar un buen producto o vapulear un film execrable, salvo que se trate de devoradores patológicos, carentes de  criterio. Consumidores fasfood de cualquier celuloide, con tipos en mallas repartiendo estopa. El  director se pliega a las exigencias de la franquicia en cuanto a espectacularidad y parafernalia heroica, pero sin detrimento de desarrollar a los personajes (de modo breve) o con toques de romanticismo. Apostando por el exceso (y disfrutando) con él, la saga de defensores brilla como espectáculo de ese género que denominamos “blockbuster”, donde Whedon se mueve como pez en el agua. No faltan los tics propios de la marca; las diatribas cínicas y corrosivas de Iron Man (excelente Robert Downey Jr.), el humor Asgardiano de Thor ( eficiente Chris Hemsworth), la felina elegancia de Natasha Romanoff (Scarlett Johansson), la sobriedad madura de Ojo de Halcón (Jeremmy Renner) o la presencia icónica de Samuel L. Jackson (Nick Furia). 
Son grandes actores, no necesitan demostrar nada en este galimatías de explosiones y robótica avanzada. Hay están Chaplin, Lost in Traslation, El Sueño de Ellis, Pulp Ficción, por reseñar algunas de las cintas donde brillan con luz propia, sin olvidar “Sexo, Mentiras y Cintas de Video” o la morbosa “Secretaria”, donde el villano de la historia James Spader (afortunadamente rescatado en la serie The Black List), derrocha talento. La versión doblada, roba al espectador las eficientes inflexiones vocales de Spader en la versión original, dejándonos un villano simbiótico bastante menos carismático. La construcción del Universo Marvel, algo imposible hace algunos años, nos regalaba casposos despropósitos como la peluca estropajosa de Hulk (Lou Ferrigno) o la vergonzante versión del Capitán América. Los progresos en el campo infográfico e informático, han permitido hacer real un cosmos con el que soñaban miles de lectores. Imposible realidad donde un grupo de tipos volaban, enfundados en sospechosas mallas y combatían contra invasiones galácticas. Bienvenido Mr. Croma podría titularse la saga. Pero también mantiene el espíritu “pulp”de aquellas publicaciones donde un tipo con vestimenta de “mad doctor”, puede habitar en el centro de la tierra, llamándose “El Topo” mientras pergeña imposibles planes para dominar el mundo, o una diminuta mujer pica como una avispa cabreada. 
Los Marvelianos ( o Marvelitas) están de enhorabuena. Sobre estos ultrahéroes planea la sombra de Sal Buscema, Roy Thomas y demas demiurgos (vía nostalgia) y el trazo poderoso de  Mark Millar y Bryan Hitch (vía Ultimates). Joss Whedon es un todoterreno de la (mal llamada) cultura popular. Escritor de sagas de los X-Men, artífice de televisión (Buffy Cazavampiros, Firefly) o el guión de Toy Story. También fué capaz de dinamitar los procedimientos del género en La Cabaña en el Bosque. Whedon ha dirigido una película coral, una epiléptica montaña rusa (con instantes para el intimismo) que se mueve ( y hace crecer) los parámetros del género. Los “connaisseurs” del universo marveliano, disfrutan con las apariciones de las nuevos incorporados al elenco. Sólo ellos saben que sucederá con La Bruja Escarlata  (hechizante Elisabeth Olsen) y su veloz hermano, por tener el referente del comic. Es uno de los guiños de la saga, la incorporación (y desaparición) progresiva de los personajes que conforman este vasto e imaginativo universo. 
El prólogo arranca con adrenalina pura. Un planosecuencia donde el mensaje dice “no os adoceneis pensando que vamos de menos a más. Esto es nitoglicerina desde el principio”. Y Whedon cumple lo que promete. Un chute en vena marveliana, un algoritmo inestable y sorpresivo trufado de los esperados punch-lines. Esa sorna vital de la franquicia, que alcanza hasta los seudofilosoficos discursos de Ultrón a la galeria. Guiños a la grada y complicidad corporativa con los “frikis”del mundo ultraheróico. Bienvenidos a la fiesta del exceso con fundamento, de las referencias destinadas al diletante más acérrimo, o del derroche técnico dirigido al espectador que pasaba por allí por casualidad. Nunca me cansaré de repetir que a las películas hay que juzgarlas por su género y objetivos. Esto no es Shakespeare versionado por Kenneth Branagh, no es un ejercicio de estilo visual a lo Resnais, no es un monólogo en contrapicado de Orson Welles. 
Pero en la simiente de este cine están todas las referencias que en la pantalla han sido, toda la operística, toda la dramaturgia. Y además entretiene, revienta taquillas que permiten a posteriori a la industria hacer otro tipo de cine. Las disputas entre Fox y Marvel hacen aparecer a los hermanos mutantes como unos experimentos médicos, que han desarrollado sus poderes, ya que Fox no permite “crossover” entre los personajes. También omite las referencias a que son hijos de Magneto (pérfido villano del universo X-Man). No todas las batallas se desarrollan en la pantalla. Algunos cambios desvirtuan el universo Marvel, aunque tan sólo molestarán a los más puristas. El Von Strucker; lider de Hydra; resulta patético en el ataque inicial a la fortaleza, cuando en la literatura dibujada es un sangriento, megalómano, y violento genocida que porta un brazo biónico que absorbe energía vital. También en  el cómic original Ultrón carecía del sentido del humor destroyer (heredado de Iron Man) que le atribuye la película. Quizás los ultraconservadores se sientan ofendidos por tantos cambios en guión (desaparece el instante en que Ultrón derrota los ejércitos de la tierra), no hay robots tomando capitales mundiales, no se clona a Thor a traves de un cabello, no se destierra a Hulk al espacio, etc.  La Era de Ultrón repite el esquema de lucha urbanita contra un ejército de robots (cierto regustillo a dejá vue), liderado por malo-malísimo, que ya les dió resultado, pero con pinceladas disneyanas (salvación de niño, etc). Los nuevos personajes parecen dar juego: La Visión está echa a la medida de Paul Bettany, así como  Scarlet Wich, luce magnífica en la piel (y el rostro) de Elisabeth Olsen. Precuela de Civil Wars e  Infinity Wars, esta Era de Ultrón, es una megapropuesta palomitera y con aparición (siempre esperada) de Stan Lee. Ultrón es pirotecnia visual, un apostolado del blockbuster en estado puro, una franquicia que promete secuelas y ramificaciones múltiples para entretener y hacer olvidar un rato, que los verdaderos Ultrones están ahí fuera, esperándonos. Solicitar otros menesteres de estas películas es absurdo. Nunca lo han pretendido.