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martes, 31 de enero de 2017

El Olivo. Teatro López de Ayala/ Filmoteca de Extremadura


   


La Academia del Cine Español, con la colaboración del Teatro López de Ayala y la Filmoteca de Extremadura, ofreció este evento único dentro del ciclo Gas Natural Fenosa de Cine Itinerante, con la proyección de una de las películas nominadas a la 31 edición de los Premios Goya, presentada por David Garrido Bazán, director de la Filmoteca y la presencia de la protagonista Anna Castillo, con posterior coloquio.   

"El Olivo" es una propuesta honesta, sencilla, sentimental (no sensiblera) que navega por el océano de las emociones humanas. Sin renunciar a la amargura de temas como la reciedumbre del mundo rural, los efectos catastróficos de la crisis o la desertización del planeta. Parábola en clave costumbrista y paisaje sereno
Con predominancia de cámara en mano, naturalismo en las interpretaciones, y ese punto de locura necesaria para llevar a cabo una empresa utópica, pero necesaria para el espíritu.


"El Olivo" es un cuento postmoderno, con un aura mágica y positiva que hace prevalecer las emociones sobre el espectáculo y lo interior sobre la pirotecnia visual. Parábola que elige el naturalismo frente a la afectación (no hay más que ver la presencia de Manuel Cucala, el yayo) y el inconformismo sobre lo acomodaticio. Icíar Bollaín consigue equilibrar los momentos dramáticos y cómicos sin transición, surgiendo directamente de la cercanía de personajes con fluidez y espontaneidad para enlazar las subtramas. El espíritu de Ken Loach gravita sobre esta cinta. No sólo por la intervención de su guionista-fetiche: Paul Laverty, sino por ese universo cercano, verosímil y punzante  que comparten. 


 La acerada crítica social que está presente en toda la filmografía de Bollaín, se vierte sobre la quijotesca empresa de Alma (excelente Anna Castillo), acompaña de dos escuderos de solvente interpretación, como el versátil Javier Gutiérrez (Alcachofa) y el lacónico Rafa (Pep Ambrós). Jugando con esos efectivos primeros planos de Alma, donde la actriz demuestra que no es necesario el histrionismo (poner caras) para destilar emociones, y con largas panorámicas mixturadas con acertados y nunca excesivos flashbacks.


 En la paleta cromática, uso natural de la luz de Sergi Gallardo (Los Niños Salvajes, Elisa K). En el soundtrack, una proporcionada partitura que sólo suena en los momentos precisos, dejando a la naturaleza el resto del pentagrama. El olivo, símbolo del territorio perdido de la infancia, quizás es solo excusa argumental. No importa demasiado que Alma pueda estar equivocada y la enfermedad del yayo no tenga nada que ver con el olivo, sino con la naturaleza de las cosas. La alegoría es tan importante en este microcosmos como la propia verdad. En esta fábula (entre rural y road-movie castiza), el mensaje está por encima de las excusas argumentales. Por encima del tópico, como ya es habitual en las películas de Icíar Bollaín. La lucha contra los gigantes (o molinos), el David derribando a Goliath, y la lucha por las propias raíces. Bollaín resuelve un guión agridulce, en el que no renuncia a continuar con su militancia, ya manifestada en obras anteriores: El matriarcado rural, la burbuja inmobiliaria  y la España Profunda en “Flores de Otro Mundo”, la violencia de género; pictóricamente reflejada; en “Te doy mis Ojos”, el impacto del Descubrimiento y el  legado colonial en “También la Lluvia". La arquitectura del film se sostiene sobre la capacidad actoral de Anna Castillo que se merienda la cámara (literalmente), la sobriedad (aparente) de Pep Ambrós en un registro que solicita mucho más de lo que aparenta,  el carisma y versatilidad de Javier Gutiérrez, capaz de trascender del drama a la comedia en segundos y el naturalismo de el yayo (Manuel Cucala). Un paseo por el territorio perdido de la infancia, por el regreso a las raíces. No es un cuento con final feliz. 
No es una fábula complaciente. Es una historia naif de perdedores. Es cine de autor, cine social, drama, ocasional comedia costumbrista, Cine español…de calidad.




Banda Sonora: 
Pascal Gaigne colabora por cuarta vez con la directora. El pentagrama está estrechamente relacionado con las situaciones vitales. Una sección más vital y dinámica, que nos refiere la parte de la road movie, los instantes intimistas y las emociones, tomado como referencia el olivo. El protagonismo instrumental se resuelve con variaciones donde juegan teclado, maderas y cuerda, incluso un acordeón. Con un cierto aroma minimalista. La BSO transmite emociones y la evolución de los personajes. Hay una división bipolar que se adapta a la historia. Juega con notas sostenidas que utiliza para emocionar y transmitir recuerdos, emociones vitales con notas pausadas. El epílogo es un elegante diálogo cuerda/piano lleno de esperanza. El tema 1 es un inicio cristalino, ligeramente edulcorado, melancólico pero decidido, que se convierte en leitmotiv.  No huye el score del sintetizador y la celesta para evocar la memoria y las raíces. Para exponer esta obra dual, que diferencia marcadamente (musicalmente) los personajes de el abuelo y Alma, o los lugares geográficos (España y Alemania) para desarrollar una obra de “aparente” sencillez compositiva. El músico ha nominado las piezas con los nombres de “Parte 1” hasta “Parte 5”. Estas secciones están claramente definidas y son un prodigio de ilustración de personajes y situaciones. Su anterior obra El Faro de las Orcas, ya fue reseñada en este blog. La solvencia de Gaigne está presentes en obras como la excelente “El Sol del Membrillo”, o  en la partitura minimalista y nostálgica de “Azul Oscuro, casi Negro”. Con ejecución de la Orquesta Sinfónica de Bratislava, comandada por la experta batuta de David Hernando Rico, con predominio de la cuerda y diálogos de pizzicatos. En el piano, un habitual, Javier Pérez de Azpeitía. El propio compositor utiliza la celesta y la mandolina. También hace su aparición el arpa y algún solo de clarinete y violoncelo, para una partitura estructurada en forma de “suites”.



Lo mejor: Que las empresas se involucren en proyectos culturales, A cambio se puede visionar un apreciable, esperpéntico y divertido cortometraje. Obviamente de cariz publicitario.
Que el público que no acudío a las salas, pueda visionar cine español de calidad.

Lo peor: Como siempre sucede en “todo de gratis”: la presencia de espectadores que jamás van al cine y no saben comportarse, o directamente no les gusta el cine.
La “extraña” situación de filas vacías con localidades bien situadas, mientras desde una esquina de la sala, ves la película en escorzo…



viernes, 20 de enero de 2017

ELLE. PAUL VERHOEVEN

                    

Dentro de la excelente selección cinéfila que oferta el XXI ciclo de cine en VOSE, se proyectó (con abundante público) la última y controvertida obra del holandés Paul Verhoeven, que regresa habitado de sus habituales polémicas. Con una retorcida carga de profundidad que; a tenor de las opiniones leídas; o no hemos visto la misma película; o no se han enterado de nada. A partir de aquí quienes no hayan visionado la última obra de Verhoeven, no deberían seguir leyendo. “Elle” llega con los torpedos agitadores de conciencias, habituales en el director, que despliega todos sus estilemas morales, toda su parafernalia destroyer y su poética ponzoñosa para adaptar la novela “Oh…” de Philippe Djian; el fenómeno “incotournable” de su generación. Verhoeven tiene una querencia particular por la provocación, por las psiques retorcidas, por atmósferas mórbidas. 
 

Además posee un corrosivo sentido del humor subversivo, para derrumbar las arquitecturas de lo políticamente correcto. En “Elle”, las sombras de Jung y de Freud son alargadas. Ya en la obra original no existía un propósito de moralizar, objetivo que toma el director con gusto del controvertido escritor cuyas obras nunca dejan indiferente, recolectando pasiones y animadversiones. Para Verhoeven este personaje amoral; de pasajes subterráneos y rincones oscuros en la mente; es un regalo para desplegar toda su artillería sediciosa. El escritor Philippe Djian ya fue adaptado al cine por el director Jean-Jacques Beineix, cuando su novela “37º2 le Matin”, se convirtió en la exitosa “Betty Blue”, con una extraordinaria partitura de Gabriel Yared. 


En 1986, de la mano de Yves Boisset llegó a la pantalla “Bleu Comme L´enfer”, otra negra adaptación de su universo. En “Betty Blue” ya encontrábamos el acercamiento una perturbación límite de la protagonista, que evoluciona hacia esquizofrenia catatónica. El personaje de Betty (cautivadora Beatrice Dalle) presenta síntomas de manual: agitación psicomotriz, tristeza, indiferencia, escaso control de los impulsos, que la convierten en un trastorno histriónico de la personalidad.
Para filmar “Elle”, Verhoeven se mimetiza con el estilo fílmico francés y utiliza París como decorado de la enfermiza trama. Cámara en mano se convierte en escriba del devenir enfermizo de los personajes. El lenguaje crudo, sin rodeos del escritor galo, es un reflejo de las vivencias de sus personajes, basados en datos reales. 

Philippe Djian utiliza un habla vulgar, cotidiana, coloquial. Hay reminiscencias de la novela norteamericana y el “hard boiled,” en su escritura, sus climas oníricos, anegados en océanos de alcohol, sus desiertos urbanos al modo de Wenders, (absorbiendo a James Cain y su negrura) envueltos en un clima de existencialismo desesperanzado y trufado de diversas referencias literarias o míticas. El uso de coloquialismos dificulta la traducción. También la obstaculizan el uso de contrasentidos o frases hechas, las paronimias (palabras similares fonéticamente), los “falsos amigos” y las expresiones idiomáticas.


 Estos escollos; junto a la utilización por parte del traductor de eufemismos castellanos para velar la dureza del vocablo galo original; constituyen el “corpus” para las traslaciones a nuestro idioma de la obra del escritor gabacho. El film no refleja léxicamente su estilo; que alcanza su límite de vulgaridad en “Por qué no un Porno?, con descripciones de literatura pulp o explotaition o narraciones sin capítulos (en el caso de “Oh…”). En ocasiones se precisa de un diccionario especializado en argot para comprender los textos. Por otro lado el personaje de Michèle (formidable Isabelle Huppert) es pintado con rasgos mucho más patológicos, que la reivindicativa propuesta de rechazo del status quo e independencia que escribiera para la protagonista original literaria.

 El guión nos adentra en tierra prohibida. Lo que en “Betty Blue” constituía una intensa carga erótica, en “Elle” es una dependencia patológica. El juego cromático de tonos azulados y rosáceos de la historia de “amor fou” que se utilizaba en aquella, se transforma en una paleta apagada y ocre en este desquiciado universo habitado por Isabelle Huppert. Y es que la hembra fatal de “Elle”, mantis religiosa y desestabilizadora, es la más intensa de las protagonistas de Philippe Djian.
“Blue Comme L´Enfer” se ha convertido con el tiempo en un título de culto, de atmósfera oscura. Una road movie perversa bajo un cielo azul. Básicamente la paleta filmográfica de Verhoeven maneja el tornasol del exceso, la deshumanización de personajes y la pincelada de la controversia moral. Incluso en productos aparentemente más comerciales como “Desafío Total” o “Robocop” el rosario de traiciones, inmoralidades y sevicias, es la denominación de origen.



En el “El Libro Negro” (por otra parte mi obra favorita del autor) gravita la posibilidad de que no todos sean lo que parecen. Una vez más la ambigüedad, la vuelta de tuerca que derrumba lo políticamente correcto, mixturada con todas las señas de identidad de su etapa holandesa y añadiendo el conocimiento adquirido sobre el espectáculo en EEUU, 




En “Los señores del Acero” el holandés se pasea de la mano de la ultraviolencia por una Edad Media oscura, bizarra, amoral y obscena, donde uno de los mercenarios ofrece a una dama un alimento que no se encuentra en los estantes de ninguna tienda. En este film, el personaje más miserable resulta ser la; aparentemente ingenua víctima; recreada “cum laude” por la actriz J. Jason Leigh. Algo impensable en producciones teñidas de romanticismo naif como “Ivanhoe”, “El Talismán” o “El Príncipe Valiente, pongo por caso. Con la destroyer “Showgirl”, el director da carpetazo al sueño americano con un esforzado ejercicio sobre la vulgaridad, la tosquedad y el inframundo del “lap dance” que supuso la debacle para Elizabeth Berkley (después recuperada en CSI Miami), y para todo el elenco que protagonizó esta versión explotaition de “Eva al Desnudo” en clave de erotismo kitsch, hoy convertida (misteriosamente) en obra de culto.
En “El Cuarto Hombre”, el neerlandés y su guionista alteraron algunos pasajes de la novela de de Gerard Reve. Deudora de la visión hitchcokiana del sexo, y llena de símbolos e imaginería inteligentemente dispuestos para despistar al espectador. Una narración en clave onírica y rocambolesca, con paleta de vivos colores y aires de pesadilla feérica, que constituye el culmen de las obsesiones lúbricas y místicas del autor. Tal vez su mejor aportación al cine.

 

Hupper nos regala la interpretación ambigua, majestuosa e incendiaria de una psicópata de manual. Escucharla en el idioma de Sade (pongo por caso), Sartre o el trasgresor Bataille, aparte de ser una delicia, no deja de tener cierta ironía. “Elle” es un catálogo antropológico, en clave pulp, de taras mentales y conductas asociales. Verhoeven realiza una maniqueísta división entre bobos y alienados. Un padre que parece no ser consciente de que su hijo es de raza negra (en la novela es hijo de un traficante que cumple condena), una esposa (Josie), interpretada con soltura por Alice Isaaz (Doce Veneno, Rosalie Blue), que padece trastorno límite de la personalidad. Una abuela recreada por Anne Consigny (La Escafandra y la Mariposa) que padece paradoxia, experimentando deseo por efebos a los que cuadruplica la edad. Un narcisista diseñador de videojuegos hentai. Michèle carece de empatía, actúa casi sin conciencia y con frialdad afectiva. Es una depredadora que le da a todos los palos de la baraja parafílica. Observa con prismáticos al vecino mientras se consuela, fantasea con ser golpeada y humillada (y lo lleva a la práctica), comparte el fetichismo de la máscara. Quizás sobra la excusa sicoanalítica de introducir un padre que es un serial killer, para justificar freudianamente las andanzas de Michèle. En este particular el guión hace aguas, ya que el psicópata no necesita ninguna excusa para su conducta. Aunque sirve de coartada argumental para explicar porqué no llama a la policía. Incluso su presunto arrepentimiento es tan turbio, que no parece otra cosa que una forma de continuar el juego y forzar a Patrick (Lauren Lafitte) a continuar con la violencia. Verhoeven juguetea con quienes buscan una coartada intelectual de “qualité” y deja clavado al cultureta de salón con la escena final donde el personaje (desaprovechada Virginia Efira) de la esposa que solicita ver la misa del gallo en Navidad y levanta risas entre un sector del público (todavía no entiendo el motivo), le suelta una frase a Michèle que desmonta todo el andamiaje de este “grand guignol”. Una bomba atómica que explota en la cara del espectador, manipulado como un títere. 


El único personaje con empatía y capacidad de afecto es el que un sector ideológico desearía ver vapuleado y cierra este círculo de insanía con una frase soberbia, majestuosa, icónica que da un poco de sentido a ese mundo soterrado, enfermizo de diván de sicoanalista en que habitan. ¿Humor negro?. Las películas de la Ealing , “Arsénico por Compasión”, “Fargo” o “Sweeney Todd” son humor negro en estado puro. Que entre en coma tu madre el día de Navidad tiene la misma gracia que una subida de tensión. ¿Crítica a la familia tradicional? Lo difícil es encontrar en el guión algo semejante a una familia para criticar. ¿Azote subversivo de la moral tradicional? Si para revindicar un cambio de moral burguesa es necesario toquetearse espiando al vecino y dejarse violar repetidamente, prefiero quedarme con Buñuel y Polansky. ¿Canto a la libertad de la mujer? Michèle, anclada en su patología es el paradigma de la esclavitud ante los abismos de la mente. Quizás toda la explicación moral se encuentre anclada en los ojos de ese lindo gatito voyeur, que contempla frío, impasible, sin empatía, como violan a su dueña.

 

Banda Sonora:
Anne Dudley ya había colaborado con Verhoeven en “El Libro Negro”. El Soundtrack ademas utiliza obras como Piano Concerto No. 2, II. Adagio Sostenuto by Sergei Rachmaninoff, Symphony No. 6 'Pastorale' - 1st Movement by Berliner Philharmoniker.Jugando con un tema principal cálido con elementos de thriller e incluso psicológicos para mostrar paulatinamente la mente de la protagonista capaz de sonar romántica, thrilleriana, plena de aflicción o morbosa según se precise. Excelente complemento expresivo para los recovecos de la mente de Michèle, ajustando la partitura en cada momento al servicio del desarrollo. La música dibuja el personaje y se adapta como un guante a las exigencias del director. No en vano su anterior trabajo devino en resultados excelentes. Hay un uso nostálgico (e inquietante) de cuerda y teclado. Temas deudores del thriller más clásico como “Little Psycho”, absolutamente turbadores y atmosféricos como las notas al piano de “A Tortured Soul”, los acordes de melodrama clásico de “A Different Ending”, o los inquietantes efectos sonoros de “A Prowler”. Destacar el título principal, absorbente, misterioso que avanza redondeando la melodía y columpiando las notas, en un emocionante ritornello. Anne juega con la contextualización, evocando musicalmente la profundidad abisal del personaje y sus diversas vivencias


 

Lo mejor: Tener la conciencia de estar ante una inmensa película con una interpretación de una fascinación enfermiza, incómoda, nihilista, poliédrica y morbosa. De las que hacen época.

Lo peor: Que tratándose de un mundo personal e intransferible de obsesiones y estilemas del autor, el kultureta tenga que buscar una coartada intelectual para justificar su adoctrinamiento. O que los árboles le impidan ver el bosque.
Que se desaproveche una actriz como Virginie Efira. Si desean visionar otras películas de esta actriz recuerden “Pastel de Pera con Lavanda”, donde la relación sentimental con un autista permite una interpretación plena de registros.






Elle. XXI ciclo de cine en VOSE en Cinesa


Dentro de la excelente selección cinéfila que oferta el XXI ciclo de cine en VOSE, se proyecto (con abundante público) la última y controvertida obra del holandés Paul Verhoeven, que regresa habitado de sus habituales polémicas. Con una retorcida carga de profundidad que; a tenor de las opiniones leídas; o no hemos visto la misma película; o no se han enterado de nada. A partir de aquí quienes no hayan visionado la última obra de Verhoeven, no deberían seguir leyendo. “Elle” llega con los torpedos agitadores de conciencias, habituales en el director, que despliega todos sus estilemas morales, toda su parafernalia destroyer y su poética ponzoñosa para adaptar la novela “Oh…” de Philippe Djian; el fenómeno “incotournable” de su generación. Verhoeven tiene una querencia particular por la provocación, por las psiques retorcidas, por atmósferas mórbidas. 


Además posee un corrosivo sentido del humor subversivo, para derrumbar las arquitecturas de lo políticamente correcto. En “Elle”, las sombras de Jung y de Freud son alargadas. Ya en la obra original no existía un propósito de moralizar, objetivo que toma el director con gusto del controvertido escritor cuyas obras nunca dejan indiferente, recolectando pasiones y animadversiones. Para Verhoeven este personaje amoral; de pasajes subterráneos y rincones oscuros en la mente; es un regalo para desplegar toda su artillería sediciosa. El escritor Philippe Djian ya fue adaptado al cine por el director Jean-Jacques Beineix, cuando su novela “37º2 le Matin”, se convirtió en la exitosa “Betty Blue”, con una extraordinaria partitura de Gabriel Yared. 

En 1986, de la mano de Yves Boisset llegó a la pantalla “Bleu Comme L´enfer”, otra negra adaptación de su universo. En “Betty Blue” ya encontrábamos el acercamiento una perturbación límite de la protagonista, que evoluciona hacia esquizofrenia catatónica. El personaje de Betty (cautivadora Beatrice Dalle) presenta síntomas de manual: agitación psicomotriz, tristeza, indiferencia, escaso control de los impulsos, que la convierten en un trastorno histriónico de la personalidad.
Para filmar “Elle”, Verhoeven se mimetiza con el estilo fílmico francés y utiliza París como decorado de la enfermiza trama. Cámara en mano se convierte en escriba del devenir enfermizo de los personajes. El lenguaje crudo, sin rodeos del escritor galo, es un reflejo de las vivencias de sus personajes, basados en datos reales. 

Philippe Djian utiliza un habla vulgar, cotidiana, coloquial. Hay reminiscencias de la novela norteamericana y el “hard boiled,” en su escritura, sus climas oníricos, anegados en océanos de alcohol, sus desiertos urbanos al modo de Wenders, (absorbiendo a James Cain y su negrura) envueltos en un clima de existencialismo desesperanzado y trufado de diversas referencias literarias o míticas. El uso de coloquialismos dificulta la traducción. También la obstaculizan el uso de contrasentidos o frases hechas, las paronimias (palabras similares fonéticamente), los “falsos amigos” y las expresiones idiomáticas. Estos escollos; junto a la utilización por parte del traductor de eufemismos castellanos para velar la dureza del vocablo galo original; constituyen el “corpus” para las traslaciones a nuestro idioma de la obra del escritor gabacho. El film no refleja léxicamente su estilo; que alcanza su límite de vulgaridad en “Por qué no un Porno?, con descripciones de literatura pulp o explotaition o narraciones sin capítulos (en el caso de “Oh…”). En ocasiones se precisa de un diccionario especializado en argot para comprender los textos. Por otro lado el personaje de Michèle (formidable Isabelle Huppert) es pintado con rasgos mucho más patológicos, que la reivindicativa propuesta de rechazo del status quo e independencia que escribiera para la protagonista original literaria.

 El guión nos adentra en tierra prohibida. Lo que en “Betty Blue” constituía una intensa carga erótica, en “Elle” es una dependencia patológica. El juego cromático de tonos azulados y rosáceos de la historia de “amor fou” que se utilizaba en aquella, se transforma en una paleta apagada y ocre en este desquiciado universo habitado por Isabelle Huppert. Y es que la hembra fatal de “Elle”, mantis religiosa y desestabilizadora, es la más intensa de las protagonistas de Philippe Djian.
“Blue Comme L´Enfer” se ha convertido con el tiempo en un título de culto, de atmósfera oscura. Una road movie perversa bajo un cielo azul. Básicamente la paleta filmográfica de Verhoeven maneja el tornasol del exceso, la deshumanización de personajes y la pincelada de la controversia moral. Incluso en productos aparentemente más comerciales como “Desafío Total” o “Robocop” el rosario de traiciones, inmoralidades y sevicias, es la denominación de origen.

 En el “El Libro Negro” (por otra parte mi obra favorita del autor) gravita la posibilidad de que no todos sean lo que parecen. Una vez más la ambigüedad, la vuelta de tuerca que derrumba lo políticamente correcto, mixturada con todas las señas de identidad de su etapa holandesa y añadiendo el conocimiento adquirido sobre el espectáculo en EEUU, En “Los señores del Acero” el holandés se pasea de la mano de la ultraviolencia por una Edad Media oscura, bizarra, amoral y obscena, donde uno de los mercenarios ofrece a una dama un alimento que no se encuentra en los estantes de ninguna tienda. En este film, el personaje mas miserable resulta ser la; aparentemente ingenua víctima; recreada “cum laude” por la actriz J. Jason Leigh. Algo impensable en producciones teñidas de romanticismo naif como “Ivanhoe”, “El Talismán” o “El Príncipe Valiente, pongo por caso. Con la destroyer “Showgirl”, el director da carpetazo al sueño americano con un esforzado ejercicio sobre la vulgaridad, la tosquedad y el inframundo del “lap dance” que supuso la debacle para Elizabeth Berkley (después recuperada en CSI Miami), y para todo el elenco que protagonizó esta versión explotaition de “Eva al Desnudo” en clave de erotismo kitsch, hoy convertida (misteriosamente) en obra de culto.
En “El Cuarto Hombre”, el neerlandés y su guionista alteraron algunos pasajes de la novela de de Gerard Reve. Deudora de la visión hitchcokiana del sexo, y llena de símbolos e imagineria inteligentemente dispuestos para despistar al espectador. Una narración en clave onírica y rocambolesca, con paleta de vivos colores y aires de pesadilla feérica, que constituye el culmen de las obsesiones lúbricas y místicas del autor. Tal vez su mejor aportación al cine.


Hupper nos regala la interpretación ambigua, majestuosa e incendiaria de una psicopata de manual. Escucharla en el idioma de Sade (pongo por caso), Sartre o el trasgresor Bataille, aparte de ser una delicia, no deja de tener cierta ironía. “Elle” es un catálogo antropológico, en clave pulp, de taras mentales y conductas asociales. Verhoeven realiza una maniqueísta división entre bobos y alienados. Un padre que parece no ser consciente de que su hijo es de raza negra (en la novela es hijo de un traficante que cumple condena), una esposa (Josie), interpretada con soltura por Alice Isaaz (Doce Veneno, Rosalie Blue), que padece trastorno límite de la personalidad. Una abuela recreada por Anne Consigny (La Escafandra y la Mariposa) que padece paradoxia, experimentando deseo por efebos a los que cuadruplica la edad. Un narcisista diseñador de videojuegos hentai. Michèle carece de empatía, actúa casi sin conciencia y con frialdad afectiva. Es una depredadora que le da a todos los palos de la baraja parafílica. Observa con prismáticos al vecino mientras se consuela, fantasea con ser golpeada y humillada (y lo lleva a la práctica), comparte el fetichismo de la máscara. Quizás sobra la excusa sicoanalítica de introducir un padre que es un serial killer, para justificar freudianamente las andanzas de Michèle. En este particular el guión hace aguas, ya que el psicópata no necesita ninguna excusa para su conducta. Aunque sirve de coartada argumental para explicar porqué no llama a la policía. Incluso su presunto arrepentimiento es tan turbio, que no parece otra cosa que una forma de continuar el juego y forzar a Patrick (Lauren Lafitte) a continuar con la violencia. Verhoeven juguetea con quienes buscan una coartada intelectual de “qualité” y deja clavado al cultureta de salón con la escena final donde el personaje (desaprovechada Virginia Efira) de la esposa que solicita ver la misa del gallo en Navidad y levanta risas entre un sector del público (todavía no entiendo el motivo), le suelta una frase a Michèle que desmonta todo el andamiaje de este “grand guignol”. Una bomba atómica que explota en la cara del espectador, manipulado como un títere. 


El único personaje con empatía y capacidad de afecto es el que un sector ideológico desearía ver vapuleado y cierra este círculo de insanía con una frase soberbia, majestuosa, icónica que da un poco de sentido a ese mundo soterrado, enfermizo de diván de sicoanalista en que habitan. ¿Humor negro?. Las películas de la Ealing , “Arsénico por Compasión”, “Fargo” o “Sweeney Todd” son humor negro en estado puro. Que entre en coma tu madre el día de Navidad tiene la misma gracia que una subida de tensión. ¿Crítica a la familia tradicional? Lo difícil es encontrar en el guión algo semejante a una familia para criticar. ¿Azote subversivo de la moral tradicional? Si para revindicar un cambio de moral burguesa es necesario toquetearse espiando al vecino y dejarse violar repetidamente, prefiero quedarme con Buñuel y Polansky. ¿Canto a la libertad de la mujer? Michèle, anclada en su patología es el paradigma de la esclavitud ante los abismos de la mente. Quizás toda la explicación moral se encuentre anclada en los ojos de ese lindo gatito voyeur, que contempla frío, impasible, sin empatía, como violan a su dueña.



Banda Sonora:
Anne Dudley ya había colaborado con Verhoeven en “El Libro Negro”. El Soundtrack ademas utiliza obras como Piano Concerto No. 2, II. Adagio Sostenuto by Sergei Rachmaninoff, Symphony No. 6 'Pastorale' - 1st Movement by Berliner Philharmoniker. Jugando con un tema principal cálido con elementos de thriller e incluso psicológicos para mostrar paulatinamente la mente de la protagonista capaz de sonar romántica, thrilleriana, plena de aflicción o morbosa según se precise. Excelente complemento expresivo para los recovecos de la mente de Michèle, ajustando la partitura en cada momento al servicio del desarrollo. La música dibuja el personaje y se adapta como un guante a las exigencias del director. No en vano su anterior trabajo devino en resultados excelentes. Hay un uso nostálgico (e inquietante) de cuerda y teclado. Temas deudores del thriller más clásico como “Little Psycho”, absolutamente turbadores y atmosféricos como las notas al piano de “A Tortured Soul”, los acordes de melodrama clásico de “A Different Ending”, o los inquietantes efectos sonoros de “A Prowler”. Destacar el título principal, absorbente, misterioso que avanza redondeando la melodía y columpiando las notas, en un emocionante ritornello. Anne juega con la contextualización, evocando musicalmente la profundidad abisal del personaje y sus diversas vivencias




Lo mejor: Tener la conciencia de estar ante una inmensa película con una interpretación de una fascinación enfermiza, incómoda, nihilista, poliédrica y morbosa. De las que hacen época.

Lo peor: Que tratándose de un mundo personal e intransferible de obsesiones y estilemas del autor, el kultureta tenga que buscar una coartada intelectual para justificar su adoctrinamiento. O que los árboles le impidan ver el bosque.
Que se desaproveche una actriz como Virginie Efira. Si desean visionar otras películas de esta actriz recuerden “Pastel de Pera con Lavanda”, donde la relación sentimental con un autista permite una interpretación plena de registros.











lunes, 16 de enero de 2017

Contratiempo. Efectivo thriller atmosférico

La consabida coletilla de “el público no acude a ver películas españolas” siempre va acompañada de la misma y lapidaria respuesta: Hagan buenas películas. Si el producto ofrecido reúne unos parámetros de calidad, la comunicación boca-oreja (como sucede con esta película) está garantizada. Una sala casi llena junto a estrenos como “La-la Land” o “Comanchería” es síntoma de buena salud. Oriol Paulo no sorprenderá a quienes ya han visionado otro estimable thriller; nominado Goya a la mejor dirección novel; que fue “El Cuerpo”, tambíen en cave claustrofóbica. A partir de aquí, no es demasiado pronto para establecer algunos estilemas del autor: Querencia por el rompecabezas, inclusión de actores señeros junto a jóvenes valores, el flashback y la fragmentación como estética, bandas sonoras atmosféricas, utilización del entorno como un personaje más. “Contratiempo” juega con los resortes del género, incluso utilizando un hitchcokiano Mcguffing (la habitación cerrada por dentro), con claras referencias a “Los Crímenes de la Rue Morgue” de Poe, para jugar con el espectador en un mecanismo de muñecas rusas donde nada es lo que parece. 



El film precisa; como todo thriller que se precie; de la complicidad del espectador para sortear algún pequeño fleco argumental, Homenaje a “Muerte de un Ciclista”, puzzle contrarreloj, deudor de Brian de Palma y ejercicio de interpretación por parte de un enorme Coronado (que repite con el director), la soberbia dualidad de Ana Wagener y la certeza interpretativa de Bárbara Lennie. Mario Casas, mucho más curtido como actor, continúa acusando carencias en el terreno de la dicción. 

Un lastre común a todos los actores procedentes de series “juveniles”, que solo el tiempo y la experiencia llevan a buen puerto. La interpretación es inflexión en la voz, ritmo, declamación correcta, matices. Algo que el resto del elenco posee con creces, y en un film de este género contribuye a la credibilidad del personaje. Un personaje maquiavélico, carente de empatía que requería diversas tonalidades y un aplastante carisma. Oriol arriesga en un juego pirotécnico que sin duda dividirá crítica y público. Referencias a Kubrick (Hotel Overlook), fotografía cuidada de paleta ocres y paisajes nevados, para una montaña rusa donde los detractores serán tantos como los defensores. Banda sonora de factura clásica, efectiva, atmosférica, cromáticamente descriptiva, y mixturada con el entorno fílmico, que llega de la mano de Fernando Velázquez (El Mal Ajeno, Los Ojos de Julia) con la participación de la cantante Zahara en el impactante tema “Nadie va a venir a buscarte”.



viernes, 13 de enero de 2017

Más allá de las Montañas. Meditación sobre el tiempo

  

Una misma canción. Tres tiempos distintos. Tres personajes que rememoran el “Bande á Part” de Godard. No es extraña al cine de Jia Zhangke; uno de los más reputados de la “sexta generación”; au enorme capacidad de transmitir emoción. En este caso la misma melodía que abarca la vida y relaciones de tres personas, sirve como prologo y coda final para el recorrido vital de tres almas que forman un triangulo. Jia manipula el espacio y las sensaciones con sus habituales fueras de campo, su estiramiento del tempo y su transmisión de turbación; más con la propia puesta en escena; que con los diálogos o acciones directas de los personajes.

 El director es un notable cronista de la vida cotidiana de China, de los efectos que tienen en sus habitantes los cambios, culturales, el crecimiento, el éxodo que ya retratara en obras anteriores como “Naturaleza Muerta” o “The World”. La critica a la economía comunista en “Historias de Shangai” (2010), le han convertido en el escriba transmisor de una época convulsa y llena de mutaciones, globalización y olvido de las raíces. Como lo fuera otrora el Fassbinder cronista de la Alemania moderna. Para este melodrama de raíces clásicas sobre la desubicación, el director emplea su capacidad de trasmitir grandes etapas de tiempo con historias mínimas, de envolvernos en las pequeñas historias sentimentales, de narrar ese fluir de distintas épocas en un modo (aparentemente) sencillo han convertido en Jia en el mascaron de proa del nuevo cine asiático. El director apuntala sobre la interpretación su edificio narrativo: el prodigioso cambio de registro de Zhao Tao, la sobriedad de Sylvia Chang. El guión desarrolla tres etapas históricas. 

Tres actos dramático que transcurren entre la clásica escenografía “jiaziana”: minas, areniscas, páramos, extrarradios, etc. Pero lo refuerza con distintos formatos de pantalla ((4:3; 1:85 y 2:35) para diferenciar los procesos interiores y mundanos de este “qingyi”, nombre chino para definir al género de amor y relaciones. Sin olvidar la utilización de la paleta cromática para diferenciar las épocas. Colores más vivos en la etapa inicial, llena de esperanza e ingenuidad. Tonos más opacos y diluidos en los otros actos, incluyendo los créditos en el inicio del segundo acto con fundido a negro. 

El uso de planos largos y tempo de adagio, condicionan el paso de las Estaciones. Esta película-río es un canto a la vida y sus consecuencias, al devenir de las cosas. Al irrefrenable proceso de cambio a que todos somos sometidos. La terrible permutación de la dictadura del comunismo por la del capitalismo, la tecnología y el avance industrial. Sus consecuencias en las generaciones posteriores, pérdidas y desnortadas., la desmembración de la familia tradicional. Narrada con contención oriental (incluso en los diálogos) y sutileza, a pesar de lo tormentoso de la relaciones. Desfilan por la pantalla, el olvido de la clase obrera, el furor del capitalismo, el abandono de las viejas costumbres. Excelente banda sonora, compuesta por el japonés Yosihiro Hanno, que tiene una larga trayectoria en la música electrónica. Ha publicado varios discos. En el año 2011, dirigió la película “Ugly”. 

La BSO es melancólica e intensa. El “Go West” deviene celebración de la vida y la alegría en el prólogo y de ¿la búsqueda del tiempo perdido? en el epílogo. ¿Quién sabe? Y es que en esto consiste el cine de Jia en sacar al espectador fuera de campo, mientras en un páramo desolador del extrarradio, Tao Zhao (esposa y musa del director) enlaza pasado y futuro en una leve y melancólica coreografía, bailando ese extraordinario “Go West” de Pet Shop Boys. (tal vez metáfora de la diáspora china) Quizás el río de la vida tan sólo sea eso: recordar cuando hacíamos “la conga” sin prejuicios, sin miedo al futuro al ritmo electrónico de los Pet Shop Boys,,,


jueves, 12 de enero de 2017

El Faro de las Orcas




Hay dos cosas que el espectador agradece de antemano en cualquier propuesta fílmica: la honestidad y la presunción de inteligencia. La última oferta fílmica de Gerardo Olivares, posee las dos características. Es una película honesta y; sobre todo; se adentra en los peligrosos escollos del cine “basado en hechos reales”, sin abismarse en los territorios del telefilm de sobremesa o en el desaforado drama con querencia de clínex. La mirada de documentalista del director se acerca a una vivencia humana intensa e introvertida, sin perder la capacidad de filmar la naturaleza de forma modélica y sin maniqueísmos (las orcas devorando los lobitos marinos), recreando en imágenes el libro “Agustín, corazón abierto” de Roberto Bubas. 

El director cordobés aborda un tema espinoso, por el peligro latente de derivar hacía el melodrama desaforado, hacia el didactismo más académico o el panfleto de autoayuda. Pero Olivares sabe equilibrar las secciones y al mismo tiempo mostrar un; casi antropológico; viaje iniciático por los usos y vivencias de un apartado lugar de Patagonia. En este sentido es modélica la secuencia donde la partitura del “Oblivión” de Astor Piazzolla, es desgranada por el cantante, en una fiesta mágica y aldeana. Aquí el director maneja con maestría los diversos mundos que se mixturan en ese instante prodigioso. Los dos enamorados; enfermos de soledad; la más intensa soledad del niño autista y el aislamiento que; para nosotros, habitantes del mundo tecnológico; deben sentir los lugareños, quienes no parecen medir el mundo con nuestros mismos enfermizos parámetros. 

Las enormes interpretaciones de Maribel Verdú y Joaquín Furriel, contenidas, densas, lacónicas, junto al descubrimiento actoral del niño; Joaquín Rapalini; consiguen hacer fluir esta amalgama de sentimientos soterrados. Las soledades encontradas y silencios rotos, son lo mejor de la función. Sin olvidar esos paisajes turbadores, de una poesía terrible y atávica, fotografiados en paleta de tonos pastel por Oscar Durán. Los actores hacen del gesto su arma más efectiva Los silencios del guardafauna, la levedad de los gestos, el abanico sensorial de las miradas. 

Debajo de esta aparente sutileza hay mucha más pasión e intensidad que la que podría haberse mostrado en otras manos menos apropiadas. Aunque algunas críticas acusan el romance como lugar común o pleno de chiclés. ¿Es que acaso los enamorados no se sientan a ver las estrellas? Siempre he pensado que tras estos comentarios hay posicionamientos escasamente cinematográficos y claramente ideológicos. Es lícito que a algún público le guste ese tipo de películas donde arrancan una pierna de un disparo mientras el protagonista suelta una frase lapidaria: “Lo merecía”. Allá cada uno con sus deleites, pero para esos menesteres pueden acudir a la sala de al lado. De hecho las hordas del Imperio Galáctico asaltaban las estancias adyacentes, para dejarnos disfrutar a los espectadores de esta sobria y hermosa película. Es difícil saber mantener el equilibrio cuando se aborda un tema como el autismo. Mucho más aún cuando el peligro del melodrama tumultuoso (niño que se comunica con las orcas, pasado tempestuoso del guardafaros, soledad de la madre sacrificada) planea sobre el guión. 

El director apuntala su obra en la sobriedad, en la contención. En una leve caricia que transmite más intensidad y más mundo interior que cualquier coreografía erótica al uso. Terrible belleza la de estas playas infinitas de Fuerteventura y Patagonia. Gerardo Olivares ya trató a la naturaleza con respeto en “Entre Lobos”. Allí ya se encontraba esa devoción por el entorno, por recrearse en la fauna y la flora de la sierra andaluza, aderezada de un sabor a wenstern. En “Hermanos del Viento” ya se encontraba el personaje de guardabosques (Jean Reno) como guía de un camino iniciático. La naturaleza es una protagonista más. No se trata de un espacio “new age”, ni un rincón para el misticismo de postal. Es tan cruel y desoladora como la tormenta interior de Lola (excelente Maribel Verdú), el universo paralelo del niño o el aislamiento voluntario de Beto (Joaquin Furriel). Excelente banda sonora de Pascal Gaigne (El Olivo, Lasa y Zabala). Cuidada hasta los mínimos detalles, llega a hacer coincidir el ritmo de los fotogramas con el tempo musical, e interpretada por la orquesta filarmónica de Bratislava. Un hermoso, impresionista y reposado “leitmotiv”, titulado “El Faro de las Orcas” y que en algún momento recuerda acordes del “Watermark” de Enya. Una película hermosa y honesta que no se deja atrapar por la sensiblería, ni por el dogmatismo.